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Promotora e Incubadora de Organizaciones Solidarias

¿Quién define el éxito en una cooperativa?

Economía-Finanzas

¿Quién define el éxito en una cooperativa?

En el mundo empresarial tradicional, el éxito se mide con cifras claras: ganancias, crecimiento, rentabilidad, retorno de inversión. Las métricas están bien establecidas y son aceptadas casi sin discusión. Sin embargo, cuando hablamos de cooperativas, esa definición no solo se vuelve insuficiente: puede llegar a ser engañosa.

Las cooperativas no son empresas como cualquier otra. Son empresas sociales, con una doble naturaleza: económica y solidaria. Generan bienes y servicios, pero también construyen comunidad, fortalecen la democracia y transforman vidas. Por eso, en una cooperativa, preguntarse quién define el éxito no es una pregunta secundaria: es una cuestión esencial.

Éxito según los números: una mirada limitada

En muchos espacios cooperativos, se ha adoptado de forma acrítica el lenguaje de la empresa tradicional. Se habla de éxito en términos de:

  • Crecimiento en activos.
  • Rentabilidad financiera.
  • Número de sucursales.
  • Expansión territorial.
  • Volumen de operaciones.

Y si bien estos indicadores son importantes para la sostenibilidad, no pueden ser los únicos ni los principales. Una cooperativa puede crecer en números y al mismo tiempo alejarse de su identidad, de su base social, de sus principios.

Es cierto que las cooperativas necesitan estabilidad económica, liquidez y solvencia para operar y cumplir sus fines. Pero cuando esos fines se subordinan a las métricas, cuando el éxito se reduce al balance financiero, corremos el riesgo de vaciar de contenido al cooperativismo.

El riesgo de parecerse demasiado a una empresa convencional

Cuando el éxito se mide solo con criterios financieros, muchas cooperativas terminan pareciéndose demasiado a las empresas capitalistas que supuestamente vinieron a transformar. Se vuelve más importante el balance que la participación, más relevante la rentabilidad que la equidad, más central la eficiencia que el empoderamiento.

Esto se traduce en:

  • Socios convertidos en clientes.
  • Directivos que se eternizan y toman decisiones cupulares, sin consultar a la base.
  • Gerencias que priorizan indicadores antes que el impacto social o comunitario.
  • Asambleas sin debate, donde todo ya está definido de antemano.
  • Empleados sin formación cooperativa, que repiten rutinas sin comprender el propósito profundo de su organización.

Y al final, éxito sin alma. O peor: éxito aparente que erosiona lentamente el sentido profundo del cooperativismo.

Éxito desde la identidad cooperativa

Una cooperativa que se respeta a sí misma debería preguntarse periódicamente:

  • ¿Estamos cumpliendo nuestro objeto social?
  • ¿Cómo impactamos en la vida concreta de nuestros socios y su entorno?
  • ¿Estamos construyendo poder colectivo o solo gestionando servicios?
  • ¿Cuánta participación real hay en nuestras decisiones?
  • ¿Quiénes se benefician del crecimiento institucional? ¿Toda la base social o solo una cúpula?
  • ¿Estamos fortaleciendo o debilitando la identidad cooperativa?

Responder a esas preguntas es redefinir el éxito. Porque una cooperativa exitosa no es solo la que crece, sino la que transforma. No solo la que compite, sino la que coopera. No solo la que genera resultados, sino la que genera conciencia.

Algunos ejemplos para reflexionar

  • Una cooperativa financiera que otorga millones en crédito, pero excluye a los pequeños productores o a los sectores informales. ¿Es eso éxito? ¿O es repetir la lógica excluyente de la banca tradicional?
  • Una cooperativa de salud con instalaciones modernas y costosos equipos, pero sin espacios de participación de los usuarios, sin formación en prevención o sin atención humana. ¿Es eso éxito?
  • Una cooperativa de vivienda que entrega casas rápidamente, pero sin procesos de integración barrial, sin acompañamiento para la convivencia, sin acceso a servicios básicos. ¿Es eso éxito?
  • Una cooperativa agropecuaria que exporta grandes volúmenes, pero invisibiliza a las mujeres productoras, no invierte en prácticas sustentables y concentra el poder en pocos liderazgos. ¿Es eso éxito?

Si en todas estas experiencias se prioriza lo financiero sobre lo humano, lo inmediato sobre lo sustentable, el éxito puede ser una trampa. Una trampa disfrazada de eficiencia que esconde la pérdida de sentido.

El rol de cada actor en la definición del éxito

Los socios deben recuperar su rol de dueños. No pueden conformarse con ser beneficiarios pasivos ni consumidores de servicios. Tienen el derecho y el deber de exigir una gestión alineada con la misión cooperativa. El éxito debe medirse también por cómo mejora su vida, su entorno, su participación.

Los directivos tienen la responsabilidad política de conducir la cooperativa de acuerdo con sus principios. Eso implica resistir la presión de medir todo con parámetros empresariales clásicos, e impulsar procesos de rendición de cuentas, participación real y renovación de liderazgos.

Los gerentes deben comprender que su rol es estratégico, pero que no son “dueños” de la cooperativa. Deben gestionar con eficiencia, sí, pero con ética cooperativa. El éxito operativo debe ser un medio para alcanzar fines sociales, no al revés.

Los empleados y colaboradores también deben ser parte de esta reflexión. Necesitan formación en identidad cooperativa y espacios para comprender cómo su trabajo impacta en la misión institucional. No son técnicos neutros: son actores clave del modelo.

Nuevas formas de medir el éxito

Para avanzar hacia una visión cooperativa del éxito, necesitamos también nuevos instrumentos, indicadores y formas de evaluación. Algunos ejemplos concretos podrían ser:

  • Niveles de participación efectiva: No solo cuántas personas asisten a la asamblea, sino cuántas proponen, debaten, inciden.
  • Percepción de pertenencia: ¿Los socios se sienten escuchados? ¿Se identifican con su cooperativa o la ven como un prestador de servicios?
  • Equidad interna: ¿Se distribuyen los beneficios de manera justa? ¿Hay desigualdad en los accesos, los créditos, los apoyos?
  • Transformación territorial: ¿La cooperativa mejora el entorno en el que opera? ¿Fortalece la economía local? ¿Promueve la justicia social?
  • Educación y conciencia cooperativa: ¿Hay programas formativos? ¿Se entiende qué es una cooperativa más allá de sus productos?
  • Alianzas solidarias: ¿Se aplica el sexto principio cooperativo? ¿Se apoya a otras cooperativas, se articula con redes comunitarias?

Autocrítica necesaria, no para destruir sino para reconstruir

Este artículo no es un ataque contra las cooperativas exitosas. Es una invitación a revisar qué entendemos por éxito y a quién le sirve esa definición. No hay nada malo en crecer, en profesionalizarse, en innovar. Lo peligroso es perder el rumbo. Dejar de preguntarse para qué existimos. Y eso, tarde o temprano, afecta la sostenibilidad, la confianza, la legitimidad.

Hacer autocrítica no es debilidad, es coherencia. No es retroceder, es corregir el camino antes de perdernos en una ruta que no nos pertenece.

Conclusión: redefinir el éxito es un acto de coherencia

En un mundo que idolatra el éxito individual, el cooperativismo tiene una oportunidad histórica: demostrar que otra forma de medir el progreso es posible. Una forma donde el crecimiento va de la mano con la justicia, donde la eficiencia convive con la democracia, donde la rentabilidad está al servicio del bien común.

Redefinir el éxito es volver al origen. Es recordar que las cooperativas no nacieron para ser las más grandes, sino las más humanas. No para competir como las empresas tradicionales, sino para demostrar que el desarrollo con dignidad y equidad es posible.

Porque el verdadero éxito de una cooperativa no se mide solo en balances… se mide en vidas transformadas, comunidades fortalecidas y sueños colectivos que se hacen realidad.

Ese es el tipo de éxito que necesitamos recuperar.

Ese es el tipo de éxito que vale la pena defender.

 

Este artículo forma parte de la serie Pensamiento Cooperativo Crítico | Reflexión y Conciencia desarrollada por Ramón Imperial Zúñiga para Pinos-Coop.

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Capitalismo cooperativo: ¿oxímoron o evolución necesaria?

Por mucho tiempo, en los circuitos más convencionales del pensamiento económico, las palabras “capitalismo” y “cooperativismo” han habitado en extremos opuestos del espectro ideológico. Una representa la acumulación, la competencia, la propiedad privada y la maximización del beneficio individual. La otra, la solidaridad, la cooperación, la propiedad colectiva y el beneficio común. Y sin embargo, en los últimos años, un término que para muchos podría parecer contradictorio ha comenzado a emerger con cierta fuerza: capitalismo cooperativo.

¿Se trata de un oxímoron conceptual? ¿Una traición a los principios cooperativos? ¿O más bien una adaptación evolutiva para sobrevivir en un mundo regido por mercados y lógicas capitalistas?

Cómo se que la palabra “oxímoron” no es muy común, trataré de explicarla para que este artículo sea lo más claro posible:

Un oxímoron es una figura retórica que consiste en unir dos conceptos opuestos en una misma expresión, generando un efecto sorprendente o provocador. Aunque a primera vista parezcan contradictorios, al combinarse crean una imagen poderosa o una reflexión más profunda. Esta figura es común en la literatura, la poesía y también en el lenguaje cotidiano. Algunos ejemplos clásicos de oxímoron son: “silencio atronador”, “realidad virtual”, “música callada”, “hielo ardiente” o “luz oscura”. Estos contrastes ayudan a expresar complejidades, paradojas o emociones difíciles de describir con palabras simples.

Trataremos de analizar si “Capitalismo Cooperativo” es un oxímoron o si como dice el título, es solamente una “evolución necesaria” del cooperativismo.

El dilema de vivir en un mundo capitalista

Las cooperativas no operan en el vacío. Existen dentro de un sistema económico, legal, fiscal y cultural dominado por el capitalismo. Venden en mercados competitivos, usan sistemas financieros tradicionales, compiten por talento humano y deben generar ingresos para sostenerse.

Negar ese entorno sería ingenuo. Pero aceptarlo sin cuestionarlo también puede llevar a peligrosas contradicciones. El cooperativismo nació como una respuesta ética, económica y social al capitalismo salvaje del siglo XIX. Su razón de ser está en ofrecer una alternativa, no en adaptarse hasta confundirse.

Aquí es donde surge la tensión. Para muchas cooperativas modernas, crecer, competir o incluso sobrevivir ha requerido adoptar ciertas lógicas capitalistas: eficiencia operativa, innovación, reinversión, productividad. Pero, ¿hasta dónde se puede adoptar sin perder la esencia?

Casos reales que incomodan y hacen pensar

  1. Cooperativas globales que compiten con multinacionales: Pensemos en cooperativas de consumo que operan con miles de empleados, miles de millones en ventas, estructuras corporativas complejas, y una presencia en el mercado tan fuerte como cualquier empresa convencional. ¿Son cooperativas o corporaciones con fachada solidaria.
  2. Banca cooperativa y lógicas de rentabilidad: Algunas cooperativas financieras han implementado políticas crediticias tan restrictivas como los bancos tradicionales, buscando rentabilidad y bajos niveles de riesgo. ¿Hasta qué punto se sacrifica la inclusión financiera en nombre de la estabilidad económica?
  3. Trabajo precario en cooperativas “exitosas”: Hay cooperativas que han crecido rápidamente en sectores como tecnología o servicios, pero cuyas prácticas laborales reproducen la precariedad: sobrecarga, informalidad, falta de participación real. Promueven los valores y el humanismo, pero no los aplican con sus propios trabajadores. ¿El éxito justifica estas contradicciones?

Capitalismo cooperativo: tres interpretaciones posibles

  1. El oxímoron inaceptable. Desde una postura purista, “capitalismo cooperativo” es una contradicción. El primero prioriza el capital, el segundo a las personas. Mezclarlos es diluir la mística transformadora del cooperativismo. Para esta visión, cada concesión al mercado es una pérdida de identidad.
  2. El camuflaje necesario. Desde una postura pragmática, el cooperativismo debe adaptarse sin renunciar. Usar herramientas del capitalismo no es ceder, sino sobrevivir. Competir, profesionalizarse y escalar son condiciones necesarias para tener impacto. Pero el desafío es mantener el corazón cooperativo vivo.
  3. La mutación evolutiva. Una tercera visión propone que el “capitalismo cooperativo” puede representar una transición hacia un nuevo modelo económico: una hibridación que, si se gestiona con conciencia, podría humanizar el mercado, redistribuir poder y transformar desde adentro.

El riesgo real: perder el alma

El peligro no está en adoptar tecnología, estrategias de crecimiento o herramientas financieras. El verdadero riesgo está en abandonar los principios cooperativos por conveniencia, en dejar de formar a los socios, en burocratizar la democracia, en disfrazar decisiones cupulares como “participación”.

Cuando el discurso de “eficiencia” reemplaza al de “solidaridad”, y cuando la “rentabilidad” aplasta a la “equidad”, el cooperativismo deja de ser alternativa. Se vuelve una empresa más, solo que con estatutos distintos.

La pregunta central: ¿es posible competir sin copiar?

La clave no está en evitar toda estrategia del mundo empresarial, sino en decidir cómo y para qué se adoptan. Una cooperativa puede innovar, crecer, profesionalizarse, tener rentabilidad… pero si esos logros no se traducen en bienestar, participación y transformación social, entonces son logros vacíos.

La pregunta correcta no es si se puede mezclar el capitalismo con el cooperativismo. La pregunta es: ¿podemos mantener viva la razón de ser cooperativa mientras navegamos en un mundo capitalista?

Tres claves para no perderse en el camino:

  1. Formación permanente: Toda adaptación al mercado debe estar acompañada de educación cooperativa profunda, crítica, reflexiva. Formar conciencia es la mejor vacuna contra la desnaturalización.
  2. Medición de impacto social, no solo financiero: Si no medimos cómo cambiamos la vida de las personas, terminamos evaluando el éxito como cualquier empresa tradicional.
  3. Participación real, no simbólica: La democracia debe ser más que asambleas anuales. Debe vivirse en la gestión, en la transparencia, en la escucha activa y en la corresponsabilidad.

Reflexión final: volver al corazón

En un mundo cada vez más desigual, competitivo y deshumanizante, el cooperativismo tiene una misión que va más allá de sobrevivir: debe inspirar. No ser como las demás empresas, sino mostrar que otra economía es posible, incluso desde dentro del sistema dominante.

Quizá el capitalismo cooperativo sea un concepto que incomoda, pero esa incomodidad es una oportunidad. Una oportunidad para preguntarnos, con honestidad, si estamos transformando al sistema o si el sistema nos está transformando a nosotros.

En lo personal no estoy en contra de la aplicación de las mejores y modernas técnicas administrativas en las cooperativas, de que busquen la eficiencia y la excelencia, ya que para que las cooperativas realmente contribuyan a una mejor distribución de la riqueza, primero deben general riqueza, porque de otra manera solamente estarán distribuyendo pobreza. Pero el fin no justifica los medios, debemos siempre ser críticos y no desviarnos del camino.

Que cada cooperativa mire hacia adentro, escuche a su base social, recupere su historia y reimagine su futuro. Porque lo que está en juego no es solo su viabilidad económica, sino su alma.

Y el alma cooperativa no está en el capital: está en la gente, en la solidaridad, en el sueño compartido de construir un mundo más justo.

Invitación a la acción:

Posiblemente este tipo de artículos van a generar mucha polémica, y seguramente también detractores, pero lo importante es que seamos críticos entre nosotros mismos, no todo lo que hacemos en las cooperativas está bien, es bueno detenernos de vez en cuando, y cuestionarnos seria y profundamente, para rehacer el camino de ser necesario, o para seguir adelante con mayor firmeza y seguridad.

Reflexiona en tu cooperativa: 

  • ¿Cuánto de lo que hacen está guiado por los principios y cuánto por la presión del mercado? 
  • ¿Qué prácticas pueden revisarse? 
  • ¿Qué espacios deben abrirse para escuchar críticamente a los socios?

¡Es tiempo de volver al origen para proyectar el futuro!


🖋️ Este artículo forma parte de la serie Pensamiento Cooperativo Crítico  desarrollada por Ramón Imperial Zúñiga para Pinos-Coop.

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Aspectos del crédito

Aspectos del crédito

Los socios de las cooperativas de ahorro y crédito que son elegidos como Dirigentes en sus Asambleas, si bien han sido elegidos por la confianza que los demás socios tienen en ellos para que desempeñen funciones dentro de la misma, la Cooperativa tendrá que desplegar una serie de capacitaciones que tiendan a desarrollar las habilidades filosóficas y técnicas con el objetivo que desempeñen lo mejor posible su encomienda; el día de hoy quiero compartir con ustedes lo referente al crédito, si bien el personal operativo es quien profundiza en esta área, es indispensable que el dirigente conozca sobre el tema.

Concepto Universal del Crédito

La palabra crédito proviene del latín “credere” que significa “creer”, en su origen este término fue asociado con el concepto de “confiar o conceder confianza”.

Pero actualmente…  ¿Qué es el crédito?

El crédito es un acto por el cual se entrega dinero, y que la persona que lo recibe se compromete a devolverlo en el tiempo o plazo definido, según las condiciones establecidas más intereses, comisiones y otros costos asociados, si los hubiera.

El crédito al convertirse en una actividad de interés público ha requerido la intervención del estado para su regulación, emitiendo a través de bancos centrales e instancias de supervisión, las reglas o condiciones principales para que la práctica crediticia se realice en forma segura y ordenada.

Importancia del crédito como actividad económica.

La importancia del crédito para una economía es muy grande, ya que, gracias al crédito, las personas, las empresas y los estados pueden tener acceso a recursos que satisfacen diversas necesidades de carácter personal o comercial que, de otra forma, serían difíciles de obtener.

Los créditos pueden incentivar el consumo de las personas y activar el sistema productivo del país; las empresas pueden realizar proyectos e inversiones que les permitan mejorar su producción y sus ingresos; al estado le permite llevar a cabo inversión social en infraestructura y en otros propósitos para mantener la actividad económica del país de manera favorable. Sin embargo, el endeudamiento debe mantenerse en niveles aceptables para que no se afecte la estabilidad económica de las personas, las empresas, los gobiernos y del país en general.

Principios básicos del crédito

En la gestión del crédito existen condiciones de éxito, en otros términos, son cualidades o características que invariablemente deben estar presentes en toda operación de crédito, ya que en ausencia de alguno o algunos de ellos provocan un “Riesgo de crédito”, lo que podrá impactar en el objetivo de recuperar lo prestado, conforme a lo pactado.

El Riesgo de crédito es la posibilidad de incurrir en pérdidas en caso de que un deudor se atrase o no realice los pagos del crédito otorgado. El riesgo inherente en las operaciones crediticias, por lo tanto, no pueden evitarse o eliminarse totalmente, ante esta situación el intermediario financiero identifica y evalúa los riesgos, dirigiendo sus acciones a preverlos o reducirlos y asume solo riesgos normales.

El riesgo normal, es el nivel de riesgo que la entidad financiera está dispuesta a correr por los créditos que otorga y está delimitado por sus lineamientos y políticas.

Ahora bien, para mitigar el grado de riesgo se debe estar convencido que la operación de crédito es viable, lo cual se logra a través de la evaluación de 5 aspectos mejor conocido como las 5 C´s de Crédito, los cuales son los siguientes:

  1. Carácter.
  2. Capital.
  3. Capacidad.
  4. Condiciones.
  5. Colateral.
  1. Solvencia moral (CARÁCTER).
  • Arraigo o estabilidad domiciliaria.
  • Arraigo o estabilidad laboral.
  • Experiencia de pago de créditos en la Cooperativa.
  • Experiencia de pago de créditos en otras instituciones.
  • Referencias laborales, personales o comerciales.
  1. Solvencia económica o respaldo patrimonial (CAPITAL).
  • Bienes materiales y económicos contra deudas.
  1. Capacidad de pago (CAPACIDAD).

      Tratándose de personas físicas:

  • Capacidad de pago, considerando los ingresos y egresos, ordinarios y extraordinarios, del socio solicitante y en su caso, de la unidad familiar.
  • En los préstamos destinados a proyectos productivos, incluyendo los microcréditos, deberán considerarse dentro de los ingresos, los generados por la inversión objeto del financiamiento, así como los egresos totales que éste genere.

     Para personas físicas con actividad empresarial:

  • Se calculará la capacidad mediante el análisis del flujo de efectivo proyectado, con excepción de los préstamos considerados como microcréditos, en los cuales la capacidad de pago se calculará mediante la metodología establecida para las personas físicas.
  1. Finalidad o viabilidad del proyecto (CONDICIONES).
  • Monto de los recursos necesarios para el desarrollo del proyecto (análisis del monto solicitado real de la inversión) y su propósito.
  • Programa de aplicación de los recursos (cuánto, cuándo, cómo y dónde).
  • Congruencia entre el monto de préstamo y la capacidad de endeudamiento.
  • Recursos requeridos para el complemento de inversión.
  • Análisis de la rentabilidad del proyecto (análisis cuantitativo de los ingresos y beneficios que el proyecto producirá para el socio).
  1. Garantías (COLATERAL).
  •  Personales
  •  Reales
  •  Mixtas

Por este motivo definiremos ciertas características que el servicio de crédito cooperativo debe cumplir:

1.- Accesible.

  • Que toda la gente pueda acceder al crédito.
  • Los tramites y procesos deben ser sencillos.
  • Sin tantos requisitos.
  • Sin tantos peros.
  • Sin tener que dar tantas vueltas.
  • Que no le pidamos primero una cosa y luego cuando se presenta, pedirle otra.

2.- Oportuno.

  • Agilidad en la atención.
  • Agilidad en la resolución
  • Otorgarle al socio el crédito para cuando lo necesita.

3.- Útil.

  • Que le represente un beneficio.
  • Que le ayude a resolver su necesidad, o a cumplir su meta.
  • Que contribuya a mejorar su calidad de vida.

4.- Económico.

  • Tasas bajas.
  • Competitivas en el mercado.
  • Sin comisiones.
  • Sin costos ocultos.

5.- A la medida del socio.

  • En monto.
  • En plazo.
  • En forma de pago.

6.- Qué sea seguro.

  • Que retorne a la Cooperativa…

7.- Personalizado.

  • Atención amable.
  • Generación de confianza.
  • Confidencialidad.
  • Con asesoría.
  • Con información.

8.- Formativo.

  • Generar conciencia en el socio de donde provienen los recursos.
  • La importancia del uso responsable.
  • La importancia de retornarlos integra y oportunamente.

Estas características deben de ser visualizadas por el Dirigente y quien las debe de ejecutar es el Gerente con su personal operativo, para lo cual uno de los principales medios que nos llevará a lograr un cambio y una mejora en la satisfacción del socio es la capacitación del personal. No solo en aspectos técnicos del crédito sino en la capacidad de generar confianza y brindar información y asesoría de calidad.

Espero que estos conceptos sirvan al dirigente para tener mayor conocimiento del tema del crédito y como ofrecerlo.

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La clave para ahorrar

Según el diccionario, la palabra “ahorrar” tiene dos significados principales: “Reservar una parte de los ingresos ordinarios”, es decir, guardar dinero ya sea como previsión para necesidades futuras o con un objetivo determinado y “evitar un gasto o consumo mayor”.

En la economía de un país existen dos tipos de ahorros: interno y externo.

El ahorro interno es la cantidad de recursos generados por la economía nacional a través de la captación de los sistemas financieros e impositivos del país destinados al financiamiento interno y del saldo corriente de la balanza de pagos. Es la parte del ingreso nacional que no se consume.

El ahorro externo es la cantidad de recursos que requiere la economía nacional para cubrir el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Se compone principalmente por la inversión extranjera directa y los préstamos recibidos por el sector público y privado.

El ahorro interno es fundamental para lograr la estabilidad y el desarrollo económico de un país.

Si el ahorro interno no es suficiente, la economía necesitará abastecerse de recursos externos y eso significa endeudarse.

En economía, hay un concepto que se denomina “tasa de ahorro” (Nota importante: Es diferente al concepto “tasa de interés”)

La tasa de ahorro es un indicador que mide el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) de ahorro en un país. Ahí incluye el ahorro público y el privado. Éste último proviene de lo que las familias ahorran a través de las diferentes instituciones e instrumentos financieros. 

En un artículo publicado el 29 de agosto del 2023 por el periódico “El informador” en su sección de economía describe el resultado de un análisis de este indicador a nivel internacional tomando datos del banco mundial.

La tasa de ahorro en México ocupa el lugar 63 en el ranking mundial pues representa un 23.54 del PIB, el cual se encuentra por debajo del promedio general del 27%. Nuestro país ocupa el cuarto lugar entre los países latinoamericanos.

Solo para darnos una idea, Qatar es el país con la tasa de ahorro más alta a nivel mundial con un 51.4% del PIB.

Toda esta información nos sirve para tomar consciencia de la gran necesidad que tenemos en México de fomentar el hábito del ahorro.

Ahora bien, de lo anterior pudiera desprenderse la pregunta ¿por qué en México no ahorramos lo suficiente?

En lugar de contestarla me gustaría explicar ¿por qué si ahorran quienes ahorran?

A finales de los años ochenta yo formé parte de un equipo que estudiamos las causas por las cuales la gente ahorraba en nuestra Caja Popular.

Primero obtuvimos una lista de aquellos socios que habían ahorrado de forma constante y sistemática en los últimos doce meses. 

Recuerdo a una socia propietaria de una tortillería, también a un taxista. Ahorraban diario en la Caja.

Otros socios con actividades diversas lo hacían semanal, catorcenal o quincenal. Solo unos pocos lo hacían de forma mensual.

Luego, nos dimos a la tarea de comunicarnos con cada uno para concertar una cita y tener una entrevista personal, podían acudir a la sucursal o podíamos acudir a su domicilio, donde ellos lo prefirieran.

Han pasado más de treinta años de esa experiencia y aún conservo en mi memoria los hallazgos y puntos clave que nos dejaron esos socios, como aprendizaje.

Un primer hallazgo fue que varios de esos socios aprendieron el hábito del ahorro desde su infancia.

Recuerdo haber escuchado a más de un socio decir que su papá, su mamá o su abuelita le enseñó a separar parte de su dinero para ahorrar.

Otro hallazgo fue que muchos socios aprendieron a ahorrar estando dentro de la cooperativa.

“Yo no tenía el hábito del ahorro —decían— hasta que entré a la Caja”

Ahí confirmé que la educación cooperativa puede dar frutos. Varios socios adoptaron el hábito del ahorro como producto de la información y conciencia que adquirieron al asistir a una o varias reuniones educativas. Como parte del proceso de concientización (u obligación) para poder tramitar un crédito.

Un tercer hallazgo fue cuando vi cómo la mayoría de esos socios, si no es que todos, ubicaba el ahorro en primer lugar dentro de su presupuesto familiar. Sí, incluso antes que el rubro de alimentación.

Es muy sencillo de entender. Cuando el socio recibía sus ingresos, antes de distribuirlos en gastos y pagos, de inmediato separaba lo correspondiente al ahorro.

Si una persona desea ahorrar lo que le sobra después de realizar sus gastos, nunca le sobrará nada.

Entonces, la clave es poner el ahorro en primer lugar de la lista de conceptos a los cuales se destinará su ingreso.

En ese estudio descubrimos que el común de los socios ahorraba entre un cinco y un diez por ciento de sus ingresos y la periodicidad era acorde a cuando los recibían.

Otro factor fundamental que encontramos fue que esas personas habían creado una cultura en el interior de su familia para hacer economías en cada rubro de sus gastos.

Por ejemplo, si deseas ahorrar en el pago de energía eléctrica, debes promover la cultura entre todos los integrantes de tu familia para apagar las luces cuando no las estén ocupando.

Y ahí está otro factor clave: involucrar a todos los integrantes de la familia en la dinámica del ahorro.

Hubo una socia a la que visité en su casa. Me mostró su recetario de cocina. Pero dirás ¿qué tiene de especial eso? Lo especial es que ese recetario contenía tres características: Sabrosura, variedad y economía. Eran recetas que se podían elaborar con ingredientes sencillos y baratos. ¿No es fabuloso?

Es una lástima que yo no tenía la visión de ahora, de lo contrario, la hubiera motivado y apoyado para que ella publicara su recetario en un libro y que muchas familias se beneficiaran con su creatividad.

Haciendo una similitud del estado de resultados de una empresa con el de una familia, tenemos que, en primer lugar, se encuentran los ingresos.

Si deseas que cada mes tu resultado sea superávit entonces tienes que buscar una o ambas cosas: incrementar el ingreso y/o reducir el gasto.

Lo que los socios nos enseñaron en ese estudio fue fantástico. La mayoría tenían más de un ingreso.

Recuerdo una familia en la que el señor era obrero, en realidad ganaba poco, pero en sus ratos libres hacía trabajos de mantenimiento en las casas (plomería, albañilería, electricidad). Su esposa, además de administradora del hogar, aprendió a hacer trabajos de estilista (cortes de pelo, tintes, bases)

¿Te imaginas lo que esa familia ahorraba en gastos de mantenimiento de su hogar y en servicios de estética? Había temporadas en que los ingresos que percibían de ambas actividades adicionales superaban el salario que el señor ganaba como obrero.

De este hallazgo se derivó uno de los proyectos más ambiciosos que tuvo nuestra cooperativa: la impartición de clases para aprender oficios.

La visión no era que se impartieran las clases con el objetivo de promover la cultura en general. Era que los socios y socias aprendieran algún oficio que les redituara un ingreso o evitara un gasto.

Hubo clases de carpintería, plomería, electricidad, corte y confección, belleza, cocina y repostería, etcétera.

Ahora, en el rubro de los gastos, en cada concepto aprendimos algo de los socios.

Para ahorrar en alimentación las personas cocinaban personalmente. No compraban comida preparada o de las que llamamos “comida rápida” pues es más cara.

Cada integrante de la familia contribuía para que todo se aprovechara en el hogar.

Recuerdo a una señora que comentó que, si un día preparaba algún guiso que llevara tostadas y al final del día éstas sobraban, al día siguiente las convertía en chilaquiles. Si un día preparaba pollo y al final sobraba, al día siguiente preparaba unas flautas o unas enchiladas suizas de pollo, pero nada se desperdiciaba.

Para ahorrar agua, luz o teléfono tenían sus “secretos” todos ellos basados en la optimización del recurso.

Y un factor fundamental fue que sabían identificar cuál era el nivel socioeconómico al que pertenecían.

Y es muy lógico, mira, si por ejemplo ganas poco ingreso, a penas te alcanza para absorber los gastos elementales, pero quieres pagar una renta en una zona residencial o inscribir a tus hijos en escuelas privadas donde hay que pagar altos importes por colegiaturas, entonces necesariamente tendrás que endeudarte para poder alcanzar ese nivel socio económico que no tienes.

Ya para concluir, puedo asegurar que tener un ingreso más alto no es garantía de que la persona vaya a ahorrar.

Una persona puede recibir un ingreso de sesenta mil pesos mensuales y no ahorra mientras que otra recibe seis mil pesos mensuales y sí ahorra.

La clave para ahorrar está en la mentalidad y en la forma de administrar sus recursos.

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La importancia de las finanzas personales

Las finanzas están presentes en cada etapa de la vida y dentro de las enseñanzas de la familia, sumando a los principios y valores, debemos agregar el tema del manejo de unas finanzas sanas.

Si logramos tener en nuestra familia como prioridad y enseñanza este tema tan importante, otorgaremos un futuro financiero ordenado para nuestro bienestar. La clave es una adecuada educación financiera.

Las finanzas en la Niñez

La educación en la niñez es crucial para sembrar los valores y principios que definirán la personalidad de cada persona.  Y si a esta formación agregamos las bases de la educación financiera, estamos otorgando cimientos fuertes para los pequeños ahorradores.

Conductas básicas como pedir a los pequeños que ahorren una parte de sus mesadas semanales, incentivarlos para el cuidado y reciclaje de sus pertenencias personales como ropa, calzado, juguetes, útiles escolares, etc. además de involucrarlos en el diseño de los planes de ahorro de la familia, son pequeños hábitos que van modelando la cultura financiera desde edades tempranas.

Finanzas en la Adolescencia y Juventud

En esta etapa los hijos van creciendo y el costo de su educación y formación es cada vez más alto. Al continuar orientando a nuestros hijos en el cuidado del dinero, fomentar su ahorro mensual, el cuidado de las cosas, así como la concientización de lograr con su propio esfuerzo, el pago de sus gustos; estaremos otorgándoles bases sólidas para el buen manejo de su economía, siempre resaltando los siguientes puntos:

1.- La responsabilidad en sus tareas de la casa y/o en un empleo.

2.- Fortalecimiento de sus finanzas.

3.- Contribución económica en la familia.

Finanzas en la vida adulta

En esta etapa debemos lograr la autonomía financiera, lo cual nos permite tomar decisiones importantes y más complicadas en la vida de las personas como:

  1. Elegir el trabajo adecuado.
  2. Mejorar y ascender en la carrera profesional.
  3. Primeras compras importantes, como el primer coche.
  4. Nuestra vida social, vacaciones, pareja…

La formación financiera es adquirida previamente, y al aplicarla en esta etapa, el adulto sabrá de una manera más especifica el cómo lograr sus objetivos, así como la importancia de cuidar el dinero que con mucho esfuerzo ha ganado.  Si esta orientación no se recibió en las primeras etapas, será más difícil lograr sus objetivos financieros aunque no es impedimento hacer el esfuerzo para corregir el rumbo.

Jubilación con salud financiera

En muchos casos, la última etapa de la vida coincide con el final de nuestra vida laboral. Se acabaron las obligaciones y nos enfrentamos a la mayor cantidad de tiempo libre que hayamos tenido nunca.

La planificación de la jubilación es una tarea complicada, dado que no sabemos a ciencia cierta los ingresos que vamos a tener en este punto.

El ahorro acumulado durante los años y la maximización de nuestros ingresos en este periodo deben ser el objetivo primordial.

Recomendaciones para disfrutar una jubilación sin penurias:

  • Evaluar tu presupuesto de manera sistemática, (ingresos, gastos, ahorro, etc.).
  • Considera opciones de inversión para tus ahorros, esta mecánica te generará intereses por tu dinero, por lo cual estarás incrementando tu capital. Las SOCAP´s son una excelente opción.
  • Realiza actividades que te generen ingresos adicionales que te mantenga activo y hasta desde la comodidad de tu hogar.
  • Viaja; este punto es invertir en ti pues te permitirá conocer, relajarte, y sobre todo divertirte y motivar a ahorrar para el siguiente plan de viaje que realices.

Tips generales para tener unas finanzas sanas*:

  1. Uso del crédito para sumar no para restar
  2. Gastar menos de lo que se gana
  3. Ahorrar y planear el futuro
  4. Invertir
  5. Tener un fondo de emergencias
  6. Proteger el patrimonio

Para concluir, recalcaremos que es de suma importancia tomar las decisiones financieras más acertadas en las diferentes etapas de nuestra vida, ya que ello nos permitirá  mantener unas finanzas sanas y sobre todo, una paz mental fuera  de preocupaciones y estrés por falta de recursos, lo cual hará  que podamos disfrutar  a nuestra familia que es el tesoro más importante  y valioso que tenemos.

*Referencia: AVANTTYA

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Cómo mejorar el Índice de Capitalización

Uno de los indicadores que son base para evaluar la sanidad de una SOCAP es el Índice de Capitalización, este indicador representa la fortaleza financiera de una institución para soportar pérdidas no esperadas por los riesgos en los que incurre, entre más fuerte sea éste, permitirá a la sociedad la posibilidad de ofrecer productos y servicios en mejores condiciones que el de su competencia.

Las disposiciones de carácter general aplicables a una SOCAP establecen la metodología que estas deben aplicar de acuerdo a su nivel de operaciones, en todo caso deberán mantener un capital neto el cual no podrá ser inferior al requerimiento de capital que se determine.

Capital Neto < Requerimiento de Capitalización por Riesgos           —>     Situación de Riesgo

Capital Neto = Requerimiento de Capitalización por Riesgos           —>     Requiere atención

Capital Neto > Requerimiento de Capitalización por Riesgos           —>     Entre mayor sea es mejor

¿Cómo se determina el ICAP para una sociedad que opere en el nivel básico o nivel I de operaciones?

Se determina de la siguiente manera:

El requerimiento de capital por riesgo de crédito será el que se obtenga de aplicar un 8 por ciento al monto total de la cartera de créditos otorgados por la Sociedad, neta de las correspondientes provisiones para riesgos crediticios.

Las sociedad autorizadas por la CNBV podrán deducir del monto total de cada crédito, hasta un 100 por ciento de los depósitos de dinero constituidos por el propio acreditado en la Sociedad, que cumplan con las condiciones para ser considerados una garantía en términos de lo dispuesto en el Apartado V del Anexo C de las disposiciones. El importe a deducir no podrá ser superior al saldo insoluto del crédito.

El capital neto estará compuesto por:

Enfrentar al reto de mejorar el indicador de capital, no es un asunto fácil, se requiere disciplina empresarial y financiera constante, que se traduzca en la obtención de resultados positivos y suficientes al cierre de cada ejercicio.

No existe un porcentaje mínimo o ideal de rentabilidad, al momento de realizar sus proyecciones anuales (presupuestos o estados financieros proyectados) la sociedad deben considerar que el remanente o excedente anual estimado debe ser suficiente para:  

  1. Cubrir los gastos y costos inherentes a la operación de la Sociedad,
  2. Las estimaciones preventivas para riesgos crediticios derivados de la calificación, y
  3. Generar un remanente o excedente suficiente, que permita a la Sociedad constituir las reservas estipuladas por Ley, y adicionalmente, crear reservas patrimoniales adicionanles e indivisibles que fortalezcan el capital contable de ésta.

Cuando la sociedad mantiene equilibrio entre sus tasas activas y sus tasas pasivas y un adecuado control de la morosidad (por debajo del 5%), y en donde además, el gasto administrativo no excede el parámetro sugerido por la CNBV en los indicadores relevantes y el nivel de cartera neta se mantiene en rangos razonables lograr un crecimiento paulatino año con año de su ICAP es, como se dice coloquialmente, pan comido.

En PINOS podemos apoyar a tu SOCAP a implementar un programa de fortalecimiento financiero para lograr las metas y la sanidad financiera deseada.

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