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Promotora e Incubadora de Organizaciones Solidarias

Participar no es suficiente: el reto de una participación transformadora

Gobernabilidad

Participar no es suficiente: el reto de una participación transformadora

En el imaginario cooperativo, la participación ha sido siempre una piedra angular. “Una persona, un voto” es mucho más que una fórmula democrática: es la expresión de un modelo económico que pretende devolver el poder a quienes lo producen. Sin embargo, en la práctica cotidiana de muchas cooperativas, la participación se ha convertido en un ritual, una formalidad que se agota en la asamblea anual o en la elección periódica de dirigentes.

¿Es eso realmente participar? ¿O estamos confundiendo presencia con incidencia, y consulta con empoderamiento?

Este artículo propone una reflexión profunda sobre la participación de los socios en las cooperativas, no como un derecho cumplido, sino como un campo de disputa, de construcción permanente, de innovación y de poder compartido. Porque participar no es suficiente. Lo que necesitamos es una participación transformadora.

Participar no es asistir, es construir

Demasiadas veces se mide la participación por el número de asistentes a una asamblea, por la cantidad de votos emitidos o por el cumplimiento de los procedimientos estatutarios. Pero la verdadera participación se mide en otro plano: en la capacidad real de influir en las decisiones, de modificar los rumbos, de generar propuestas desde la base social.

Una cooperativa donde 500 socios acuden a una asamblea para escuchar pasivamente informes y ratificar decisiones ya tomadas no es más participativa que una donde 50 socios deliberan, proponen, cuestionan y co-crean soluciones.

La participación transformadora exige un salto cualitativo: pasar de la consulta a la co-decisión, del cumplimiento formal a la construcción activa.

Tres trampas comunes que vacían la participación

  1. La información asimétrica: Muchos socios no entienden del todo lo que se discute. Reciben informes financieros técnicos, sin traducción pedagógica, o propuestas cerradas que no permiten modificaciones reales.
  2. La agenda impuesta: Las asambleas se vuelven espacios para ratificar lo que ya decidió el Consejo o la Gerencia. Los puntos clave llegan sin posibilidad de debate. La “participación” es votar lo ya definido.
  3. La exclusión silenciosa: Horarios inconvenientes, lenguaje técnico, falta de materiales previos, ausencia de metodologías inclusivas… Todo eso hace que muchos socios, especialmente jóvenes, mujeres o personas de comunidades rurales, no se sientan parte.

Una mirada sectorial: distintos escenarios, mismos desafíos

  • En las cooperativas de ahorro y crédito, la participación suele limitarse a elegir al Consejo y a revisar cifras. Pero, ¿se consulta a los socios sobre las políticas crediticias, los servicios que necesitan, la inclusión financiera?
  • En las cooperativas de vivienda, muchas veces las decisiones sobre diseño, mantenimiento o incluso convivencia se toman sin procesos participativos reales. La vivienda cooperativa no puede gestionarse con lógicas verticales.
  • En las cooperativas de producción o pesca, las decisiones técnicas suelen concentrarse en unos pocos. ¿Qué pasa con los trabajadores asociados? ¿Tienen voz real o solo cumplen funciones operativas?
  • En las cooperativas de salud o turismo, es común que el equipo técnico y directivo tome decisiones con poca consulta a quienes realmente usan los servicios o conocen las comunidades.

Participar implica crear mecanismos de escucha, de consulta deliberativa, de devolución de resultados, de construcción conjunta. Sin eso, la participación es una fachada.

Hacia una participación transformadora: principios clave

  1. Acceso a información comprensible y oportuna: Democratizar los datos. Traducir los informes financieros. Explicar los proyectos en lenguaje claro. Usar herramientas visuales. Formar para comprender.
  2. Diseño participativo de las agendas: Incluir temas propuestos por los socios. Permitir asambleas temáticas. Realizar consultas previas. Asegurar que la agenda refleje las preocupaciones reales de la base.
  3. Metodologías inclusivas y creativas: No todo debe resolverse en formato de exposición y votación. Se pueden usar foros deliberativos, grupos focales, asambleas por zonas, plataformas digitales participativas.
  4. Formación en participación: La participación también se aprende. Se enseña a deliberar, a leer documentos, a construir propuestas, a ejercer el poder sin autoritarismo.
  5. Seguimiento a las decisiones colectivas: Participar también es saber qué pasó con lo que se decidió. Se debe devolver información, mostrar avances, explicar dificultades. La transparencia alimenta la participación.

La participación como poder compartido

El poder en las cooperativas no debe concentrarse ni en los directivos, ni en los gerentes, ni en los técnicos. La participación transformadora implica reconocer que todos los actores tienen saberes, miradas, intereses y capacidades que deben articularse.

Un Consejo de Administración que consulta activamente a la base antes de tomar decisiones, una gerencia que construye propuestas con el equipo técnico y con los socios, una asamblea donde se discute con profundidad y respeto… esos son ejemplos de poder cooperativo bien distribuido.

La participación no es solo un medio para validar decisiones. Es una estrategia para construir inteligencia colectiva, para fortalecer la pertenencia, para evitar errores costosos, para democratizar la gestión.

Obstáculos estructurales a superar

  • Individualismo instalado: Muchos socios ven a la cooperativa como un proveedor de servicios, no como un proyecto colectivo.
  • Estilos autoritarios de liderazgo: Hay quienes creen que participar debilita la eficacia, cuando en realidad la enriquece.
  • Falta de tiempo y recursos: Diseñar procesos participativos reales exige inversión de tiempo, energía y creatividad.
  • Poca formación ciudadana: La cultura democrática no se improvisa. Se cultiva.

Reconocer estos obstáculos no es excusa para no actuar. Es el primer paso para transformarlos.

Algunas experiencias inspiradoras

  • Cooperativas que organizan cabildos regionales antes de su asamblea general.
  • Equipos de trabajo que usan presupuestos participativos para definir prioridades.
  • Plataformas digitales que permiten a los socios votar y opinar en tiempo real.
  • Espacios de diálogo intergeneracional para renovar liderazgos.

No hay una receta única. Pero sí hay una certeza: si la participación no se reinventa, se marchita.

Cerrar la brecha entre discurso y práctica

Es común escuchar en los estatutos frases como “La Asamblea es el órgano supremo”. Pero en la realidad cotidiana, muchas decisiones relevantes se toman en espacios reducidos, con escasa transparencia o sin mecanismos claros de devolución.

Cerrar esa brecha requiere voluntad política, compromiso institucional y cultura participativa. La participación debe ser una práctica constante, no una foto anual.

Reflexión final: transformar para permanecer

Las cooperativas nacieron para transformar. Para democratizar la economía. Para devolver el poder a las personas organizadas.

Pero si no transformamos nuestra propia manera de participar, nos arriesgamos a perder la esencia. La participación transformadora es el puente entre los valores cooperativos y la acción cotidiana.

Que nadie quede fuera. Que todos puedan incidir. Que cada voz cuente. Porque en una cooperativa verdadera, participar no es un privilegio ni un ritual: es el corazón de su existencia.

¡Participar no es suficiente! ¡Participar es transformar!


🖋️ Este artículo forma parte de la serie Pensamiento Cooperativo Crítico | Reflexión y Conciencia desarrollada por Ramón Imperial Zúñiga para Pinos-Coop.

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Cooperativas: ¿de todos o de nadie?

El modelo empresarial cooperativo: ¿empresa de todos o empresa sin dueño?

Durante décadas se ha repetido que las cooperativas son “empresas de todos”. Una definición sencilla y poderosa. Pero conviene preguntarnos con honestidad: ¿realmente son empresas de todos… o hemos creado estructuras que, en la práctica, parecen empresas sin dueño?

La propiedad colectiva es uno de los pilares del modelo cooperativo. No hay un capitalista principal, ni un grupo de accionistas que persigue el máximo beneficio. Hay personas asociadas que, en teoría, comparten la propiedad y el poder de decisión. Sin embargo, muchas cooperativas han desarrollado formas de gobierno en las que los socios están cada vez más alejados de la gestión real, y donde la participación se limita a asambleas esporádicas, desinformadas o meramente formales.

Dos tendencias especialmente comunes muestran los extremos a los que se ha deformado el modelo:

  1. Cuando el gerente se convierte en el verdadero dueño

En muchas cooperativas, el gerente ha sido también el fundador, o jugó un papel clave en el crecimiento y consolidación de la organización. Su liderazgo es indiscutible. El problema surge cuando su figura eclipsa al Consejo de Administración y a la propia Asamblea. Los directivos se convierten en figuras decorativas que respaldan automáticamente todo lo que el gerente propone. No hay deliberación, no hay contrapesos, no hay supervisión real. La cooperativa funciona como una empresa personal con estatutos cooperativos.

Se pierde la democracia interna, se erosiona la cultura cooperativa, y los socios dejan de participar porque sienten que nada cambia con su intervención. En este escenario, el gerente no rinde cuentas: lidera, decide, ejecuta… y muchas veces también se perpetúa. Además, cuando este poder no es fiscalizado adecuadamente, pueden generarse desviaciones graves en el rumbo de la cooperativa.

  1. Cuando el Consejo de Administración actúa como grupo de control

En el extremo opuesto, hay cooperativas donde el gerente existe sólo como figura simbólica. Las verdaderas decisiones se toman por un pequeño grupo de directivos que han capturado el control institucional. Son los que están todos los días en la oficina, dan órdenes directamente al personal operativo, intervienen en los asuntos administrativos y operan como si fueran los ejecutivos de la organización.

En estos casos, el Consejo de Administración se convierte en el órgano que ejecuta, decide, fiscaliza y controla. Se rompe el equilibrio natural de poderes. A menudo, estos directivos reciben “compensaciones” o dietas que los atan al cargo, y establecen mecanismos para alternarse los puestos y evitar la renovación. No hay rotación democrática ni renovación de liderazgos. El resultado es un modelo cerrado, autorreferencial, que debilita la transparencia y la rendición de cuentas.

El rol ausente del Consejo de Vigilancia

Un factor determinante en estos desequilibrios institucionales es la omisión o debilidad del Consejo de Vigilancia. Este órgano tiene la función esencial de verificar el cumplimiento del objeto social, así como vigilar que se respeten los estatutos, reglamentos y acuerdos de los órganos superiores. Sin embargo, en muchas cooperativas, el Consejo de Vigilancia ha sido cooptado por el gerente o por los mismos directivos que controlan el Consejo de Administración. En lugar de ser un órgano crítico e independiente, se convierte en una instancia inerte, complaciente o subordinada.

Cuando el Consejo de Vigilancia no cumple su función, se abre la puerta a excesos, abusos de poder y desviaciones que erosionan la legitimidad de la cooperativa. Su papel es clave para garantizar el equilibrio institucional y debe ser fortalecido mediante formación, autonomía y acceso a la información.

Dueños sin conciencia o sin poder

En todos estos escenarios, el resultado es el mismo: los socios son espectadores. La propiedad colectiva se mantiene en el papel, pero se vacía de contenido. O bien un gerente actúa como dueño, o bien un grupo de directivos captura el poder. La base social no participa, no se forma, no incide. En consecuencia, no se siente parte real de la cooperativa. No hay cultura de propiedad. No hay conciencia de corresponsabilidad. No hay empoderamiento.

El modelo cooperativo ideal: equilibrio, transparencia y participación

El modelo empresarial cooperativo debería construirse desde un equilibrio claro de funciones:

  • La Asamblea General debe ser el órgano supremo de decisión, integrado por socios informados, críticos, preparados y conscientes. Es el espacio donde se define el rumbo general, se elige a los consejos y se aprueban las líneas fundamentales.
  • El Consejo de Administración debe ejercer su función natural de dirigir la cooperativa, lo que incluye aprobar normas internas, planes y presupuestos. Su función es estratégica, no operativa. No debe involucrarse en la gestión cotidiana ni dar órdenes al personal. Debe establecer políticas, supervisar la ejecución y evaluar resultados.
  • La Gerencia debe ejecutar lo aprobado por la Asamblea y el Consejo, y proponer iniciativas, planes y presupuestos para su aprobación. Su rol es técnico, profesional, orientado a la eficiencia sin perder los valores cooperativos.
  • El Consejo de Vigilancia debe fiscalizar que todo lo anterior se haga en apego al objeto social, los principios, estatutos y reglamentos. Su independencia y capacidad de acción es vital para que exista un contrapeso efectivo.

Cada estructura debe cumplir su rol. Ninguna debería invadir a la otra. Cuando eso ocurre, la cooperativa se fortalece, la participación crece, y la propiedad colectiva se vive con autenticidad.

El papel olvidado de los socios: ser dueños activos, no clientes pasivos

En muchas cooperativas, los socios han sido reducidos a usuarios de servicios. Van a la cooperativa como irían a un banco. No preguntan, no cuestionan, no deciden. Participan solo si hay sorteos, rifas o regalos. Y muchas veces, eso es resultado directo de una falta de formación cooperativa.

El quinto principio cooperativo, que establece la educación, formación e información como base del desarrollo cooperativo, ha sido incumplido de forma sistemática por muchas instituciones. Se capacita al personal, a veces a los directivos, pero rara vez a la base social. Y sin formación, no hay participación crítica. No hay control social efectivo. No hay democracia real.

Una llamada a la conciencia cooperativa

No se trata de eliminar la dirección profesional ni de debilitar el liderazgo institucional. Se trata de reconstruir el equilibrio original del modelo cooperativo, donde cada actor cumple su papel con claridad y respeto mutuo.

Los gerentes deben liderar con responsabilidad, sin protagonismos. Los consejos deben gobernar sin administrar. El Consejo de Vigilancia debe vigilar sin interferencias. Los socios deben ejercer su propiedad con conciencia y compromiso.

Porque una cooperativa no es verdaderamente de todos cuando nadie participa. Tampoco cuando unos pocos deciden por todos. Es de todos cuando cada quien asume el rol que le corresponde, cuando el poder se ejerce colectivamente, y cuando el sentido de pertenencia está vivo.

Este es un llamado a los gerentes que gobiernan solos, a los directivos que se eternizan en los cargos, a los consejos de vigilancia que han renunciado a su función, y a los socios que han dejado de interesarse: el cooperativismo necesita recuperar su alma. Volver al equilibrio. Volver a su base social.

No se trata solo de administrar una organización. Se trata de construir una economía diferente. Una economía con rostro humano, con justicia, con participación. Una economía donde ser dueño no es un título simbólico, sino una responsabilidad compartida.

Hoy más que nunca, es tiempo de que las cooperativas vuelvan a ser lo que prometen ser: empresas de todos, con todos adentro, con todos decidiendo, con todos construyendo el futuro desde la acción colectiva.

🖋️ Este artículo forma parte de la serie Pensamiento Cooperativo Crítico Reflexión y Conciencia desarrollada por Ramón Imperial Zúñiga para Pinos-Coop.

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liderazgo con vocación de servicio

El liderazgo con vocación de servicio

Dentro de las experiencias tenidas en mi vida laboral y dirigencial dentro del movimiento cooperativo, trate de poner en práctica lo que más que pude, los comportamientos de un líder con vocación de servicio, que vienen en el libro La Paradoja, de James Hunter lo que me permitió obtener a nivel nacional primeros lugares con mis equipos de trabajo y del cual me siento feliz y orgulloso, a continuación hago un extracto de lo que me inspiro y le di lectura varias veces, más en momentos difíciles para la toma de decisiones.

 LIDERAZGO

(Un líder es aquel que se atreve a dar el primer paso, para guiar a su equipo a obtener grandes logros)

 ¿Dónde están todos los líderes?

Cada año las empresas envían a su personal a cursos de liderazgo y gastan buenas sumas de dinero en consultores y cursos para los ejecutivos que integran los equipos de liderazgo. Pero más del 90% de los que intervienen en los cursos de desarrollo y formación para el liderazgo es una pérdida de tiempo y dinero, terminan los cursos con una sensación de entusiasmo y desconcierto. Sin embargo, menos del 10% cambiará realmente su conducta como resultado del curso.

Existen muchos jóvenes brillantes que ingresan a las organizaciones después de graduarse en las mejores universidades, intentan impresionar a todos con lo que saben, pero ignoran la simple verdad de que a la gente no le interesa lo que usted sabe hasta que sabe lo que a usted le interesa.  

Hay demasiados graduados en administración de empresas que son idóneos para administrar, pero incapaces para liderar.

Una investigación reciente revela que más de dos tercios de las personas que renuncian a sus empleos lo hacen a causa de un gerente ineficaz o incompetente. En otras palabras, no renuncian por la compañía, renuncian por su jefe.

Muchos hombres y mujeres que ocupan puestos de líderes aspiran a convertirse en los líderes que la gente necesita y merece, buscan maneras de integrar sus creencias espirituales con la aplicación práctica en el trabajo y en su vida personal.

Hoy los líderes deben afrontar situaciones difíciles y los principios imperecederos del liderazgo al servicio de los demás responden a esos desafíos.

Tenemos la <<tecnología>> para llegar a ser líder con vocación de servicio, no solo en el área del <<conocimiento>> sino también de la conducta y las acciones.

La mayoría de las personas que tienen la voluntad y la intención de cambiar, crecer y mejorar pueden aprender y aplican las habilidades del liderazgo al servicio de los otros.

Tenga en cuenta que nadie se convierte en un mejor líder después de leer un libro, escuchar una cinta grabada, mirar un vídeo de formación o asistir a otro curso sobre liderazgo. Sin duda, puede aprender sobre liderazgo por esos medios, pero jamás, podrá ser un mejor líder sólo por hacer esas cosas.

Convertirse en un líder capacitado es como llegar a ser un médico, un cocinero, un abogado, un pianista o un golfista experto. Con la lectura de un libro o la asistencia a un curso se puede obtener información y discernimiento sobre un tema, pero la clave es su aplicación práctica. Nadie aprende a nadar sólo con leer las instrucciones de un libro.  

Si usted desea ser un mejor líder, debe estar motivado y dispuesto a cambiar y crecer. Necesita buscar y aceptar las críticas de los otros, a fin de poder evaluarse con más objetividad. Si queremos líderes mejor capacitados, tenemos que ser capaces de examinar los viejos hábitos, consignas y conductas que es necesario identificar y cambiar. Par ser un mejor líder más eficiente hay que estar dispuesto a abandonar los viejos hábitos y aprender otros nuevos. Hay pocas cosas más difíciles en la vida que eliminar los viejos hábitos profundamente arraigados. Y, en este sentido, son pocos los que se benefician de un curso o taller de liderazgo.

La meta de este taller es enunciar claramente los principios del liderazgo con vocación de servicio, de una manera sencilla, concisa y directa. 

Desarrollar el carácter requiere un cambio y por lo tanto es mucho más fácil decirlo que hacerlo. El esfuerzo e incluso el dolor que experimentamos cuando intentamos cambiar nuestro carácter, eliminando los viejos hábitos para llegar a ser alguien diferente de lo que hoy somos, no es una tarea fácil.

Definición de Liderazgo

Las habilidades para influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común y con el carácter que inspira confianza.

 No confundir el liderazgo con la gestión empresarial.

La gestión concierne a las tareas que hacemos: La planificación, el presupuesto, la organización, la resolución de problemas, controlar, mantener el orden, desarrollar estrategias y una serie de cosas más. La gestión es lo que hacemos. El liderazgo es lo que somos.

Hay muchos gerentes que eran incapaces de liderar a otros seres humanos y de inspirarlos para hacer cosas importantes. Y, a la inversa hay algunos líderes muy eficientes que no eran gerentes especialmente astutos.

El hecho de saber cómo hacer la tarea no tiene nada que ver con el desarrollo de habilidades necesarias para inspirar a los otros a llevarla a cabo con éxito. Las habilidades técnicas y orientadas a la tarea que los gerentes procuran desarrollar y que les ha permitido llegar hasta la posición de liderazgo no le sirven para convertirse en Líderes eficientes. Para ello se requiere un conjunto de habilidades totalmente diferentes.

El liderazgo implica motivar a la gente. Significa influir en las personas para que contribuyan al bien común con su mente, espíritu, creatividad y excelencia. Liderar es conseguir que el empleado se comprometa con la misión, se esfuerce y desarrolle toda su capacidad.

Una organización en la que todos sus miembros asumen la responsabilidad del liderazgo y comprenden que son responsables del éxito del equipo es un ejemplo digno de imitar.

No se necesita ningún poder relacionado con un puesto ejecutivo para influir positivamente en los otros, de ahí que un líder se gana la autoridad.

Autoridad: El arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que tú quieres debido a tu influencia personal.

Definición de poder: Es la capacidad de obligar o coaccionar a alguien para que haga lo que usted desea, aun cuando esa persona preferiría no hacerlo, debido a su posición o su fuerza.

Durante los últimos treinta años, se ha descubierto que el estilo de gestión basado en el poder da lugar a actividades colaterales indeseables, que incluyen rivalidades, falta de confianza, complicidades, estratagemas políticas y una serie de conductas dañinas que deterioran las relaciones y, en consecuencia, perjudican a la organización. Los estilos autoritarios crean temor y socavan la confianza, lo cual en última instancia impide las relaciones y el crecimiento.  

 COMPORTAMIENTOS DE UN LIDER CON VOCACION DE SERVICIO

 PACIENTE           AFABLE          HUMILDE         RESPETUOSO       GENEROSO

INDULGETE        HONRADO      CUMPLE SUS COMPROMISOS

 PACIENCIA: Mostrar dominio de uno mismo.

(No es la capacidad de esperar, sino la habilidad de mantener una buena actitud mientras esperas).

El líder debe dar ejemplo de comportamiento para los jugadores, los niños, los empleados o para cualquiera que esté bajo su mando. Si el líder se pone a gritar o muestra cualquier otra forma de falta de dominio de sí mismo, está claro que no se puede esperar que el equipo se controle o se comporte con responsabilidad.

También es importante que se constituya un entorno en el cual la gente tenga la seguridad de que si comete un error no va a tenérselas que ver con su jefe que le va a montar un escándalo tremendo. Si a un niño que está aprendiendo a andar le pegas cada vez que se cae, no creo que llegue a interesarse mucho por conseguirlo, ¿verdad? Probablemente pensará que es mucho más prudente conformarse con gatear, agachar la cabeza y no arriesgarse. Pues yo conozco a muchos empleados a los que se ha intimidado y a los que les pasa exactamente lo mismo.

El líder tiene la responsabilidad de exigir responsabilidades a su gente. Hay muchas formas de respetar la dignidad de la gente sin pasar por alto sus deficiencias. Hay que tener siempre presente, que estamos tratando con adultos. No son esclavos, ni animales que tengamos derecho a apalear. Como líderes, nuestro trabajo consiste en señalar cualquier desajuste que pueda darse entre el estándar establecido y el trabajo realizado, pero no hay por qué darle un cariz emocional. El líder puede decidir dárselo, pero no tiene por qué ser así.

La palabra «disciplina», «disciplinar», viene de la misma raíz que «discípulo», y significa enseñar o entrenar. El objetivo de cualquier acción disciplinaria debe ser corregir o cambiar un comportamiento, entrenar a la persona, no castigarla. Una disciplina puede ser progresiva: primer aviso, segundo aviso y, finalmente, «no estás ya en el equipo».  Ninguno de esos pasos tiene por qué tener un cariz emocional.

AFABILIDAD: Prestar atención, apreciar y animar.

(Significa que es de fácil acceso para hablar. Por ello se llama afable a la persona que resulta agradable acercarse para conversar con ella).

 Como la paciencia y todos los demás rasgos de carácter que estamos discutiendo, la afabilidad tiene que ver con cómo actuamos, no con cómo sentimos. Tomemos por ejemplo la palabra atención, para empezar. ¿Por qué es tan importante el tomarse el trabajo de prestar atención a los otros para un líder?

Ponemos el ejemplo del efecto Hawthorne: hace unos años un investigador en Harvard, Elton Mayo, que quiso demostrar en una fábrica de la Western Unión en Hawthorne, New Jersey, que existía una relación directa entre la mejora de la productividad y la mejora de las condiciones ambientales de los trabajadores.

Uno de los experimentos consistía simplemente en aumentar la iluminación en el interior de la planta, se registró de inmediato un aumento de la productividad. Continuando con el estudio sobre condiciones ambientales de los trabajadores, en la etapa siguiente los investigadores disminuyeron la iluminación, para no mezclar variables.

 ¿Y sabes qué pasó con la productividad de los trabajadores? —Volvió a bajar, por supuesto- No, ¡la productividad aumentó de nuevo! Así pues, lo que provocaba el aumento de la productividad no tenía que ver con la intensidad de la iluminación, sino con el hecho de que hubiera alguien que estuviera pendiente de los trabajadores. Este fenómeno se llamó a partir de entonces el Efecto Hawthorne.

Lo importante era prestar atención a la gente. Y he llegado a pensar que la mejor forma de prestar atención a la gente es, con mucho, escucharlos activamente. Mucha gente da por sentado, de forma equivocada, que escuchar es un proceso pasivo consistente en estar silencioso mientras el otro habla. Puede que pensemos incluso que sabemos escuchar, pero con frecuencia, nos estamos limitando a escuchar selectivamente, haciendo juicios sobre lo que se está diciendo y pensando en cómo dar por terminada la conversación o en cómo llevar la conversación por otros lados que nos parecen preferibles.

Somos capaces de pensar casi cuatro veces más deprisa de lo que los otros pueden hablar. Por consiguiente, tenemos generalmente en la cabeza un montón de ruido, de conversación interna, mientras estamos escuchando. El trabajo de la escucha activa tiene lugar en nuestra mente. La escucha activa requiere un disciplinado esfuerzo para silenciar toda esta conversación interna mientras tratamos de escuchar a otro ser humano.

Requiere un sacrificio, el máximo esfuerzo por nuestra parte, para bloquear el ruido y entrar realmente en el mundo del otro, aunque sólo sea por unos minutos. La escucha activa consiste en tratar de ver las cosas como el que habla las ve, y tratar de sentir las cosas como el que habla las siente. Esta identificación con el que habla tiene que ver con la empatía y requiere un esfuerzo más que considerable.

¿Y qué mensajes estamos enviando, consciente o inconscientemente, a la gente cuando nos esforzamos al máximo en la escucha activa?

El hecho de hacer todo lo posible por apartar cualquier distracción, incluidas las mentales, transmite un mensaje con mucha fuerza al que está hablando: que realmente te importa lo que dice, que ella/él es una persona importante.

También es importante elogiar a la gente. Felicitarles cuando hacen algo bien, en vez de ser como el «ejecutivo gaviota» y estar siempre mirando a ver si pillamos a la gente haciendo algo mal.

HUMILDAD: Ser auténtico y sin pretensiones ni arrogancia.

(No es ser pobre, humildad quiere decir que no te crees más que los demás)

 Lo que les pedimos a nuestros líderes es autenticidad, la capacidad de ser ellos mismos con la gente, no los queremos vanidosos, pedantes, autosuficientes. Los egos realmente entorpecen y pueden levantar murallas entre la gente. Los sabelotodo y los líderes arrogantes consiguen aburrir a mucha gente. Esta arrogancia es también una pretensión poco honesta porque no hay nadie que lo sepa todo o que controle todo. Para mí, la humildad no es hacerse de menos, sino pensar menos en uno mismo.

 RESPETO: Tratar a los demás como si fueran gente importante.

 (Significa, valorar a los demás, acatar su autoridad y considerar su dignidad. El respeto se acoge siempre a la verdad; no tolera bajo ninguna circunstancia la mentira y repugna la calumnia y el engaño, exige un trato amable y cortes; es la esencia de las relaciones humanas, de la vida en comunidad, del trabajo en equipo, de la vida conyugal, de cualquier relación interpersonal).

Comenta un militar: Ahora resulta que tengo que arrodillarme ante la gente con afabilidad y elogios y respeto. Pues mira, yo soy un sargento de instrucción y me estáis pidiendo algo que, sencillamente, no es mi estilo. Me estáis pidiendo algo que a mí me resulta antinatural.

El profesor—, si yo mandara en tu cuartel, en tus barracones, a la personalidad más alta del Ejército, supongo que tú serías sumamente respetuoso y atento; hasta puede que hicieras gala de muchos de estos comportamientos que estamos discutiendo ¿no es así? Mirando fijamente al profesor, el militar contestó: —¡Demonios, tienes toda la razón!

El general es un hombre muy importante y se merece todo ese respeto por mi parte, y yo se lo mostraría.

Le dice el maestro—. Estás diciendo que sabes cómo ser respetuoso y atento, sabes cómo elogiar a la gente, pero sólo estás dispuesto a hacerlo por la gente que te parece importante. Así que eres capaz de comportarte de esa manera, pero eres muy selectivo en cuanto a los receptores de esas atenciones.

El profesor continuó a partir de ese momento: ¿Crees que podríamos tratar a todo aquel que dirigimos como si fuera una persona importante? Imagínate tratando a cualquier empleado, el de la carretilla elevadora, como si fuera el presidente de la compañía, o a los alumnos como si fueran miembros del claustro, o a las enfermeras como si fueran médicos, o a los soldados rasos como si fueran el general. Al militar, ¿podrías tú tratar a cada hombre de tu pelotón como si fuera un importante general?

Pues sí, supongo que podría, pero me costaría mucho —admitió con reticencia el, militar.

—Efectivamente, al militar —continuó el profesor—, como iba diciendo, el liderazgo requiere un gran esfuerzo. Los líderes tienen que decidir si están o no dispuestos a dar lo mejor de sí mismos por aquellos a los que dirigen.

¡Pero yo sólo trato con respeto a aquellos que se lo han ganado! ——continuó objetando el militar——. Después de todo, el respeto es algo que uno tiene que ganarse, no El profesor, le contestó: —Me temo que ese viejo prejuicio puede ser también un paradigma erróneo para un líder. Yo creo que Dios no creó basura humana, sólo gente con problemas de comportamiento. Y todos tenemos problemas de comportamiento.

Pero ¿no nos merecemos algún respeto, sólo por el hecho de ser seres humanos? La definición de respeto: «tratar a la gente como si fuera importante». Yo creo que deberíamos añadir a esta definición «porque son importantes». Y si no estás de acuerdo con esta idea, trata de pensar que se merecen algún respeto porque son parte de tu equipo, de tu pelotón, de tu familia, de tu lo que sea. El líder tiene un interés personal en el éxito de aquellos a los que dirige. De hecho, en nuestro papel de líderes está incluido el ayudarles a conseguir ese éxito.

GENEROSIDAD: Satisfacer las necesidades de los demás.

 Lo opuesto a generosidad es egoísmo, que significa: «mis necesidades primero».

La generosidad pues, consiste en satisfacer las necesidades de los demás, aunque eso signifique sacrificar tus propias necesidades y deseos. Esto podría ser también una espléndida definición de liderazgo: Satisfacer las necesidades de los demás antes que las de uno. Pero, si estamos siempre satisfaciendo las necesidades de los demás, ¿no van a acabar demasiado consentidos y aprovechándose de nosotros? Se supone que lo que hay que satisfacer son sus necesidades, no sus deseos. Si proveemos a la gente legítimamente de lo que requiere para su bienestar mental o físico, no creo que los estamos echando a perder. Hablamos de necesidades, no de deseos, de ser un servidor, no un esclavo.

INDULGENCIA: No guardar rencor al que nos perjudica.

(Cuida tus pensamientos porque se volverán actos. Cuida tus actos porque se harán costumbres. Cuida tus costumbres porque formaran tú carácter. Cuida tú carácter porque formara tu destino. Y tú destino será tu vida. Gandhi).

¿Por qué es importante que un líder desarrolle esta cualidad de carácter? Porque la gente no es perfecta. La indulgencia no significa que tengamos que aparentar que lo que no está bien no ha sucedido, o no enfrentamos a ello cuando sucede. Al contrario, debemos practicar un comportamiento positivo hacia los demás, no un comportamiento pasivo como si fuéramos un felpudo, o un comportamiento agresivo que viole los derechos de los otros. El comportamiento positivo consiste en ser asertivo, abierto, honrado y directo con los demás, pero siempre de forma respetuosa.

El comportamiento indulgente consiste en enfrentarse a las situaciones según surgen de modo positivo y en desprenderse de cualquier resquicio de rencor. Si en tu papel de líder no eres capaz de desprenderte del rencor, acabarás consumiéndote y perdiendo eficacia.

Con frecuencia el rencor destruye la personalidad humana. Creo que todos hemos conocido personas que se pasan la vida dándole vueltas a sus rencores y se vuelven cada vez más amargados y desgraciados.

La abuelita solía decir: «¡Mientras que tú sufres por tu rencor, el otro está de fiesta!».

HONRADEZ: Estar libre de engaños.

(Es una cualidad humana que consiste en comportarnos y expresarnos con sinceridad, practicando la verdad y justicia en todo momento; significa ser sinceros en todo lo que decimos y hacemos).

Yo creía que la honradez tenía que ver con no mentir. Pero estar libre de engaños es bastante más amplio, ¿no?

A nuestros niños les enseñamos en el colegio que una mentira es una comunicación de cualquier tipo hecha con intención de engañar a otro. Puede que callar o no decir toda la verdad se consideren «mentiras piadosas», socialmente aceptables, pero no dejan de ser mentiras.

La honradez es la cualidad que más gente pone en cabeza de la lista de cualidades que esperan en un líder. También dijimos que la confianza, cimentada sobre la honradez, es el cemento que mantiene las relaciones humanas. La honradez implica ayudar a la gente a tener perspectivas claras, hacerles responsables, estar dispuesto a dar tanto las buenas como las malas noticias, informarles sobre los resultados de su trabajo, ser consecuente, tener reacciones previsibles y ser justo. En suma, vuestro comportamiento debe estar libre de engaños y consagrado a la verdad a toda costa.

Anécdota: En mi antiguo trabajo en el mundo de los negocios, mi primer gerente solía decirme que, si no conseguíamos hacer trabajar bien a la gente, no estábamos siendo honrados. Es más, ella llegaba incluso a decir que los líderes que no hacen que su gente cumpla con el estándar establecido son, de hecho, unos ladrones y unos mentirosos. Ladrones porque están estafando al accionista que les paga para conseguirlo, y mentirosos porque pretenden que todo va bien con su gente, cuando de hecho no es así.

He conocido a más de un supervisor que piensa que mientras todo el mundo esté contento en su sección, todo va sobre ruedas. Se niegan a plantear las deficiencias por miedo a no caer bien, a que la gente se enfade con ellos. Nunca se me había ocurrido pensar hasta qué punto este proceder es deshonesto. Yo creo que mucha gente quiere saber, y de hecho lo necesita, en qué punto están con su líder.

COMPROMISO: Atenerse a las propias elecciones.

El compromiso es, probablemente, el comportamiento más importante de todos. Y por compromiso entiendo sentirse comprometido con los compromisos que se hacen en la vida. Esto es importante porque los principios que estamos discutiendo requieren un enorme esfuerzo, y si no estás comprometido como líder, probablemente acabaras dejándolo y volviendo al poder.

Desgraciadamente, «compromiso» no es una palabra muy popular hoy en día. Si no queremos al niño, abortamos, si no queremos a nuestra mujer, nos divorciamos, y ahora, si no queremos al abuelito, siempre nos queda la eutanasia. Una limpísima y simpática sociedad de usar y tirar…

Sí…, todo el mundo está dispuesto a implicarse, pero no a comprometerse. Y no es lo mismo para nada. La próxima vez que estés comiendo huevos con jamón recuerda esto: ¡la gallina estaba implicada, pero lo del cerdo fue un compromiso!

El verdadero compromiso es una visión del desarrollo personal y del desarrollo del grupo junto con una mejora continua. El líder comprometido está consagrado a un desarrollo integral de su persona y a una mejora continua, se compromete a llegar a ser el mejor líder que puede llegar a ser, el que la gente a la que dirige se merece.

Es difícil trabajar con estos comportamientos, pero no imposible, con el deseo de estar perseverando puede uno alcanzar un buen porcentaje de cada uno de ellos, los cuales son: paciencia, humildad, afabilidad, respeto, generosidad, indulgencia, honradez y compromiso. Servir a los otros y sacrificarse por ellos exige estos comportamientos. Y cuando ya nos hemos forjado esa autoridad con la gente es cuando merecemos ser llamados líderes.

Para finalizar habrá que tener cuidado con la manipulación es, por definición, influenciar a la gente en beneficio personal. Creo que en el modelo de liderazgo con vocación de servicio se influye en la gente para beneficio mutuo.


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Liderazgo y Cooperativismo

El liderazgo y el Cooperativismo

De acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, (INEGI, EDN 2021) y el estudio de demografía de los negocios, cada año un aproximado de 400 mil nuevas unidades económicas inician operaciones a lo largo y ancho de Mexico con la esperanza de lograr consolidar su presencia y productos en el gusto del público, de este universo de nuevas empresas las cooperativas no figuran en la estadística.

La sociedad cooperativa en comparación a los otros tipos de figuras organizativas tiene claras ventajas que le dan sus características de ser organizaciones sin fines de lucro y eso les permite tener acceso a ciertos beneficios como créditos blandos, exenciones fiscales, apoyos en algunos casos de financiamiento del estado a fondo perdido y asesorías para los integrantes, buscando una profesionalización de la actividad económica a la que se dedica la organización.

Cuando nace alguna cooperativa sin importar a que se dedique tiene que competir como cualquier ente economico, es en este momento que el liderazgo asume un papel fundamental para dirigir, orientar, influir, desarrollar y lograr la sostenibilidad que permita a la nueva cooperativa continuar operando sus actividades económicas.

Si bien es cierto el artículo 34 de la LGSC, establece que: La dirección, administración y vigilancia interna de las Sociedades Cooperativas, en general, estará a cargo de los órganos siguientes:

I.- La Asamblea General;

II.- El Consejo de Administración;

III. El Consejo de Vigilancia;

Es decir, la ley confiere un lugar preponderante a los Consejos de Administración y Vigilancia como órganos de gobierno, responsables del ejercicio y administración de la cooperativa, de su vocación democrática y social.

En estas circunstancias estos órganos de gobierno tienen un liderazgo formal en la conducción de la cooperativa, pero que pasa cuando la cooperativa no tiene el suficiente número de socios, para integrar estos órganos. (Para las sociedades de consumidores o productores se requiere un mínimo de cinco personas. Para las de ahorro y préstamo se necesitan, al menos, 25 miembros).

El Consejo de administración debe estar compuesto, por lo menos, por un presidente, un secretario y un vocal. Si la sociedad se compone por menos de 10 miembros, solo es necesario nombrar a un administrador.

Como se puede apreciar el nombramiento de un administrador, recae en aquel socio que reúne las características de liderazgo y reconocimiento de los demás asociados, se le considera con las mayores capacidades para gestionar la actividad económica, crear las condiciones para su sostenibilidad y desarrollo e implica su punto de vista sobre la forma de gestionar la empresa, es decir trabaja sobre su visión personal, esta puede ser aceptada total o parcialmente, mientras de resultados y logre sacar a flote la cooperativa los demás asociados estarán apoyando el esfuerzo.

Cuando uno revisa la literatura sobre el cooperativismo, parece que todas las cooperativas nacen grandes, con procesos establecidos, con una estructura organizacional definida y con los recursos necesarios para sostenerse, pero eso no es asi, en el nacimiento al igual que todas las organizaciones económicas que inician, tienen muchas carencias y los socios que participan en la fundación de la misma tienen que aportar no solo la parte social, su esfuerzo va siempre más allá de lo que se reconoce normalmente, pero “en el caso del líder, no solo pone su esfuerzo, el cual puede tener un sueldo, pone su visión personal, su tiempo laboral y familiar, su energía y compromiso, su ética y valores, sus capacidades y tolerancia, el desarrollo de sus asociados, su formación y  habilidades”,  solo con este tipo de compromiso personal, se logra que la cooperativa vaya creciendo y adquiera estabilidad.

Este tipo de liderazgos son los que muchos años después pueden presentar organizaciones fortalecidas y con recursos, en cualquiera de las actividades económicas: sean de producción, consumo o ahorro y crédito.

Sin embargo, al llegar la cooperativa a cierto nivel de desarrollo y desahogo financiero, el liderazgo enfrenta cambios, sean estos porque se cansó o por que el nivel de exigencia de las nuevas circunstancias de la organización requieran modificaciones que implican riesgos y que el líder no está dispuesto a enfrentar por haber llegado al límite de sus capacidades o de ciclo de desarrollo, sea por los años transcurridos o porque las condiciones han cambiado y no logró transitar en esa etapa, es en este momento donde identificamos liderazgos que dejaron que el tiempo se llevara las oportunidades.

En estos casos es común ver consejos de administración y vigilancia, totalmente integrados con nuevos socios y que se convierten en una constante fricción para este tipo de liderazgos con sus capacidades en decadencia o por agotamiento, por lo que se inicia una nueva etapa donde se convierten los órganos de gobierno en liderazgos intercambiables donde hay momento que los consejos dominan la escena y quieren asumir el control y direccion operativa de la cooperativa y generan alianzas perversas con empleados y socios para tener ese control, en otros momentos vemos los liderazgos formales en la figura de los gerentes o directores que buscan permanecer o controlar la insurgencia de los consejos sea para encauzar sus inquietudes o para  renovar su participación y en los dos casos la asamblea general se convierte en el fiel de la balanza.

Cuando encontramos este tipo de situaciones en una cooperativa es claro que ya tienen un problema de gobernabilidad, no es fácil para estas organizaciones asumir que tienen problemas y que requieren apoyo experto para resolver temas que van más allá de tener un reglamento de ética y de control, la situación se puede complicar si la cooperativa solo realiza actividades educativas para justificar el que está cumpliendo con los principios y valores cooperativos, algo muy común en la vida de estas organizaciones que se dedican a una ligera difusión de los principios y valores, sin formar a sus socios en una filosofía cooperativa, cuando más, los educan para el uso de los servicios que la organización proporciona.

De esta forma el liderazgo encuentra una gran contradicción al querer socios con un buen nivel de conocimientos de las actividades que realiza la cooperativa, sin dedicar presupuesto y acciones para formar a: empleados, dirigentes, socios, proveedores y demás personas vinculadas con la organización.

En el caso de los integrantes de los órganos de gobierno, en la medida que la cooperativa les puede proporcionar apoyos y beneficios, se visten de reformadores sociales en temas que saben no tienen riesgos, son críticos del liderazgo formal del gerente o director con el argumento que ya tiene mucho tiempo en el puesto y generan una participación de grupos de socios donde lo que permea es una aparente obediencia a las normas, facultándose ellos mismos como los intérpretes de las normas externas e internas, para estar en condiciones de generar procesos educativos que parecen, fomentar la democracia y transparencia en una aparente rectitud y cuidado de las leyes que rigen al sector y sus actividades económicas.

Es asi que los socios solo reciben una mínima cultura democrática cooperativa, de forma natural los grupos interesados en el control inician un proceso de ocultamiento de la información básica que se debe entregar a los socios de la cooperativa, vulnerando los derechos de los asociados.

 

Como se puede apreciar el liderazgo es fundamental para el desarrollo de las cooperativas, sin embargo, es muy recurrente en la literatura y eventos cooperativos hablar del potencial del sector, de su compromiso social, de cómo contribuye al empleo y la economia, pero el liderazgo es el gran ausente en el análisis socio economico del sector social.

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por qué fracasan las cooperativas

¿Por qué fracasan las cooperativas?

El aprendizaje organizacional no solo se incrementa con las propias experiencias institucionales, sino también con los casos de éxito y mejores prácticas ajenas.

También de los fracasos es posible extraer enseñanzas, a condición de que se tenga autocrítica y no se recurra a los pretextos clásicos de los dirigentes fallidos, tales como: “el gobierno quiere desaparecer a las cooperativas”, “la regulación financiera nos conduce a la quiebra”, “la ingobernabilidad es parte de la genética cooperativista”, entre otros.

De ahí nuestro propósito de exponer un resumen de nuestra experiencia sobre las principales causas de muerte de cooperativas financieras, así como proponer algunos antídotos eficaces que quizá hubiesen evitado la emisión de su certificado de defunción.

Aunque nuestro análisis se basa en cooperativas financieras (en sus diferentes denominaciones), las causas son aplicables en todo tipo de empresas cooperativas.

Principales causas.

1ª Incompetencia de dirigentes.

Cuando una cooperativa nace, el objetivo que une a los primeros asociados es mejorar su nivel de vida, así como lograr beneficios que en lo individual difícilmente obtendrían. Hay entusiasmo y proyectos ambiciosos que, si son eficazmente dirigidos, empiezan a cristalizarse. La asociación de voluntades crece y se convierte en empresa sólida. Es evidente su crecimiento, pero no necesariamente su desarrollo.

En otras palabras: cuando en una etapa de su vida la cooperativa tiene un crecimiento acelerado, suele presentarse una asimetría entre los nuevos requerimientos de dirección y la capacidad de sus líderes para gestionar el crecimiento. ¿Por qué? Una causa común es que sus dirigentes inflamaron su ego, pero sus competencias empresariales se estancaron.

Como le explicaba al director general de una federación de cooperativas, en virtud de sus malos resultados: “Te atreviste a dirigir un equipo que compite en grandes ligas, pero tus competencias apenas alcanzan para un torneo amateur”. ¿Rudeza? Tal vez sea necesaria en aras del bien común.

Antídotos:

  • Establecer perfiles de puestos especializados, incluyendo los que serían elegidos por la asamblea, sin menoscabo que tendrían un desempeño voluntario.
  • Formación sistemática de consejeros –incluyendo capacitación propedéutica—, a efectos de evitar improvisaciones.


2ª Ingobernabilidad.

Defino la gobernabilidad de la manera siguiente: Es un proceso en el que se mezclan principios, valores, comportamientos humanos, estrategias, decisiones y acciones de los órganos directivos, que tiene por objeto garantizar la estabilidad institucional y el establecimiento de condiciones propicias para el desarrollo integral de la organización cooperativa, así como el cumplimiento de su misión y visión.

Las principales causas de ingobernabilidad son:

  1. Invasión de funciones entre órganos de gobierno o el director general.
  2. Incompetencia de dirigentes.
  3. Disputas por el poder.
  4. Conflictos de interés y corrupción.
  5. Carencia de controles externos (de la autoridad financiera o un organismo cooperativo).

Antídotos:

  • Incorporación de mejores prácticas de gobierno corporativo, incluyendo consejeros independientes que son muy eficaces para evitar el conflicto de interés.
  • Verificación del cumplimiento del código de ética por parte de consejeros y funcionarios, aplicando las sanciones y sustituciones que resulten necesarias.


3ª Mala reputación.

Decía el célebre cooperativista canadiense, Alex Laidlaw, que la primera crisis que enfrentan las cooperativas es la desconfianza pues en sus inicios se debe convencer a los escépticos de las bondades de la cooperación. No obstante, esta crisis también puede presentarse en cualquier etapa de su vida y el cáncer que la lleve a la tumba organizacional.

En el caso de las cooperativas financieras, la confianza es fundamental. De hecho, podemos concluir que, más que servicios financieros, venden confiabilidad y seguridad para los ahorradores.

Veamos un caso típico: la cooperativa financiera se la apropia una persona (director general o presidente del consejo de administración), de tal manera que ahora es reconocida por la comunidad como “la caja de fulano”. Acto seguido, se forma una mafia alrededor del supuesto dueño, la laxitud de controles internos posibilita la corrupción y la sociedad pierde atractivo general.

Al suscitarse un deterioro de la confianza institucional, los ahorradores comienzan a retirarse y a exigir sus depósitos. Cuando ocurren los primeros casos de depósitos no devueltos, el ·chisme” es fuego sobre gasolina y los reclamos de asociados se convierten en bola de nieve que trasciende los límites de la cooperativa, es alimento exquisito del amarillismo en medios de comunicación y se incendian las redes sociales.

Se dirá que la cooperativa sufrió un linchamiento social; la verdad es que ella misma labró su destinó y cavó su propia tumba.

Antídotos:

  • Llevar una gestión de riesgos eficaz, especialmente del riesgo reputacional.
  • Mantener óptimos niveles de liquidez y rentabilidad.
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Principios Rectores del Dirigente Cooperativo

Una precisión conceptual.

En el sector de cooperativas de ahorro y préstamo de México (también llamadas cooperativas financieras), es común utilizar el concepto de “directivo” para identificar a quienes integran los consejos de administración y vigilancia.

Esta denominación se fue forjando desde que inició el movimiento de cajas populares en nuestro país en 1951, cuando aún no se contaba con un director o gerente general ni empleados remunerados que realizaran tareas operativas.

Años después, se normativizó el concepto “directivo” en el artículo 30 de los Estatutos para las Cajas Populares que indicaba: “Son directivos…los socios elegidos por su asamblea o que estén cubriendo una vacante de acuerdo a estos estatutos para integrar los siguientes órganos de gobierno: consejo de administración, consejo de vigilancia y comité de crédito”. (versión de estatutos de 1988). En ese tiempo, el comité de crédito también era considerado órgano de gobierno.

Incluso por esa tradición conceptual, desde 1991 se celebra el Día del Directivo cada 12 de octubre.

Sin embargo, en el lenguaje organizacional el término directivo es aplicable a funcionarios de primer nivel, por lo que sería más adecuado llamar consejeros precisamente a quienes son elegidos para formar parte de ambos consejos.

Como ahora no es nuestro interés entrar en controversias conceptuales –en ocasiones ociosas— llamaremos dirigentes a quienes forman parte del gobierno corporativo de la cooperativa financiera, a saber: consejo de administración y comités y comisiones que lo apoyan en el desarrollo de sus funciones, consejo de vigilancia, director o gerente general, principales funcionarios y puestos claves como el auditor interno y el administrador de riesgos.

A este conglomerado dirigencial le son aplicables los Principios Rectores que en seguida expondremos.

Principios rectores del dirigente cooperativo.

Cuando comencé a asesorar y capacitar a dirigentes de cooperativas hace casi 40 años, difundía como único principio garante de la gobernabilidad el primero que citaremos, es decir, el de Legalidad. Posteriormente, la experiencia me ha conducido a incorporar otros adicionales.

En esta ocasión, se exponen los que considero fundamentales para forjar un buen gobierno corporativo, los cuales deben observarse permanentemente por el dirigente de cooperativas financieras.

1º Principio de Legalidad.

El principio fundamental para garantizar la gobernabilidad y la estabilidad institucional se denomina de “Legalidad” o “Autoridad”, que consiste en lo siguiente: Quien sea considerado como órgano de gobierno estará supeditado en forma estricta al principio jurídico de AUTORIDAD. El principio de referencia señala que “la autoridad sólo puede hacer hasta lo que la ley le señale”.

Este principio implica el respeto absoluto de las funciones que le corresponden a cada quien.

A este principio lo complementa el principio de LIBERTAD que indica: “El individuo puede hacer todo aquello que la ley no le prohíbe”. Es decir: en este caso, lo no prohibido estará permitido para el socio.

2º Principio del marco normativo eficaz.

Es necesario un marco normativo eficaz, considerando que la Ley General de Sociedades Cooperativas determina precisamente “generalidades”, por lo que la cooperativa debe establecer normas internas claras, precisas y no expuestas a interpretación. Además, las buenas prácticas de gobierno corporativo que se pretendan implementar, deben convertirse en normas formales para que no queden en simples intenciones o modas pasajeras.

Esta normatividad sobre gobernanza cooperativa se concentra en bases constitutivas, código de ética, manual de buenas prácticas de gobierno corporativo, reglamentos de consejos y comités, entre otros.

Sin embargo, es necesario considerar que la Asamblea General eventualmente aprueba pocas normas jurídicas internas (bases constitutivas y, en su caso, un reglamento interno o equivalente), y que el mayor volumen de ellas corresponde al gran legislador institucional que es el consejo de administración. Por lo tanto, si este órgano de gobierno se autoimpondrá normas, debe desempeñar esta función con total honestidad y responsabilidad social, a efectos de procurar el bien común y no incurrir en conflicto de interés.

3º Principio del desempeño profesional.

El hecho de que la cooperativa de ahorro y préstamo sea considerada “intermediario financiero” y participe formalmente en el sistema financiero, implica la profesionalización directiva y operativa en todos los niveles organizacionales. Por lo anterior, es necesario establecer perfiles especializados de los miembros de los consejos de administración y vigilancia, así como del director o gerente general y principales funcionarios. Todos deben contar con competencias técnicas y conocimientos acordes a las decisiones que van a tomar.

En los consejos de administración y vigilancia, respectivamente, los acuerdos deben tomarse de manera colegiada, lo cual implica que solamente serán válidos cuando se toman en juntas formales, convocadas y celebradas reglamentariamente, teniendo el quorum requerido y con la mayoría de votos estipulada.

4º Principio de las decisiones con responsabilidad social.

Las decisiones que impliquen gran impacto financiero o reputacional, deben tomarse con prudencia y claridad de los riesgos que se asumen, así como orientarlas al bien común de la sociedad cooperativa y la protección de su patrimonio.

Un buen ejercicio mental consiste en tomar decisiones como si el dinero utilizado es de nuestra propiedad personal, y su minusvalía o pérdida nos afectaría.

También repercutirán en costos de oportunidad las omisiones ante una gestión gerencial deficiente o la parálisis por conflictos internos, así como la falta de previsión sobre los cambios que deben impulsarse para que la cooperativa siga desarrollándose. En estricto sentido, las omisiones directivas y la falta de previsión también son decisiones implícitas, sin que se plasmen en un acuerdo formal.

5º Principio de la solución eficaz de conflictos.

A cada uno de los integrantes del gobierno corporativo se les otorga poder, el cual puede utilizarse para generar bien común o causar daño a la sociedad cooperativa. Además, lo ejercen personas que están expuestas a reaccionar con emociones negativas que derivan en conflictos y guerras internas. De hecho, las crisis de gobernabilidad ordinariamente inician con un conflicto interpersonal que se convierte en “bola de nieve” al paso del tiempo porque no fue debida y oportunamente atendido.

Por lo anterior, los conflictos internos deben detectarse y atenderse rápida y eficazmente, teniendo como sustento la normatividad aplicable, el sentido común y la madurez de las partes para resolverlo.

6º Principio de la rendición de cuentas.

La representación se da en cascada. Los socios nombran delegados a la Asamblea General y estos, a su vez, eligen a los miembros de los consejos de administración y vigilancia. El consejo de administración contrata un director o gerente general, el cual designa a sus principales colaboradores quienes van delegando funciones y responsabilidades en forma descendente.

Pero cualquier delegación de responsabilidades, es sujeta de evaluación y, en su caso, de reconocimiento o sanción. Por lo tanto, es necesario un sistema eficaz de rendición de cuentas de forma ascendente, basado en metas de gestión e indicadores relevantes.

7º Principio de la mejora continua.

La gestión del dirigente cooperativo debe ser acorde a los tiempos modernos y orientada por una visión de futuro, buscando siempre la trascendencia organizacional. Para ello, es necesario tener pasión por la mejora continua.

El dirigente actual está obligado a ser un profundo conocedor del entorno en que se desenvuelve su cooperativa y de los factores económicos, financieros, tecnológicos y competitivos que la afectan. Igualmente, debe conocer, adaptar e implementar las mejores prácticas corporativas, tanto de empresas cooperativas como del sector privado.

Una eficaz estrategia para consolidar el aprendizaje organizacional de nuestra cooperativa es relacionarse y convivir con empresas emblemáticas, ya que el éxito suele ser contagioso.

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