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Promotora e Incubadora de Organizaciones Solidarias

¿Crecimiento o Desarrollo de las Cooperativas?

Fermín Olalde

Crecimiento o Desarrollo de las Cooperativas?

¿Crecimiento o Desarrollo de las Cooperativas?

Es muy interesante ver cómo va cambiando la cultura en el mundo.

Desde la antigüedad, tener una descendencia numerosa era un signo de fecundidad y bendición.

Todavía en las primeras seis décadas del siglo XX las familias en México por lo general eran numerosas.

A los padres de familia les representaba un esfuerzo importante atender todas las necesidades de sus hijos: Alimento, atención médica, ropa, educación, etcétera.

En 1972 inició la aplicación de un programa de salud a la madre y al niño, planificación familiar y paternidad responsable, pero fue hasta octubre de 1977 cuando se aprobó la Ley de Planificación Familiar y de ahí se desprendió una campaña de concientización sobre el control natal bajo el lema: “La familia pequeña vive mejor”.

Sin embargo, fue hasta en las últimas dos décadas del siglo XX que esa nueva cultura empezó a dar frutos.

Ahora, en el siglo XXI, cada vez es más común ver que las parejas jóvenes prefieren tener pocos hijos, conscientes de que es necesario atenderlos mejor.

Y…¿qué relación hay entre un tema demográfico y las cooperativas?.

Bueno, porque recuerdo que allá por la década de los setentas y ochentas, las federaciones otorgaban reconocimientos a las Cajas que llegaban a cierto número de socios, por lo tanto, el crecimiento en membresía era un logro importante para las cooperativas.

Era la cultura de ese tiempo y tal vez lo sigue siendo en la actualidad, sin embargo, poco a poco se ha ido tomando conciencia de que no solo es importante tener muchos socios sino atender sus necesidades de manera integral.

Lo mejor es que en una cooperativa se trabaje por lograr un desarrollo equilibrado el cual contiene implícitamente el crecimiento.

Pienso que, por responsabilidad social, debemos seguir creciendo.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2021 emitida por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y el INEGI, el 49.1% de la población de 18 a 70 años (41.1 millones de personas) en México tenía una cuenta en un banco o institución financiera. En 2018 dicha proporción era de 47.1% (Se incrementó dos puntos porcentuales en un periodo de tres años).

Siguiendo esta tendencia, lo más seguro es que para este 2024 el porcentaje se eleve alrededor de un 51%.

Esto significa que aún nos falta promover la inclusión financiera en la mitad de ese segmento de población. Tenemos mucho por hacer.

Pero también es necesario tomar conciencia que cuando ingresa un nuevo socio a la cooperativa, debemos atender todas las necesidades propias de nuestra esencia y objeto social.

¿Qué espera un socio cuando ingresa a una cooperativa?

Seguramente servicios financieros de ahorro o inversión y opciones de crédito en condiciones adecuadas como monto, plazo, forma de pago y tasas competitivas de interés.

Pero eso no es lo único que debemos atender.

Así como a un hijo hay que proporcionarle educación —académica y ética— también a cada socio hay que proveerle de educación, formación e información. Eso establece el quinto principio cooperativo.

También necesita seguridad. Que la forma en que administremos la cooperativa garantice que sus ahorros están seguros, que no se van a perder.

Punto importante es la seguridad de la información, la confidencialidad, integridad y protección de sus datos personales y de las operaciones que realice en la cooperativa.

Indicadores financieros sanos, un sistema eficaz de control interno y calidad en el servicio son otros elementos necesarios en ese desarrollo integral.

¿De qué le serviría a una empresa presumir ser la más grande del país si la calidad en el servicio a sus clientes es deficiente?

Una excelente atención personal, procesos ágiles, productos financieros atractivos y accesibles, instalaciones cómodas y un largo etcétera es lo que representa no solo crecer sino ser una cooperativa eficaz y eficiente con sus socios.

Así es que sí, es importante seguir creciendo, nuestro país necesita que las cooperativas contribuyan a la inclusión financiera de los mexicanos, pero hay que hacerlo de forma responsable e integral.

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Lealtad cooperativa

Lealtad Cooperativa

He observado que diferentes marcas —inclusive algunas cooperativas de ahorro y crédito— otorgan a sus clientes —o socios— beneficios especiales para premiar su lealtad.

Sin embargo, si analizamos la mecánica para obtener estos premios, en la mayoría de los casos se otorgan en función a las compras o transacciones realizadas.

Todo esto me parece bien, pero creo que el término “lealtad” es más profundo y tal vez, inclusive más difícil de premiar.

Quiero compartir mi opinión respecto a lo que representa esta virtud y su aplicación práctica en las cooperativas en el entendido de que la única forma de crear lealtad de socios, dirigentes o colaboradores es a través de la formación.

Ya lo dice una frase muy común en el argot de cultura organizacional: “Nadie ama lo que no conoce”.

Empezaré afirmando que la vida en las cooperativas es similar a la vida de las personas, tiene sus altas y sus bajas.

Hay etapas de estabilidad, de tranquilidad, de progreso, pero también hay otras donde se tienen que afrontar adversidades muy fuertes.

Supongamos que una cooperativa entra en crisis.

Por ejemplo, un problema en la administración del crédito puede provocar varios efectos: Un alto índice de cartera vencida, la constitución elevada de reservas para riesgos crediticios, déficit (pérdidas acumuladas en el ejercicio), falta de liquidez, etcétera.

Pero no todos los problemas son de índole financiero también los hay sociales. Es el caso cuando quiebra una Caja en algún lugar del país y de inmediato se deteriora la imagen de las demás Cooperativas que forman parte del sector.

Y otros casos como problemas graves de control interno —un fraude, por ejemplo— o inclusive problemas de gobernabilidad.

Ejemplos como esos desestabilizan a la cooperativa y es cuando aparece una reacción natural que tenemos los seres humanos: El miedo.

Si un socio empieza a escuchar rumores u observa señales de que hay problemas en su Caja, lo más natural es que desee retirar sus recursos de ésta y llevarlos a un lugar más seguro.

En ese mismo caso, si quienes lo perciben son los dirigentes o los colaboradores, la reacción natural es renunciar.

En pocas palabras, cuando hay problemas, la tendencia natural es dejarlo todo y salir corriendo de ahí lo más pronto posible, pero es en ese momento en el que se prueba la verdadera lealtad.

Dicen que en los momentos difíciles es cuando se conocen a los verdaderos amigos y en las cooperativas no es la excepción.

La lealtad cooperativa no se refleja solo cuando el socio prefiere y hace uso de los servicios y beneficios de la Caja, también se refleja en los momentos de tribulación.

Ahora bien, para explicar cómo debiera ser la actitud de los socios, dirigentes y colaboradores en un momento de adversidad en su cooperativa me gustaría compartir un cuento que le escuché al empresario mexicano descendiente de migrantes japoneses, Carlos Kasuga, director general de Yakult una vez que tuve el privilegio de asistir a una de sus conferencias.

El cuento se llama: “El bosque incendiado y el gorrioncito” y más o menos dice así:

“Había una vez un bosque muy hermoso donde vivían muchos animales.

De repente ese bosque se empezó a incendiar y todos los animalitos, presa del pánico empezaron a huir.

Solo un gorrioncito, en lugar de huir, se dirigió hacia el rio, mojó sus alitas, voló sobre las llamas del incendio y dejó caer una o dos gotitas de agua.

Luego vuelve al rio, moja sus alitas, revolotea sobre las llamas y de nuevo deja caer una o dos gotitas de agua.

El elefante lo ve y le dice: “Gorrioncito, no seas tonto, huye, huye como todos nosotros, no ves que te vas a quemar”. Esas gotitas que tu dejas caer no serán suficientes para apagar ese incendio tan grande”

Pero el gorrioncito se voltea y le dice: “No, este bosque me ha dado todo, me ha dado hogar, me ha dado alimento, familia, amigos y, sobre todo, me ha dado felicidad, y no importa que yo me muera en el intento, por simple lealtad voy a tratar de salvarlo”.

Dicho esto, el gorrioncito vuelve al rio, moja sus alitas, revolotea sobre las llamas y deja caer una o dos gotitas sobre el bosque incendiado.

Ante esta actitud, Dios se compadece y deja caer una tormenta tan fuerte que termina apagando el incendio.

Al poco tiempo, el bosque vuelve a florecer y todos vuelven a ser felices, incluso más felices que antes”.

Así como en el cuento, el miedo es muy natural en momentos de crisis, pero también es necesario tomar consciencia y sacar valor de nuestra flaqueza.

Tal vez usted le ha dado tiempo, dinero, esfuerzo, dedicación a su cooperativa, pero también ésta le ha dado mucho: Aprendizaje, valores, servicios, desarrollo, amigos, sea que recibamos un salario o un servicio, con eso hemos podido sostener a nuestra familia.

A lo largo de mis treinta y siete años de laborar en una cooperativa una de las frases más comunes que escuché de parte de los socios fue: “Gracias a Dios y a la Caja tengo esto o aquello”.

Por eso, cuando hay una crisis lo que procede es no abandonarla en los momentos en que más nos necesita.

“Morirnos en la raya” y luchar por reestablecer el orden y la estabilidad de la cooperativa.

Trabajar duro aun a sabiendas de que nuestros pequeños esfuerzos son como esas gotitas de agua que el gorrioncito dejaba caer en el incendio.

Ya lo dijo la Madre Teresa de Calcuta: “Es cierto que nuestras acciones son como una pequeña gota en medio del mar, pero también es cierto que el mar no sería el mismo sin esa pequeña gota”

Y cuando todos, socios, dirigentes y colaboradores nos ponemos a trabajar de forma unida y organizada, es cuando la cooperativa logra superar la adversidad y se fortalece.

Eso tiene un nombre: Resiliencia.

Y cuando haya pasado la tempestad hay que estar consciente que fue nuestra actitud y nuestra lealtad la que generó la ayuda Divina.

Será en ese momento que escucharemos en nuestro interior la voz de nuestra cooperativa que nos dice: “Gracias, porque cuando muchos me abandonaron tú te mantuviste de pie, a mi lado”.

Y eso, es algo que solo Dios puede premiar.

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Vínculo Cooperativo

Vínculo Cooperativo, un tema toral

La acción de cooperar es tan antigua como la humanidad, pero la historia reconoce los inicios del cooperativismo en Rochdale, Inglaterra, en el año 1844.

En plena época de la revolución industrial un grupo de 28 tejedores —27 hombres y una mujer— formaron la “Sociedad de los Justos Pioneros de Rochdale”, la primera cooperativa en el mundo. Una cooperativa de consumo.

Ya antes se habían hecho intentos para formar empresas de este tipo, pero a ellos se les reconoce como los iniciadores del cooperativismo universal debido a que sus principios y valores prevalecen hasta nuestros días.

Cuatro años más tarde, en 1848, al alcalde Friedrich Wilhelm Raiffeisen y el abogado y político Hermann Schulze-Delitzsch iniciaron las Cooperativas de Ahorro y Crédito en Alemania.

De ahí se propagaron por toda Europa y fue el canadiense Alphonse Desjardins quien fundó las primeras Caisses Populaires en América del Norte.

Años después, en 1951, los sacerdotes Pedro y Manuel Velázquez trajeron directamente de Canadá, el modelo cooperativo que se aplica hoy en día en México.

En resumen, las cooperativas de Alemania nos llevan más de un siglo de adelanto.

A finales del siglo XX las Cajas de ahorro y Bancos Cooperativos en España representaban un porcentaje mayoritario del sistema financiero español.

Algunas Caixas —como les llaman allá— eran más grandes y con mayor solvencia que muchos bancos.

En México, en ese tiempo estábamos “en pañales” en cuanto al desarrollo del movimiento cooperativo.

El gobierno federal tenía poco tiempo de haber volteado a ver a las cooperativas de ahorro y crédito para establecer un marco regulatorio adecuado al tipo de operaciones que realizan, pero esto había sido originado más por los problemas sociales ocasionados por la quiebra de algunas Cajas que como una estrategia de impulso el sistema cooperativo y al desarrollo la economía y la inclusión financiera.

En noviembre del año 2004 tuve la oportunidad de visitar algunas cooperativas en Alemania. Fue una experiencia muy enriquecedora.

En ese tiempo ese país europeo atravesaba un problema generacional. Ya tenían algunos años —desde la época de la postguerra—, que las parejas no deseaban tener descendencia.

Ese fenómeno provocó que a principios del siglo XXI los ciudadanos, en su mayoría eran adultos, muchos en plenitud o adultos mayores.

Era muy notorio que cuando salíamos a las calles casi no se veían niños. Gran parte de la población infantil era de origen turco.

En lo referente al tema cooperativo había una situación paradójica.

La imagen, la tecnología y los servicios de ahorro y crédito de algunas cooperativas estaban muy avanzados.

En las sucursales de algunas cooperativas alemanas ya no había cajeros, es decir, personas desempeñando dicha función.

El área de recepción de depósitos y pagos estaba ocupada por cajeros automáticos.

La forma de tramitar y otorgar los créditos también era diferente.

El crédito al consumo se atendía a través de pequeños quioscos ubicados en la sucursal en los cuales los mismos socios podían realizar sus trámites.

¡Era un sistema de autoservicio!

El socio capturaba su información y de manera automatizada, a través de sistemas paramétricos, el crédito se analizaba, se resolvía y si resultaba autorizado, el mismo sistema realizaba la transferencia a su tarjeta de débito.

Ese mismo proceso que el socio podía hacer en los quioscos lo podía realizar desde la comodidad de su domicilio, en su computadora.

Por lo que respecta a lo que conocemos como Crédito Hipotecario y Crédito Comercial, había personal especializado que atendía los trámites en oficinas regionalizadas.

Pero el éxito económico de una cooperativa no lo es todo.

La persona que fue nuestro guía en ese viaje nos explicó que, producto de su desarrollo financiero y de su avance en sus sistemas tecnológicos, en algunos casos los socios habían perdido el vínculo con la cooperativa.

¿Cómo explicaré la gravedad de la situación?

En la actualidad, en nuestro país, los socios tienen un vínculo con sus cooperativas.

Un vínculo es un enlace, una unión o identificación entre el Socio y la Caja. Es algo que fortalece la relación entre ambos.

En nuestro caso, ese vínculo se encuentra en la sucursal. Y no me refiero solo al inmueble a donde los socios acuden a recibir los servicios de la Caja. Me refiero también a la relación que tiene el personal con los socios.

En Alemania, en algunas cooperativas, los socios yo no necesitaban acudir a una sucursal ni tener contacto personal, todo era sistematizado.

Si deseaban realizar un depósito a sus ahorros o un retiro, lo podían hacer a través de una transferencia interbancaria o en un cajero automático.

Si deseaban tramitar un crédito, estaban los quioscos, los trámites por internet y la única lucecita que brillaba a través de personas eran los créditos hipotecarios o comerciales, que, dicho sea de paso, eran los menos.

Luego entonces, la relación del socio con la caja era meramente comercial.

Por fortuna todavía podían llamarse cooperativas pues aplicaban varios de los principios que les dieron origen.

Aún realizaban Asambleas y decidían el destino de sus excedentes, pero, por ejemplo, en relación al quinto principio, el de Educación Cooperativa, estaba totalmente desatendido.

En México, —y supongo que en Latinoamérica— todavía hay personal de las cooperativas que identifican bien al socio.

Saben quién es, dónde vive, a qué se dedica, si ahorra constante y sistemático o si paga puntualmente sus créditos.

De igual manera, el socio identifica al personal y hasta llega a entablar cierta amistad con él.

En resumen, es una relación más allá de lo comercial.

Durante mi viaje de regreso, esa problemática por la que algunas cooperativas alemanas estaban atravesando no dejaba de dar vueltas en mi mente porque lo mismo nos podría pasar en un futuro.

Haciendo una analogía, es como cuando una familia, en sus orígenes, tiene recursos limitados, pero, los papás y hermanos se esfuerzan, se conocen bien, se comunican y principalmente, se aman.

Luego, el destino los favorece y empiezan a mejorar económicamente al grado de que gozan de muchas comodidades, pero en contraparte, pierden esa sencillez que los caracterizaba, la comunicación, la identidad y ese afecto que tenían antes.

Es por eso que, desde entonces, las veces que puedo, sugiero a los miembros de las cooperativas que nunca dejen de aplicar los principios y valores del cooperativismo universal, pero, además, que no se pierda ese vínculo que hoy en día existe en las cooperativas.

El futuro va a cambiar para las cooperativas de Latinoamérica como está cambiando en Europa.

Pienso que las cooperativas nos tendremos que reagrupar y formar un sistema financiero más compacto.

Veo la necesidad de afrontar el desafío de ponernos al mismo o mejor nivel que los bancos, tanto en servicios como en seguridad de la información.

Pero para prever lo que les pasó a algunas cooperativas en Alemania, veo la necesidad urgente de considerar en nuestros planes estratégicos la conservación del vínculo entre el socio y su cooperativa.

Me parece que ese es un tema toral.

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El camino de las cooperativas

El camino

Había una vez una familia en la que los padres inculcaron buenos principios y valores a sus hijos.

Cuando los hijos llegaron a la mayoría de edad, empezaron a trabajar, a tener éxito y a tomar sus propias decisiones.

Algunos aplicaron las enseñanzas inculcadas por sus padres, pero otros las consideraron arcaicas —obsoletas, pasadas de moda— y optaron por no aplicarlas.

Con el paso del tiempo, cada uno gozó o sufrió las consecuencias de sus decisiones.

Esta misma historia sucede con las cooperativas.

La mayoría iniciaron trabajando bajo los principios y valores del cooperativismo universal.

Unas se han modernizado, su imagen y sus servicios son muy similares a los de las instituciones bancarias, pero hacen esfuerzos importantes por conservar su esencia.

Otras, también iniciaron así pero cuando empezaron a crecer y a tener éxito, un día consideraron que esa filosofía era “arcaica” y tomaron la decisión de seguir otro camino diferente al cooperativismo.

Al final cada una goza o sufre las consecuencias de sus decisiones.

Y como es de suponerse, la diferencia entre seguir un camino y otro, la hacemos las personas, y hoy quiero referirme a los tres elementos que las personas debemos desarrollar para que una cooperativa siga operando como tal.

  1. Conocimiento.
  2. Convicción.
  3.  Voluntad.

Cuando una persona ingresa a las filas de la cooperativa, sea en el ámbito societario, dirigencial u operativo, y no conoce, es bien fácil que deseé cambiar el rumbo de ésta.

Por eso es importante que toda persona que ingresa a una cooperativa conozca los motivos que originaron que en diferentes partes del mundo exista esta forma de organización social.

Es recomendable que conozcan la historia, desde Rochdale hasta nuestros días, pero en especial la historia de su cooperativa, en su comunidad, en su localidad. ¿Cómo empezó todo? ¿Quién o quiénes iniciaron? ¿Qué los motivó a hacerlo? ¿Qué esfuerzos y sacrificios ameritaron?

Luego hay que transmitir y guiarles en la interpretación adecuada de cada uno de los principios y valores establecidos por la Alianza Cooperativa Internacional.

Todo esto lo debemos saber, socios, dirigentes y colaboradores.

Entre más alto sea el nivel de responsabilidad de una persona en la cooperativa más conocimiento debe tener de sus orígenes, principios y valores del cooperativismo.

Ahora hablemos de la convicción. El conocimiento, en sí mismo, no nos sirve de mucho si no está asociado con la convicción.

Pero, ¿cómo se adquiere la convicción? Ahí interviene un elemento importante: El liderazgo. Los lideres son los primeros que tienen que estar convencidos para poder inspirar a los demás. El otro elemento es la vivencia. Que cada persona experimente lo que se dice. Que haya congruencia entre la idea y la práctica.

Si a un socio se le habla del valor de la ayuda mutua tiene que sentirlo, vivirlo en carne propia, encontrarle sentido a los servicios que recibe de su cooperativa.

Cuando una persona experimenta algo que originalmente era una idea, se convence de que es real.

Todos los líderes de una cooperativa deben estar convencidos que de aplicar los principios y valores del cooperativismo es lo único que les permitirá mantener su esencia.

Y el tercer elemento es la voluntad. Podemos tener conocimiento y convicción, pero hace falta querer, es decir, la firme decisión de que nuestra empresa siga siendo cooperativa.

Pareciera que este último elemento no tiene tanta importancia, pero debemos recordar que la integración de nuevos elementos en las filas de la cooperativa tanto en el ámbito operativo como en el dirigencial vendrá acompañada de nuevas ideas y siempre será una tentación dejar de aplicar prácticas cooperativistas por considerarse “arcaicas” en afán de la modernización.

Ante el éxito económico que se va teniendo, siempre será una tentación convertirse en una figura jurídica distinta a la de cooperativa.

Entonces debe prevalecer la voluntad de seguir siéndolo.

La modernización y la eficiencia empresarial no debe reñir con la esencia cooperativa, más bien, se complementan.

Debemos aspirar a ser cooperativas rentables, lideres en el mercado financiero, con procesos y servicios de calidad, con mecanismos de seguridad iguales o mejores que los de los bancos, pero sin renunciar a nuestros principios y valores.

Para finalizar, quiero compartirles una historia.

Hace mucho tiempo, un grupo de personas provenientes de diferentes cooperativas de todo el país se reunieron para asistir a un congreso.

Mientras convivían felizmente en la hora de la comida, el Gerente General de una de ellas expresó con aire de presunción que su cooperativa estaba por entrar a una etapa de “actualización” y que, entre los cambios que querían aplicar, estaba la suspensión de las actividades educativas y la eliminación de las Asambleas.

—Son procesos muy costosos que podemos evitar —dijo.

Muchos de los presentes se quedaron atónitos.

—Entonces, ¿dónde quedó el segundo principio cooperativo? —preguntó alguien—El del control democrático de los socios.

—Y el quinto principio también, —complementó otra persona — el de la educación.

El líder de esa cooperativa contestó tranquilamente:

—Tanto mis dirigentes como yo, pensamos que en lo que debemos enfocarnos es a fortalecer los aspectos empresariales y la calidad en el servicio. La filosofía romántica no nos ayudará a mantenernos en el mercado ni a competir con los grandes jugadores financieros.

Otro de los ahí presentes le comentó:

—Si tu piensas que la democracia o la educación son costosas, espera a ver el precio tan alto que pagarás al no invertir en ellas.

Palabras proféticas. Hoy en día, la cooperativa a la cual pertenecía ese líder dejó de serlo y siguió otro camino.

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Reducir cartera vencida

Recomendaciones para reducir la Cartera Vencida

Había una vez un hombre que tenía un pozo en el cual el agua debía mantener hasta cierto límite máximo, sin embargo, siempre estaba excedido del límite al grado de que el agua se desbordaba del pozo. Para resolver el problema, el hombre se pasaba todo el día sacando el agua con un balde, pero por más esfuerzos que hacía, no lograba reducirlo al nivel deseado.

En la vida hay ocasiones en que llamamos “problema” a algo que más bien es un efecto, una consecuencia originada por una causa mayor.

En las cooperativas de ahorro y crédito sucede algo similar cuando se tiene un alto índice de cartera vencida. A veces consideramos que es nuestro principal problema, sin embargo, es solo el efecto, la consecuencia de una o varias causas que la originan.

Hoy quiero compartir mi experiencia respecto a cuáles son los tres sistemas que es recomendable revisar para reducir la cartera vencida.

El primero es el sistema de Educación Cooperativa.

Si un socio no cumple con sus compromisos de pago, puede deberse a dos razones: O se está enfrentando a una situación adversa imprevista (por ejemplo, una enfermedad, la pérdida de su fuente de ingresos, etcétera) o es un reflejo de que aún no se encuentra educado en el valor de la responsabilidad.

En el primer caso, lo recomendable es tener una comunicación inmediata con el socio para ayudarle a buscar soluciones que le permitan atender lo más pronto posible su situación.

Respecto al segundo caso, es necesario aplicar acciones de educación cooperativa.

Un socio con un nivel adecuado de educación cooperativa no necesita que le llamen por teléfono ni que le envíen cartas ni gestores ni abogados para recuperar su adeudo ya que aplica el valor cooperativo de la responsabilidad.

La educación cooperativa no solo debe limitarse a la realización de reuniones, sino que debe estar implícita en cada etapa de los procesos operativos.

Voy a utilizar un ejemplo sencillo. Imaginemos que un ejecutivo está por entregarle un crédito a un socio.

¿Qué pensaría usted si lo que le informa el ejecutivo al socio es algo como lo siguiente?:

 “Su crédito fue autorizado por diez mil pesos a un plazo de diez meses, por lo tanto, sus abonos mensuales serán de mil pesos y su fecha de pago será los días trece de cada mes. La tasa que le corresponde es del 2% mensual sobre saldos insolutos”

En lo general bien, ¿verdad? Es la información básica que se le dice al socio, pero eso solo es información, falta la formación. Entonces para complementarlo, pienso que podría agregar algo como lo siguiente:

“El dinero que usted está por recibir proviene de las aportaciones de otros socios, por lo tanto, es importante que realice sus pagos puntualmente con el fin de que la cooperativa siga sirviendo a los demás.”

Ese párrafo, si lo midiéramos en tiempo, nos llevaría unos veinte segundos y va orientado a que el socio tome conciencia de dos cosas: Del origen de los recursos que se está llevando y la importancia de retornarlos de forma puntual.

A eso le llamo yo “una cápsula de formación cooperativa”. De esa manera, el ejecutivo de crédito es también un educador.

Como ese ejemplo hay muchos y si eso se repite cada vez que el socio acude a la Caja, es como se va logrando un cambio positivo en sus hábitos y actitudes, es decir, en su educación cooperativa.

El segundo sistema a revisar es el de Crédito.

Imagine usted que no labora en una cooperativa de ahorro y crédito sino en una fabrica de zapatos o de galletas, o de lo que sea.

Si el producto final está saliendo defectuoso, ¿trataría de corregir el producto hasta el final o revisaría que cada etapa del proceso de producción se realice de forma efectiva desde un inicio?

Por eso es conveniente revisar reglamentos, políticas y procedimientos de crédito desde el inicio, es decir, desde la forma en que se está obteniendo la información en el momento en que el socio acude a presentar su solicitud.

También en el momento en que se realiza el análisis del crédito y se definen las condiciones que se pactarán con el socio: Plazo, fecha y forma de pago, tasa, etcétera.

Quiero poner un ejemplo muy sencillo relacionado con la fecha de pago: Si un socio recibe su crédito el día veintitrés de junio, hay cooperativas en las cuales establecen por default su fecha de pago para los días veintitrés de cada mes.

Pero si ese socio recibe sus ingresos por quincena, pueden ocurrir dos cosas:

Si el socio es organizado y previsor (aquí nuevamente resalto la importancia de la formación cooperativa), dará su primer pago quincenal el día 30 de junio y su segundo pago el 15 de julio. De esa forma, para cuando llegue el 23 de Julio su préstamo estará al corriente.

Pero hay una realidad, no todos los socios son organizados ni previsores. Más de alguno tendrá en mente la fecha del 23 de julio para dar su pago, pero como todavía no ha recibido sus ingresos quincenales, lo dará hasta el 31 de Julio, generando así un atraso.

Esa situación se puede resolver teniendo el cuidado de establecer sus pagos en la fecha más cercana al día que reciba sus ingresos.

En el caso del ejemplo en que el socio recibe sus ingresos por quincena, aunque haya recibido su crédito el día 23, ¿por qué no asignarle su fecha de pago el día primero o el día dos?

Otro ejemplo es cuando no se realiza una adecuada evaluación de la solvencia moral, la capacidad de pago o la viabilidad del proyecto de inversión.

Cuando uno analiza de forma retrospectiva el expediente de un crédito que se encuentra en cartera vencida se puede detectar si al momento del análisis había elementos que ya reflejaban la alta posibilidad de incumplimiento.

Existe un concepto que, en mi opinión, sería conveniente que cada cooperativa lo implementara: El índice de mora temprana.

Consiste en medir qué porcentaje de los créditos otorgados en un mes determinado se atrasan inmediatamente al mes siguiente a su contratación. A través de este índice estamos evaluando la calidad de la producción de créditos.

Este dato se puede obtener por persona o instancia facultada para autorizar créditos. Aquí se puede detectar si la generación de la morosidad se está dando en todas las instancias o solo en alguna en lo específico.

Cuando un crédito está bien analizado y otorgado, tiene menos posibilidades de que incurra en morosidad o en cartera vencida.

Cuando me refiero al término “Morosidad” es cuando el crédito presenta incumplimiento en sus pagos, pero aún no reúne las características establecidas en las reglas de operación para considerase vencido en su totalidad.

El término “Cartera Vencida” es cuando ya reúne las características para darse por vencido.

Otra de las áreas de oportunidad que presentan algunas cooperativas es que no miden su índice de morosidad, solo el de cartera vencida.

El tercer sistema a revisar es el de Cobranza.

El secreto para tener un sistema de cobranza efectivo es lograr la recuperación del pago atrasado lo más pronto posible.

Para ello, es conveniente adoptar un método predictivo de tal forma que a aquel socio que siempre ha pagado puntual y un día se atrasa, no lo molestaremos de forma inmediata, pero para aquel socio que estadísticamente siempre se atrasa, es necesario detonar las gestiones de forma preventiva o correctiva.

Entre más tiempo se tarde la cooperativa en recuperar un pago pendiente más difícil será su recuperación.

Las gestiones tienen que ser graduales. Algunas pueden ser preventivas basadas en un sistema predictivo, otras, administrativas a través de llamadas telefónicas o mensajes de texto o visitas personales. Finalmente, las gestiones extrajudiciales y judiciales.

La mejor forma de evitar que una cooperativa tenga que contratar un ejército de gestores o de abogados es lograr que la recuperación de cartera se realice de forma oportuna en la etapa administrativa.

Hay muchos más aspectos por considerar en el sistema de recuperación, por ejemplo, la forma de aplicar la cobranza extrajudicial, judicial o legal, el control de embargos y adjudicaciones, los procesos de castigo o eliminación de cartera, etcétera.

Tener una cartera de crédito sana tiene muchos beneficios, principalmente se garantiza la continuidad de la operación de la cooperativa, se tiene liquidez suficiente, el nivel de constitución de reservas para préstamos incobrables es moderado, por consecuencia el resultado del ejercicio es superávit y se tendrá un nivel de capitalización adecuado.

Así es que, si su Cooperativa es de las que sufre de altos índices de cartera vencida, no trate de pasarse la vida sacando cubetadas de agua del pozo, más bien, identifique el lugar por donde se está filtrando el agua y tápelo.

Es momento de hacer un alto, revisar y ajustar lo que corresponda.

Es verdad que representa un esfuerzo, pero es un compromiso que tenemos con nuestros socios como respuesta a la confianza que han depositado en nosotros al confiarnos sus ahorros.

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el examen

El examen

Ese día llegué puntual a la reunión regional convocada por nuestro jefe el subdirector.

Entré a la sala y vi que ya estaban acomodadas las sillas y mesas formando una herradura.

Conforme fuimos llegando las dieciocho personas que estábamos convocadas, nos acomodamos en las sillas de nuestra preferencia y esperamos a que diera inicio la reunión.

Nuestro jefe se caracterizaba por ser muy puntual para iniciar las juntas.

Tengo que ser sincero, ese día me pesó que me hayan citado a esa reunión. Mi equipo y yo no estábamos logrando las metas de crecimiento y me pareció que hubiera sido más productivo quedarnos en nuestro centro de trabajo a laborar, pero pues, órdenes son órdenes.

El subdirector llegó sonriente y saludó con amabilidad a toda la audiencia. Cerró la puerta de madera que daba acceso a la sala, nos dio la bienvenida y procedió a mencionar los temas que veríamos en la reunión.

Hubo uno que llamó poderosamente mi atención. Decía: “Examen de calidad en el servicio”

Supuse que nos impartirían ese tema y luego nos aplicarían un examen, pero no, cuando llegó el momento de abordarlo el jefe nos explicó que la calidad en el servicio al Socio es lo más importante en la vida de nuestra cooperativa.

—Entonces —indicó— voy a entregarles una hoja y les voy a aplicar un examen de calidad en servicio.

La mayoría de los asistentes intercambiamos miradas. “¿Cómo vamos a contestar un examen si aún no nos imparten el tema?”, pensé.

Sin embargo, mi jefe continuó con su dinámica. Nos entregó las hojas y cada quien nos dispusimos a contestarlo.

En la hoja venían preguntas como: ¿Qué es la calidad en el servicio?, ¿A quién se le considera el “padre” de la calidad? ¿En qué país inició la cultura de calidad?, etcétera.

Por fortuna yo había estudiado ese tema en la universidad, por lo tanto, empecé a contestarlo sin problema. Todos los asistentes hicimos lo propio y se produjo un silencio absoluto.

De pronto tocaron en la puerta, “toc, toc, toc”, pero nadie se levantó para abrir. Todos estábamos concentrados en contestar nuestro examen.

La perilla se movió con suavidad y la puerta se fue abriendo poco a poco. Alcé la vista y vi que una señora de apariencia humilde ingresaba a la sala. Nos miraba apenada.

—Disculpen —el eco de su voz sonó en todo el recinto— ¿dónde puedo tratar lo de un atraso que tengo en mis pagos?

Al escucharla, volví a centrarme en mi hoja de examen. Supuse que alguien más se encargaría de atenderla. Los demás ni la voltearon a ver.

De pronto, una compañera de nombre Jaqueline dejó de escribir, se levantó de su silla y se dirigió a la señora.

—Buenos días —le dijo a la vez que le regalaba una hermosa sonrisa— si gusta, yo la puedo acompañar al área donde la puedan atender.

La señora asintió y le agradeció su amable gesto. Ambas salieron de la sala.

Después de un breve lapso, Jaqueline regresó a su lugar y siguió contestando su examen.

En ese momento nuestro jefe —que hasta entonces había sido un mero espectador— tomó la palabra y anunció que había terminado el tiempo.

Jaqueline se preocupó. Ella no había terminado de contestar su examen. El jefe recogió las hojas y las guardó en su portafolios.

Cuando tuvo la atención de todos, dijo:

—Ya tengo los resultados del examen.

Nuevamente todos intercambiamos miradas. ¿Cómo podía tener los resultados si nos acababa de recoger las hojas?

—Les voy a pedir que le demos un aplauso a la compañera Jaqueline quien fue la única que pasó el examen.

Todos aplaudimos.

—El examen de calidad en el servicio no era el que venía en la hoja —dijo el subdirector ante la mirada atónita de los presentes —era la señora que entró hace un momento a la sala.

Y fue cuando nos explicó que la señora era una actriz que él había preparado previamente para someternos a prueba.

—“Cuando la “socia” entró —explicó el jefe— pasó desapercibida para todos. Para ustedes, el examen escrito era más importante que ella. Eso no está bien.

En la vida diaria de la cooperativa, tenemos muchas cosas qué hacer: contestar correos, hacer reportes o alguna otra tarea que se nos haya encomendado, pero debemos recordar que no hay actividad más importante que atender a los socios.

¿Para qué quieren pasar un examen teórico sobre calidad en el servicio si lo más importante es aplicarlo en la práctica?”

Ese día recibí una gran lección y salí convencido de que había sido una de las reuniones más productivas a las que había asistido.

A partir de entonces, cuando estoy ocupado en mi escritorio realizando una tarea importante y se me acerca un(a) socio(a) a solicitar mi apoyo, me acuerdo de aquella reunión y de inmediato dejo todo y con la mejor de mis sonrisas me dispongo a presentar mi examen.

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La clave para ahorrar

Según el diccionario, la palabra “ahorrar” tiene dos significados principales: “Reservar una parte de los ingresos ordinarios”, es decir, guardar dinero ya sea como previsión para necesidades futuras o con un objetivo determinado y “evitar un gasto o consumo mayor”.

En la economía de un país existen dos tipos de ahorros: interno y externo.

El ahorro interno es la cantidad de recursos generados por la economía nacional a través de la captación de los sistemas financieros e impositivos del país destinados al financiamiento interno y del saldo corriente de la balanza de pagos. Es la parte del ingreso nacional que no se consume.

El ahorro externo es la cantidad de recursos que requiere la economía nacional para cubrir el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Se compone principalmente por la inversión extranjera directa y los préstamos recibidos por el sector público y privado.

El ahorro interno es fundamental para lograr la estabilidad y el desarrollo económico de un país.

Si el ahorro interno no es suficiente, la economía necesitará abastecerse de recursos externos y eso significa endeudarse.

En economía, hay un concepto que se denomina “tasa de ahorro” (Nota importante: Es diferente al concepto “tasa de interés”)

La tasa de ahorro es un indicador que mide el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) de ahorro en un país. Ahí incluye el ahorro público y el privado. Éste último proviene de lo que las familias ahorran a través de las diferentes instituciones e instrumentos financieros. 

En un artículo publicado el 29 de agosto del 2023 por el periódico “El informador” en su sección de economía describe el resultado de un análisis de este indicador a nivel internacional tomando datos del banco mundial.

La tasa de ahorro en México ocupa el lugar 63 en el ranking mundial pues representa un 23.54 del PIB, el cual se encuentra por debajo del promedio general del 27%. Nuestro país ocupa el cuarto lugar entre los países latinoamericanos.

Solo para darnos una idea, Qatar es el país con la tasa de ahorro más alta a nivel mundial con un 51.4% del PIB.

Toda esta información nos sirve para tomar consciencia de la gran necesidad que tenemos en México de fomentar el hábito del ahorro.

Ahora bien, de lo anterior pudiera desprenderse la pregunta ¿por qué en México no ahorramos lo suficiente?

En lugar de contestarla me gustaría explicar ¿por qué si ahorran quienes ahorran?

A finales de los años ochenta yo formé parte de un equipo que estudiamos las causas por las cuales la gente ahorraba en nuestra Caja Popular.

Primero obtuvimos una lista de aquellos socios que habían ahorrado de forma constante y sistemática en los últimos doce meses. 

Recuerdo a una socia propietaria de una tortillería, también a un taxista. Ahorraban diario en la Caja.

Otros socios con actividades diversas lo hacían semanal, catorcenal o quincenal. Solo unos pocos lo hacían de forma mensual.

Luego, nos dimos a la tarea de comunicarnos con cada uno para concertar una cita y tener una entrevista personal, podían acudir a la sucursal o podíamos acudir a su domicilio, donde ellos lo prefirieran.

Han pasado más de treinta años de esa experiencia y aún conservo en mi memoria los hallazgos y puntos clave que nos dejaron esos socios, como aprendizaje.

Un primer hallazgo fue que varios de esos socios aprendieron el hábito del ahorro desde su infancia.

Recuerdo haber escuchado a más de un socio decir que su papá, su mamá o su abuelita le enseñó a separar parte de su dinero para ahorrar.

Otro hallazgo fue que muchos socios aprendieron a ahorrar estando dentro de la cooperativa.

“Yo no tenía el hábito del ahorro —decían— hasta que entré a la Caja”

Ahí confirmé que la educación cooperativa puede dar frutos. Varios socios adoptaron el hábito del ahorro como producto de la información y conciencia que adquirieron al asistir a una o varias reuniones educativas. Como parte del proceso de concientización (u obligación) para poder tramitar un crédito.

Un tercer hallazgo fue cuando vi cómo la mayoría de esos socios, si no es que todos, ubicaba el ahorro en primer lugar dentro de su presupuesto familiar. Sí, incluso antes que el rubro de alimentación.

Es muy sencillo de entender. Cuando el socio recibía sus ingresos, antes de distribuirlos en gastos y pagos, de inmediato separaba lo correspondiente al ahorro.

Si una persona desea ahorrar lo que le sobra después de realizar sus gastos, nunca le sobrará nada.

Entonces, la clave es poner el ahorro en primer lugar de la lista de conceptos a los cuales se destinará su ingreso.

En ese estudio descubrimos que el común de los socios ahorraba entre un cinco y un diez por ciento de sus ingresos y la periodicidad era acorde a cuando los recibían.

Otro factor fundamental que encontramos fue que esas personas habían creado una cultura en el interior de su familia para hacer economías en cada rubro de sus gastos.

Por ejemplo, si deseas ahorrar en el pago de energía eléctrica, debes promover la cultura entre todos los integrantes de tu familia para apagar las luces cuando no las estén ocupando.

Y ahí está otro factor clave: involucrar a todos los integrantes de la familia en la dinámica del ahorro.

Hubo una socia a la que visité en su casa. Me mostró su recetario de cocina. Pero dirás ¿qué tiene de especial eso? Lo especial es que ese recetario contenía tres características: Sabrosura, variedad y economía. Eran recetas que se podían elaborar con ingredientes sencillos y baratos. ¿No es fabuloso?

Es una lástima que yo no tenía la visión de ahora, de lo contrario, la hubiera motivado y apoyado para que ella publicara su recetario en un libro y que muchas familias se beneficiaran con su creatividad.

Haciendo una similitud del estado de resultados de una empresa con el de una familia, tenemos que, en primer lugar, se encuentran los ingresos.

Si deseas que cada mes tu resultado sea superávit entonces tienes que buscar una o ambas cosas: incrementar el ingreso y/o reducir el gasto.

Lo que los socios nos enseñaron en ese estudio fue fantástico. La mayoría tenían más de un ingreso.

Recuerdo una familia en la que el señor era obrero, en realidad ganaba poco, pero en sus ratos libres hacía trabajos de mantenimiento en las casas (plomería, albañilería, electricidad). Su esposa, además de administradora del hogar, aprendió a hacer trabajos de estilista (cortes de pelo, tintes, bases)

¿Te imaginas lo que esa familia ahorraba en gastos de mantenimiento de su hogar y en servicios de estética? Había temporadas en que los ingresos que percibían de ambas actividades adicionales superaban el salario que el señor ganaba como obrero.

De este hallazgo se derivó uno de los proyectos más ambiciosos que tuvo nuestra cooperativa: la impartición de clases para aprender oficios.

La visión no era que se impartieran las clases con el objetivo de promover la cultura en general. Era que los socios y socias aprendieran algún oficio que les redituara un ingreso o evitara un gasto.

Hubo clases de carpintería, plomería, electricidad, corte y confección, belleza, cocina y repostería, etcétera.

Ahora, en el rubro de los gastos, en cada concepto aprendimos algo de los socios.

Para ahorrar en alimentación las personas cocinaban personalmente. No compraban comida preparada o de las que llamamos “comida rápida” pues es más cara.

Cada integrante de la familia contribuía para que todo se aprovechara en el hogar.

Recuerdo a una señora que comentó que, si un día preparaba algún guiso que llevara tostadas y al final del día éstas sobraban, al día siguiente las convertía en chilaquiles. Si un día preparaba pollo y al final sobraba, al día siguiente preparaba unas flautas o unas enchiladas suizas de pollo, pero nada se desperdiciaba.

Para ahorrar agua, luz o teléfono tenían sus “secretos” todos ellos basados en la optimización del recurso.

Y un factor fundamental fue que sabían identificar cuál era el nivel socioeconómico al que pertenecían.

Y es muy lógico, mira, si por ejemplo ganas poco ingreso, a penas te alcanza para absorber los gastos elementales, pero quieres pagar una renta en una zona residencial o inscribir a tus hijos en escuelas privadas donde hay que pagar altos importes por colegiaturas, entonces necesariamente tendrás que endeudarte para poder alcanzar ese nivel socio económico que no tienes.

Ya para concluir, puedo asegurar que tener un ingreso más alto no es garantía de que la persona vaya a ahorrar.

Una persona puede recibir un ingreso de sesenta mil pesos mensuales y no ahorra mientras que otra recibe seis mil pesos mensuales y sí ahorra.

La clave para ahorrar está en la mentalidad y en la forma de administrar sus recursos.

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El poder del cooperativismo

El poder del cooperativismo

Hace muchos años tuve el enorme privilegio de asistir a una sesión de capacitación impartida por el Padre Manuel Velázquez y el Profesor Florencio Eguía Villaseñor.

En esa sesión nos explicaron las principales corrientes filosóficas, políticas, económicas y sociales que existen en el mundo: El socialismo científico, el socialismo utópico, el comunismo, el capitalismo y cómo el cooperativismo es un sistema que trata de poner a las personas en condiciones de vida más humanas mediante la organización de su economía y su influencia en la sociedad.

Una de las cosas que llamó mi atención fue cuando el padre Velázquez comentó que, en una cooperativa, los socios podían dar amor al prójimo, aun sin conocerse.

Sí, por ejemplo, valores como la ayuda mutua, la responsabilidad, la solidaridad, etcétera son una forma práctica, objetiva y eficaz de dar amor al prójimo en la vida diaria.

Nos explicaron la diferencia entre el Cooperativismo y otros sistemas, solo pondré como ejemplo uno de ellos.

A principios del siglo XVI, el abogado, teólogo y escritor inglés Thomas More (Tomás Moro) escribió su obra máxima: De Optimo Republicae Statu deque Nova Insula Ūtopia.

En su novela, Utopía es el nombre de una nación, una isla en la que se aplica una forma de organización social ideal cuyos habitantes logran el Estado perfecto, caracterizado por la convivencia pacífica, el bienestar de sus habitantes, y el disfrute común de los bienes.

Esta forma de pensamiento fue la precursora del socialismo utópico, pero a diferencia de éste, el cooperativismo reconoce que las personas somos diferentes y el mundo imperfecto.

En la realidad de este mundo hay injusticia, maldad, diferencias sociales, pero a pesar de ello, podemos lograr una forma de vida más digna.

México es un país capitalista, sin embargo, pienso que el sistema cooperativo ha tenido una aportación transcendental en la mejora de las condiciones económicas y sociales de las familias.

En los treinta y siete años que trabajé dentro de la cooperativa pude constatar en la práctica lo que el padre Manuel y el profesor Florencio expusieron como una ideología.

Hoy quiero compartir algunas experiencias que demuestran que el cooperativismo no es una doctrina romántica ni una utopía.

En la década de los ochenta yo era cajero en una oficina receptora y cada sábado acudía una señora a depositar su ahorro. Ella vivía en una colonia de la periferia de la ciudad, tenía un aspecto humilde y se cubría del sol con un rebozo gris. Calzaba zapatillas de plástico de las más económicas que se vendían por aquella época y sus pies estaban llenos de polvo.

Durante el tiempo que laboré en esa oficina, no hubo ni un solo sábado en que no llevara su ahorro, modesto, pero seguramente le representaba un sacrificio.

Bueno pues, así como ella, llegaba el panadero, la señora de la tienda, la maestra, el niño que saliendo de la escuela llevaba su ahorro, el doctor y tantas y tantas personas que apartaban un poco de sus ingresos para confiárselos a la Caja.

Lo que me pareció maravilloso es que la suma de todos esos depósitos que hacían las personas, se los llevaban los mismos socios a través de créditos.

Ahí estaba la aplicación práctica de lo que nos decía el padre Manuel. Un grupo de personas ayuda a otras, aún sin conocerse. Ese es un acto de amor muy evidente.

Cuando un socio da un poco de su tiempo para acudir a una asamblea para informarse de cómo va su cooperativa y elegir a sus dirigentes, o cuando invita a una persona a ingresar a la Caja o cuando aporta sus ideas, todos esos son auténticos actos de amor hacia los demás.

Otro comentario que llamó mi atención en la capacitación mencionada fue cuando el profesor Eguía comentó que la educación cooperativa tenía que verse reflejada en un cambio de hábitos y actitudes de los socios.

En ese momento me pareció un poco ambicioso el alcance de la idea como para verlo en la realidad, hasta que conocí un caso que me gustaría compartir a continuación:

Una socia solicitó un crédito a la Caja pues deseaba pagar una deuda originada por los gastos de hospitalización de uno de sus hijos. Un agiotista le había prestado con el “módico” interés del diez por ciento mensual.

El Comité de Crédito encomendó al personal de la Caja indagar un poco más respecto a si la socia realmente tenía la capacidad para pagar el préstamo.

Cuando llegó la señora a la sucursal, iba acompañada de su esposo quien trabajaba como despachador en una gasolinera.

El personal de la Caja les explicó que la cooperativa tenía la responsabilidad de garantizar que ese dinero que se otorgaría en crédito, regresara íntegra y oportunamente ya que éste procedía del ahorro de los demás socios.

El esposo se quedó admirado porque él se imaginaba que la Caja tenía una gran bóveda de donde procedía el dinero, pero nunca pensó que era el ahorro de otras personas.

Entonces se le explicó que lo que manifestaba en su solicitud era que tenía una gran capacidad de pago, pero lo que se demostraba en la realidad era que no la tenía.

—¿Y cómo llegaron a esa conclusión? —preguntó él.

—Pues porque el último préstamo que se le otorgó tenía un compromiso de pago inferior al que propone actualmente y sin embargo se abonó con atrasos continuos. Esos atrasos, pudieron originarse por dos motivos: O el hábito de pagar puntual no está bien sólido o dentro de sus gastos familiares existe una fuga de dinero que no les permite pagar puntualmente.

Después de un breve silencio, la señora exclamó dirigiéndose a su esposo.

—Dile lo que realmente pasa viejo, la verdad.

El hombre bajó la mirada, dudó un momento y luego exclamó:

—La verdad es que de vez en cuando me echo mis cervezas con mis amigos.

—Cada semana —precisó la señora inmediatamente.

—Bueno sí —reconoció él— cada semana, entonces cuando llega el día de pago ya no nos alcanza el dinero y es cuando nos atrasamos.

El personal de la Caja les explicó que era respetable la forma de vida de cada socio pero que la cooperativa necesitaba garantizar que ese crédito se retornara puntualmente, en o antes de las fechas pactadas como mensualidades.

Hasta ese momento el esposo de la socia desconocía tres datos elementales:

  1. De dónde procedía el dinero que la Caja otorgaba en crédito.
  2. La afectación que tenía el no pagar puntual sus abonos y,
  3. La importancia que tenía el seguir ahorrando constante y sistemáticamente.

Y de pronto el hombre lanzó una propuesta:

—Vamos a hacer algo —dijo— ¿por qué no nos dan una oportunidad de demostrarles que podemos cumplir? Yo me comprometo a reducir esa fuga de dinero que cada semana tenemos por mis vicios. Ya verán que no les vamos a quedar mal.

Su esposa no salía de su asombro por lo que estaba escuchando. No esperaba ese compromiso de parte de él.

Es verdad que “del dicho al hecho hay mucho trecho”, pero lo cierto es que se dieron varias condiciones para que el señor tomara conciencia de todo eso. Naturalmente la necesidad que tenían, pero ante todo su disposición y apertura.

Como complemento del compromiso expresado por el señor y en base a la información que ambos externaron, el personal de la Caja realizó una nueva descripción de sus ingresos y gastos considerando algunos cambios en la forma de administración de su economía familiar.

Toda esa información se le envió al Comité de Crédito y al siguiente día el préstamo fue autorizado.

La socia y su esposo, cuando recibieron la resolución, estaban tan agradecidos con la Caja que reiteraron —principalmente él— el compromiso de cumplir, ahora sí, puntualmente con sus pagos.

Y así fue.

Pero aquí viene lo más interesante, realmente hubo un cambio de hábitos y actitudes por parte de ellos.

A partir de ese suceso, el cumplimiento de la socia fue tan puntual que presumía su insignia de “socia cumplida”.

Pero la educación cooperativa trascendió al ámbito familiar ya que años más tarde, en una reunión, la socia expuso que atribuía a la Caja que su esposo hubiera dejado de tomar licor.

¿Increíble no? Pero ese es el poder del cooperativismo.


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Calidad de la información, componente fundamental de un sistema de crédito y cobranza

Así como el cuerpo humano está integrado por diferentes sistemas (Circulatorio, digestivo, nervioso, etcétera) también una cooperativa lo está. (El sistema tecnológico, contable, del capital humano, etcétera)

Uno de éstos es el Sistema de Colocación y Recuperación de Cartera de Préstamos, para abreviar: “Sistema de Crédito y Cobranza”

Toda la aventura crediticia empieza allá, en la vida cotidiana del socio, cuando se le presenta la oportunidad de comprar algo o cuando de repente surge una emergencia o la necesidad de invertir en un proyecto.

Es en ese momento cuando el socio analiza si cuenta con los recursos monetarios para lograrlo.

Si de momento no los tiene o éstos son limitados es cuando decide acceder a una fuente de financiamiento.

En este mundo tan competido, el socio puede encontrar diversas opciones de crédito.

Pienso que debemos lograr tal efectividad en nuestro sistema de crédito y cobranza que para el socio no exista una mejor opción que la de su cooperativa.

Es entonces cuando cobra vida la fase inicial del sistema de crédito y cobranza: La información. La que fluye recíprocamente entre el Socio y la Caja.

En esta fase al socio le interesa conocer diversa información pero para él o ella lo más importante es saber si la Caja le podrá otorgar el préstamo.

Y de forma complementaria también necesita saber: A qué plazo, a qué tasa, forma de pago, garantía, etcétera y un dato fundamental: La fecha en que puede disponer del dinero.

Una de las características que debe tener nuestro sistema es que sea oportuno. Otorgar el crédito cuando el socio lo necesita.

Si el socio encuentra sencillez y claridad en la información y la oferta de crédito que le ofrece su cooperativa se adapta a su necesidad, ya se tiene cubierta la primera parte de la fase.  .

Pero esta es solo la información “de ida”, ahora se requiere la información “de vuelta”.

Así como el socio tiene derecho de recabar información de su cooperativa, ahora ésta lo tiene para recabar información de la persona.

Lo más importante es entender perfectamente la necesidad del socio. Solo así podemos cubrir o incluso superar su expectativa.

También se requiere conocerlo, ¿Quién es?, ¿A qué se dedica? La periodicidad de sus ingresos, ¿Cómo es el antecedente del comportamiento de pago dentro y fuera de la cooperativa? Y algo de lo más importante: ¿Tiene capacidad para pagar de manera oportuna el crédito que está solicitando?

Recordemos que el dinero que presta la cooperativa proviene de las aportaciones de los socios, por lo tanto, debemos cuidar que ese dinero regrese íntegra y oportunamente para seguir sirviendo.

Como podemos apreciar es un flujo de información entre el socio y la Caja.

Antes, todo esto se hacía de forma manual y en ocasiones requería tiempo.

El socio tenía que acudir siempre a la sucursal para solicitar información. Hoy algunas cooperativas ya cuentan con una plataforma para que el socio pueda acceder desde una computadora o desde una aplicación en su teléfono móvil.

Antes se tenía que llenar formatos para solicitar el crédito. Hoy, algunas cooperativas ya cuentan con sistemas paramétricos que contienen información actualizada del socio y al obtener de forma predictiva su comportamiento de pago futuro es posible dar una resolución anticipada y esto incide en ofrecer el servicio con mayor rapidez.

Para la Caja, una mayor agilidad en los procesos de crédito representa una ventaja competitiva.

Pero sea mediante un sistema informático o un proceso manual, la clave es la calidad de la información, componente fundamental para tener un sistema de crédito y cobranza efectivo.

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la importancia de la educación cooperativa en un sistema efectivo de crédito y cobranza

La importancia de la Educación Cooperativa en un Sistema efectivo de Crédito y Cobranza

El crédito es la razón principal por la cual la mayoría de los socios ingresa a una Caja Popular.

La cartera de préstamos es su activo principal y el más rentable, pero también representa un riesgo.

Es por eso que hoy quiero dedicar unas líneas para compartir un concepto que me parece básico para lograr un sistema de crédito y cobranza efectivo: La Educación Cooperativa.

Hay quienes creen que el sistema de crédito y cobranza inicia cuando un Socio acude a solicitar un préstamo. Pienso que no es así, todo empieza desde que acude a la cooperativa a solicitar información para ingresar.

Es importante saber ¿cómo ve el Socio a la Caja?

Si el socio conceptualiza a la Caja como si fuera un Banco, es decir, una empresa propiedad de un grupo reducido de capitalistas adinerados o un negocio propiedad de quién sabe quién, donde prestan dinero, el efecto en su actuar es uno. Le serán indiferentes muchas cosas. Si ahorra o no, si paga puntual o no, si acude a una Asamblea o no, al fin que no es su empresa.

Si por el contrario, el Socio conceptualiza a la Caja como suya, como lo que es, una cooperativa de la cual es copropietario y corresponsable junto con otros socios, hay más posibilidades de que la cuide y la proteja.

Para lograrlo, se requiere algo que se llama Educación Cooperativa y eso lleva un proceso que inicia desde que acude a ingresar a la Caja.

No hay que olvidar que el Socio no nace, se hace. Aunque al ingresar haya cubierto sus Partes Sociales, podrá tener la legalidad de Socio, pero no necesariamente esa mentalidad.

La Educación Cooperativa es uno de los Principios del Cooperativismo Universal y junto a los otros seis, es lo que permitirá que la Caja mantenga su esencia original a través del tiempo.

Desde mi punto de vista, la Educación Cooperativa debe aplicarse en cada etapa de la vida del Socio dentro de la Caja y por todos los medios posibles.

Cuando ingresa, es necesario que el Socio sepa a dónde está ingresando, lo que significa ser socio y no solo los servicios que otorga o los derechos que tiene sino también sus responsabilidades.

Cuando acude a tramitar un crédito y luego cuando lo recibe debe tener claridad que ese dinero proviene de otros socios que como él, se esfuerzan para ahorrar y cumplir sus responsabilidades, por lo tanto, el compromiso de regresarlo oportunamente debe ser muy fuerte.

Cuando acude al área de Cajas y por alguna razón tiene que esperar, es importante que se utilicen los medios visuales y auditivos para brindarle información y formación. Lo que ve y escucha en las pantallas, en los banners, en el ambiente, deben ser medios para aportarle cápsulas formativas y aprovechar su presencia.

Si por alguna razón se atrasa en sus pagos, un gestor de cobranza, antes de ser tal, debe ser ante todo un formador cooperativo, dispuesto a escuchar al socio, entender el problema que le impide cumplir y ayudarle a encontrar una solución que le permita reactivar sus pagos.

Cuando se organizan charlas formativas y círculos de estudio es muy común que siempre van los mismos socios, aquellos que son o fueron dirigentes, aquellos los más cumplidos y todo eso está bien, pero recordemos que quienes necesitan al médico no son los sanos sino los enfermos, por lo tanto es importante “echarse un clavado” a los sistemas e identificar a los socios inactivos en su ahorro, o atrasados en sus pagos o decepcionados con la Caja y si por alguna razón no quieren o no pueden acudir a charlas, entonces hay que ir a buscarlos.

Y es importante que el socio no sienta que al funcionario lo que le interesa es que el socio lleve dinero. No, el interés debe ser por la persona. El objetivo es volver a reactivar esa relación entre Socio y Caja para beneficio de todos.

Y qué me dicen de las Asambleas. Es el acto educativo por excelencia. Aunque es una realidad que a veces es estresante estar en un presídium rindiendo cuentas y respondiendo preguntas o inclusive sufriendo los embates de las críticas, es el momento en que el Socio ejerce su papel de dueño de su cooperativa.

Me parece que cada actividad informada en una Asamblea, cada cifra expuesta tiene que llevar un enfoque educativo. En todas las Asambleas el Socio debe salir con la convicción de que “la unión hace la fuerza” y que “nadie puede tanto como todos juntos” y que “la Caja realmente es su empresa” porque él fue informado de lo que ocurrió en un año, eligió a sus dirigentes y votó en lo que corresponde a su nivel.

En una Asamblea hay que vencer los nervios, tomar ese micrófono y resaltar los logros y desafíos que tiene la Caja y gritar a los cuatro vientos que todo eso es resultado del cumplimiento de los socios y de la aplicación de los principios y valores del cooperativismo.

No es filosofía romántica, es aplicación práctica y con un impacto muy alto en la vida de cada Socio y de su Cooperativa.

Por eso es importante que la función de Formación Cooperativa aunque pudiera ser coordinada por un Gerente de Formación, debe ser desempeñada por todo el personal y dirigentes aplicando lo que corresponda en cada etapa de los procesos operativos, administrativos o democráticos de la Caja.

Tengo una preocupación. He escuchado a un par de funcionarios hablar de la educación cooperativa pero en su exposición solo se enfoca a la educación financiera. Es diferente. La educación financiera es solo un tema de lo que debe abarcar la educación cooperativa.

La Educación Cooperativa, como la Educación en general, tiene que reflejarse en un cambio positivo, en una mejora de los hábitos y actitudes de la persona. Cuando hablo de la persona, me refiero a Socios (adultos y menores), dirigentes y empleados.

¿Dónde se nota que un socio está educado cooperativamente? No en su asistencia a una charla o círculo de estudios, ese es solo un medio, se nota en todas sus acciones dentro de la Caja. Solo por mencionar algunas:

Si ahorra de forma constante y sistemática.

Si invita a sus familiares y conocidos para que también ingresen y se beneficien con los servicios de la Caja.

Si aporta ideas para mejorar los servicios de su cooperativa.

Si asiste a sus Asambleas, no por obligación ni por interés de un premio, sino por convicción.

Si cumple con el pago oportuno de sus créditos sin necesidad de que la Caja tenga que gastar en una llamada, un aviso o un gestor.

Por eso es que en diversos foros he comentado que una Caja que tiene problemas de altos índices de Cartera Vencida no solo tiene un problema en su sistema de otorgamiento y recuperación de cartera sino también en la aplicación del principio de la Educación Cooperativa.

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El Visitante (Un cuento cooperativo)

Un día estaba en el cielo uno de los ángeles muy concentrado revisando una serie de datos frente al monitor de su computadora.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Dios como si no lo supiera.

—¡Ah! Hola Señor. Estoy revisando los datos de las cooperativas que existen en el mundo y estoy impresionado.

—¿Ah sí? ¿Qué es lo que más te impresiona?

—Pues mira, por ejemplo ésta —dijo señalando un logotipo— es impresionante la antigüedad que lleva dando servicio.

—Y esta otra —continuó el ángel— su volumen de activos. O ésta, la cantidad de socios que tiene.

Cada que el ángel mencionaba una de esas características, Dios asentía con la cabeza, sonriendo.

—No hay duda de que han progresado —dijo el Señor— aunque a mí me gustaría conocer algo más importante.

—¿Sí? ¿Qué es?

—¿Cómo es su trato con la gente?

—Pues ese dato no está en las estadísticas, pero ¿no crees que de alguna manera el crecimiento cuantitativo refleja lo cualitativo?

—En parte, pero no siempre es así.

—Oh, ya veo, pues ese dato en lo particular no lo tenemos en nuestro sistema.

—Lo sé, por es que me gustaría ir a visitarlos.

El ángel se asombró sobremanera y no pudo evitar reflejar su alegría.

—Con mucho gusto Señor, tus deseos son órdenes. De inmediato me pondré en contacto con el Gerente o Director General de cada cooperativa para que te organicen una recepción como Tú te mereces, con representantes de los altos mandos directivos y acompañado por guapas edecanes para que te den un tour por sus sucursales.

Dios sonrió y movió su cabeza en señal de desaprobación.

—¿Te parece que ese es mi estilo? —le preguntó Dios mientras que el ángel se quedó pensando unos segundos:

—Entonces, ¿cómo te gustaría que fuera tu visita?

—Me disfrazaré.

El ángel no pudo ocultar su cara de sorpresa y Dios le explicó con paciencia:

—Un día llegaré disfrazado de un socio o aspirante. Tal vez de uno que no cuente con mucho dinero para ver si realmente le dan más valor a la persona.

Otro día me disfrazaré de ese socio que se encuentra muy atrasado en sus pagos.

O tal vez de aquel que es muy inquisitivo en las Asambleas o el que tiene muy mal carácter cuando acude a la oficina.

O del responsable de la sucursal o de alguno de los integrantes del personal.

O en la persona de un directivo.

Pudiera ser un adulto, un anciano o un niño.

—Ya entiendo Señor —exclamó el ángel.

—Sí, lo que más me interesa conocer es qué tanto se aplica el amor entre todos, su calidad humana, porque lo que hicieren con el más pequeño de sus hermanos, me lo hacen a mí.

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Hoy- 1

El Desafío ¿Socio o Cliente?

Si yo te preguntara: ¿Cuántos socios son en tu cooperativa? ¿Cuál sería tu respuesta? ¿Diez mil? ¿Cien mil? ¿Un millón? Antes de que respondas déjame contarte un cuento:

Había una vez dos personas que decidieron asociarse para emprender un negocio. Una tienda de abarrotes.

Aportaron capital, rentaron un local, compraron mercancía, contrataron personal y pusieron en marcha su negocio.

Como ambos socios tenían necesidades de consumo de los productos que ofrecía su tienda, también se volvieron usuarios.

Y como sucede a diario en el mundo, un día llegó la competencia. Otra tienda de abarrotes se instaló exactamente frente a la de ellos.

Cierto día, uno de los socios a quien llamaremos “A” tuvo necesidad de comprar su despensa y se dirigió a su tienda para adquirirla. Antes de entrar observó un cartel que colocó la competencia en el cual ofrecía productos con las mismas características pero más económicos.

Le dio curiosidad y entró a la tienda de enfrente y confirmó que efectivamente estaban más económicos, además, el local era más amplio y el personal, más amable.

Hizo cuentas y dijo para sí mismo: “Si compro mi despensa completa en este lugar me ahorraré bastante dinero”. Y así lo hizo.

El socio “B” tuvo la misma necesidad de comprar su despensa y también observó la oferta que tenía la competencia, entró al local y se dio cuenta de lo mismo que su compañero, pero en lugar de comprar ahí, fue a comprarla a la tienda donde él era co-propietario. Sí, le salió un poco más caro, pero convocó al socio “A” a una reunión.

—Tenemos que hacer algo —le dijo— de lo contrario la competencia nos ganará a nuestros clientes.

Entonces se pusieron manos a la obra y realizaron ajustes en su negocio. No solo revisaron precios, también la comodidad de las instalaciones, la calidad de sus productos y la atención por parte del personal. En un corto plazo ya su tienda había mejorado.

Hasta aquí concluyo mi cuento y ahora te invito a reflexionar. Está claro que “A” y “B” tenían la legalidad de “Socios” de su tienda de abarrotes ya que aportaron capital pero ¿cuál de los dos tuvo la mentalidad de “Socio”?

Exacto. El socio “A” tuvo una mentalidad de usuario. Hizo lo que tú y yo hubiéramos hecho con cualquier negocio de abarrotes: Ir a donde nos ofrezcan el producto más barato y nos den mejor servicio y comodidad,  pero el socio “B” asumió su papel y su responsabilidad de dueño, de co-propietario e hizo algo diferente. Su participación no solo fue en aportar capital, se sintió responsable de la situación de su negocio, actuó, provocó una mejora y por default él también se benefició como usuario.

Ahora sí me gustaría conocer tu respuesta. Modificaré un poco la pregunta: De las personas que tienen sus certificados de aportación en tu cooperativa ¿Cuántos crees que tienen mentalidad de “SOCIO”?

¿Cuántos acuden a su asamblea anual para conocer la situación de su cooperativa conscientes de la importancia de tomar decisiones?

¿Cuántos aportan sus ideas aun y cuando no sean dirigentes? ¿Cuántos pagan sus créditos puntualmente, conscientes de que su atraso perjudica a otros socios y a su cooperativa? ¿Cuántos utilizan principalmente los servicios de su cooperativa y solo acceden a otras instituciones cuando no encuentran los servicios en la suya?

Tal vez estas mismas preguntas habría que hacérnoslas primero a quienes formamos parte de la estructura operativa y dirigencial.

Ahora bien, es muy natural que cuando una persona ingresa, su expectativa sea la de cliente o usuario y eso no tiene nada de malo, no tiene la culpa. Por lo general, la forma en que un socio invita a otro a ingresar es así: “Ve, ahí ahorras y te prestan”.

En mi opinión, el desafío más grande que tenemos en las cooperativas hoy en día no es solo crecer en membresía, ni estar a la vanguardia en servicios digitales sino lograr que cada persona que ingrese, no solo posea la legalidad de Socio sino que adopte esa mentalidad y se haga responsable de su cooperativa ya que es lo que garantizará mantener su naturaleza a través del tiempo.

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