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Promotora e Incubadora de Organizaciones Solidarias

Principios Cooperativos en la Cooperativa

Ignacio Rico

Principios Cooperativos en la Cooperativa

Principios Cooperativos en la Cooperativa

Introducción

En referencia a la Declaración de la ACI en el año 1995, quiero compartir el tercer apartado del tema Identidad Cooperativa, el cual también es parte de la coincidencia y fortaleza del cooperativismo a nivel internacional, por lo anterior, es importante que se fomente y promuevan espacios para que los socios (afiliados), empleados y directivos de las cooperativas y de los que ocupan cargos de representación en cualquier nivel de los organismos cooperativos de integración para fortalecer la identidad, la integración y el liderazgo estratégico de los sectores y movimientos cooperativos.

En esta secuencia, voy a compartir contenido referente a los Principios Cooperativos, expondré una breve semblanza de la evolución de los éstos y el alcance de cada uno con el objetivo de que se conozca su contenido y dé oportunidad para que se promuevan y difundan en primera instancia al interior de las cooperativas, posteriormente a los ciudadanos de las comunidades donde están presentes las cooperativas para ofrecer sus productos y servicios, hay que recordar que las cooperativas son parte de la comunidad, porque de ésta son los socios, empleados y directivos que la conforman.

En México los iniciadores y precursores de las cajas populares, hoy cooperativas de ahorro préstamo, han promovido la vivencia y práctica de los principios cooperativos, porque dan orden a la administración, al gobierno cooperativo y a la representación del cooperativismo a lo interno y ante las instituciones gubernamentales y regulatorias de los sectores cooperativos, me refiero a sectores porque existen cooperativas de consumo, cooperativas de producción, cooperativas de trabajo asociado, cooperativas de ahorro y crédito, sólo por mencionar sólo algunas de ellas.

Comparto el pensamiento de uno de los precursores de las cooperativas de ahorro y préstamo en México, el Dr. Pedro Velázquez Hernández “Las Cajas Populares son una obra de economía y de educación inspiradas en los principios cristianos, cuya finalidad es hacer conscientes a los hombres de sus derechos y sus deberes. El régimen cooperativista no es un analgésico, sino la energía atómica para la elevación del pueblo”.

En los siguientes párrafos expongo una reseña de los principios cooperativos que han sido pilares para todas las cooperativas. Invito a los que toman las decisiones estratégicas a nivel de cooperativas y organismos cooperativos de integración que incluyan un Eje Estratégico de Identidad y Cultura Cooperativa en su planeación estratégica.

Principios cooperativos.

Cuando en 1966 aparece aquella formulación de los principios del cooperativismo no pudo evitarse una comparación con la hasta entonces vigente. La nueva, en definitiva, era enormemente superior. Porque era fruto de un estudio internacional y se conocía el texto resolutorio de la comisión analizadora: porque los principios no eran ya pequeñas formulaciones sugerentes de normatividad si no párrafos explícitos continentes de valores con ánimo de perdurabilidad y porque los seis nuevos principios se presentaban en uno mismo nivel de importancia, con los dos primeros enfocados al aspecto asociativo de la cooperativa , los dos siguientes al empresarial y los dos finales consagrados al crecimiento de la asociación-empresa en toda su integridad.

Si, los principios cooperativos de 1966 eran posiblemente superiores a los de 1937, sin embargo, sólo es posible la comparación por tratarse de la misma materia.

Veintinueve años después se vuelve a presentar una situación análoga, cuando en septiembre de 1995, al celebrar su congreso del centenario de Manchester, Inglaterra, la Alianza Cooperativa, la cual consta de tres definiciones: Qué es una cooperativa, cuáles son los valores y qué y cuáles los principios de la cooperación universal.

Esta nueva presentación de “los principios” del cooperativismo hace necesaria algunas comparaciones y/o comentarios, siendo el primero que después de 1937, cada 29 años ha habido una formulación nueva de los fundamentos sustentadores del cooperativismo mundial y de seguir la misma tónica, la próxima sucederá en 2024 siempre y cuando sea exigido por las circunstancias cambiantes de los tiempos.

Evolución de los principios.

Hace más de medio siglo que venimos hablando formalmente de los principios del cooperativismo y sólo ahora se les define de modo oficial. Y de qué modo se les define. Son al decir de la Alianza Cooperativa Internacional, ACI, en su Declaración de 1995, lineamientos o, quizá, directrices para que las cooperativas pongan en práctica sus valores. Así de sencillo, pero sí contundente.

Con tal definición pareciera una degradación de los principios, pues siempre se les consideró lo máximo, sin embargo, viéndolo más despacio se les ennobleció al considerarlos herramientas operativas para que los valores éticos de la cooperación no se queden en enunciados teóricos, sino que se lleven a la práctica y, en lo posible, sea asimilados por los cooperadores hasta conformar nuevos hábitos de conducta. Vistos así, ¡que grandiosos son ahora los principios cooperativos!

Ian MacPherson, durante su discurso de presentación de la Declaración de Identidad Cooperativa, resaltó varios puntos que ahora pueden sintetizarse. Dijo, por ejemplo: “Durante los últimos meses a menudo me he preguntado ¿Qué es lo realmente importante respecto a la revisión de los principios? Si lo pensamos, uno de los cambios importantes no son los principios en sí, sino que se les haya ubicado en el contexto de una declaración sobre «identidad cooperativa»”.

Para clarificar esto MacPherson añadió: “Uno de los problemas de las dos formulaciones (1937 y 1966) es que los principios, por sí solos, no ofrecen ninguna comprensión de su raigambre intelectual o filosófica. Pienso que esa omisión fue desafortunada porque, sin proponérselo, contribuyó a la tendencia de considerar los principios como un conjunto de mandamientos administrativos en lugar de catalogarlos como parte constitutiva de una filosofía coherente”.

Más tarde subrayó que los principios, tal como ahora se presentan, “son igualmente aplicables a las cooperativas de consumo, financieras, de producción, de trabajo y de servicios por lo menos”.

Al analizar las características de los principios apuntó: “Son flexibles, aunque cada uno exige de la cooperativa una forma mínima de conducta. Son además pautas que indican normas mínimas de comportamiento organizativo y sugiere constantemente otras acciones posibles; no son mandamientos… y lejos de ser una limitación a lo que hacemos, como sostienen algunos, los principios nos brindarán los conocimientos necesarios para ser cada vez más valiosos en el futuro, para la familia humana del mundo entero”.

Los principios cooperativos de 1995 no surgieron silvestres de los últimos estudios, pero ni siquiera de las recientes investigaciones al cooperativismo mundial previas a su formulación. Estos principios son herederos legítimos de las dos ediciones anteriores y si afirmamos que éstos son mejores es precisamente porque ya se contaba con la experiencia de aquellos.

La formulación de los principios de 1937 era, completa, así:

  1. Libre adhesión.
  2. Control democrático.
  3. Distribución a los socios del excedente a prorrata de sus operaciones.
  4. Interés limitado sobre el capital.
  5. Neutralidad política y religiosa.
  6. Venta al contado.
  7. Desarrollo de la educación.

 

La formulación de 1966 la usamos mucho con esta traducción:

  1. La adhesión a cualquier sociedad cooperativa debe ser voluntaria y sin restricción artificial o discriminación social, racial, política o religiosa, para todas las personas que puedan hacer uso de sus servicios y estén dispuestos a aceptar las responsabilidades de ser socio.
  1. Las sociedades cooperativas son organizaciones democráticas. Sus operaciones deben ser administradas por personas elegidas o designadas según la modalidad establecida por los socios y con la obligación de rendirles cuenta de su acción. Los miembros de cooperativas primarias deben gozar de igual derecho de voto (una persona, un voto) y de participar en las decisiones en igualdad de condiciones a los demás. En otras cooperativas no primarias la administración debe ser conducida sobre una base democrática y en forma adecuada.
  1. Las aportaciones de capital deben, solamente recibir una tasa de interés estrictamente limitada, si fuere establecida alguna.
  1. Los excedentes o sobrantes, si los hay, pertenecen a los socios y deben distribuirse de manera tal que ningún socio gane a costa de otro. Esto puede hacerse, a decisión de los socios, como sigue:
  2. Mediante la creación de un fondo para el futuro crecimiento de la cooperativa.
  3. Mediante el establecimiento de servicios comunes.
  4. Mediante la distribución entre los socios en proporción a sus transacciones con la sociedad.
  1. Las cooperativas deben destinar y aplicar fondos para la educación de sus socios, directivos, empleados y público en general, sobre los principios y técnicas de la cooperación, tanto en sus aspectos económicos como en los democráticos.
  1. Todas las organizaciones cooperativas, con el fin de servir mejor a los intereses de sus asociados y de sus comunidades, deben cooperar activamente, de todos los modos posibles, con otras cooperativas locales, nacionales o internacionales.

Los principios del Cooperativismo.

Los principios de 1995 son derivados de los valores primogénitos; son “directrices” para operar y desarrollar la cooperativa; son principios prácticos de los primeros cooperadores y son “cualidades esenciales para conformar cooperativistas efectivos, para hacer distintas a las cooperativas y para dar valor al movimiento cooperativo”. Así se lee en la “conclusión” del documento emitido por la Alianza Cooperativa Internacional, ACI. La parte final de nuestra interpretación será lo más breve posible.

Los principios del cooperativismo universal son válidos para todo tipo y nivel de cooperativas; los siete son igualmente imperativos para los cooperadores y sus entidades y su aplicación completa y oportuna hace la diferencia entre la empresa cooperativa y la comercial que persigue fines lucrativos.

He aquí los actuales principios con una muy breve indicación de lo que es propio de cada uno de ellos

  1. Adhesión voluntaria y abierta.

Las cooperativas son organizaciones voluntarias, abiertas a toda persona capaces de utilizar sus servicios y dispuestas a aceptar las responsabilidades de ser socio, sin discriminación social, política, religiosa, racial o de sexo.

Lo propio del principio de adhesión es:

  1. Las cooperativas son personas más que capitales u otros bienes: que la cooperativa es una asociación de personas y que en base a ese grupo se constituirá el negocio de autoservicio.
  2. Que solamente pueden adherirse a esta sociedad los que quieren libremente conformarla. Lo cual quiere decir que debe de haber voluntad para el ingreso y también para la permanencia como asociado.
  3. Que, aunque exista voluntariedad no todas las personas pueden ser admitidas como socios y/o afiliados de cualquier cooperativa, imponiéndose, al menos tres limitantes objetivos: que el candidato cuente con una capacidad económica para ser “accionista” del negocio en igualdad de condiciones a los demás; que pueda usar los servicios de la cooperativa de modo habitual y que esté dispuesto a asumir la dignidad y a cumplir las responsabilidades derivadas de la aflicción. Esto indica que toda cooperativa tiene un fin específico, su objeto social, pudiendo, por tanto, admitir solamente a quienes lo compartan.
  4. Que no son admisibles a las discriminaciones artificiales de raza, credo, filiación política, condición social o de sexo, puesto que todas las personas son iguales en esencia.
  5. Que la cooperativa como institución no pude mostrar preferencias por ningún partido político ni por determinado credo religioso, respetando totalmente las inclinaciones de sus miembros en estos campos.
  6. Que la cooperativa debe mostrar y demostrar una política de puertas abiertas hacia todos los posibles socios y, todavía más, debe llamarlos y motivarlos para que se ayuden ayudando.
  7. Que en una cooperativa lo primero es la unión de las personas, pues sin ella no hay cooperación, pero se trata de una unión fuerte y consistente, mejor expresada con adhesión, por la cual, todos corren una y la misma suerte quedando así ratificados los conceptos de solidaridad y cooperación, que trascienden a todos los principios y también a toda la vida de la cooperativa como sociedad y como empresa.
  1. Gobierno democrático de los socios.

Las cooperativas son administradas democráticamente por sus socios, quienes participan activamente en la adopción de políticas y en la toma de decisiones. Los elegidos como mandatarios sean hombres o mujeres, deberán rendir cuentas ante los asociados. En las cooperativas de primer grado los socios tienen iguales derechos de voto (un socio, un voto) y las de otros niveles se organizan también en forma democrática.

En este principio, directamente expresados o a veces deducidos, se encuentran los siguientes elementos de la doctrina cooperativa:

  1. En toda cooperativa la autoridad reside en los propios miembros; no proviene de nadie externo, ya sea del poder político, económico o el cultural distinto de la cooperativa.
  2. El poder reside en los socios y/o afiliados pero no aislados sino organizados. Es decir, ningún asociado puede individualmente dar órdenes a los directivos, a los empleados o hacer que se cambien las normas operativas de la organización.
  3. La asamblea general es el foro ordinario para que los socios expresen su voluntad y ejerzan su poder de gobierno. La asamblea “es la máxima autoridad” de la sociedad; así lo establece el postulado cooperativo y lo ratifican las leyes respectivas.
  4. La asamblea general es comúnmente anual; es convocada y organizada por el Consejo de Administración, en el caso de la cooperativa y por el Consejo Directivo, en el caso de la Federación o Confederación, y se ocupa de los asuntos de mayor trascendencia de la sociedad, los que no pueden ser delegados, como sanción a los informes, aprobación de planes y presupuestos y elección de mandatarios para el futuro.
  5. Los asociados tienen el derecho de asistir y participar en las asambleas generales con la conciencia de ser la materia prima de su realización. Nadie más en la comunidad, o fuera de ella, tiene tal privilegio.
  6. El papel más destacado de los socios en la asamblea es la emisión de voto cooperativo. Éste no puede ser irreflexivo ni imitativo.
  7. Es destacar que la cooperativa, como todas las sociedades y asociaciones, funciona bajo el régimen de autoridad delegada. Pero esto, que es práctico e imperativo, conlleva un cuidado especial para los socios en sus tres etapas de operación: cuando se seleccionan y eligen los candidatos idóneos para la función encomendada; durante todo el tiempo de su desempeño supervisando sistemáticamente su actuación y llamando a cuentas para aplaudir y felicitar su fiel cumplimiento o deponiéndolo por infiel, irresponsable e indigno de la autoridad concedida.
  8. En fin, en este principio debe recalcarse que en las cooperativas votan las personas y no los capitales.

 

  1. Participación económica de los socios.

Los socios contribuyen con justicia al capital de sus cooperativas y lo administran democráticamente. Al menos una parte de ese capital es de propiedad común. Normalmente reciben una compensación limitada, si la hubiera, sobre el capital aportado como requisito de la afiliación. Los excedentes, a decisión de los socios, se destinan a alguno de los siguientes fines: a) el desarrollo de la cooperativa mediante la posible  creación  de reservas, parte de las cuales, al menos, serán indivisibles; b) beneficio para los socios  en proporción a sus transacciones con la cooperativa y c) apoyo a otras actividades acordadas por los socios.

Concretamente este principio engloba ahora los principios tercero y cuarto de 1966, quedando todo el consagrado al negocio cooperativo. Es decir, aquí se encuentran todos los elementos requeridos para la operación eficiente de la cooperativa como empresa, de los cuales los más sobresalientes son:

  1. La cooperativa es un negocio, aunque no persiga el lucro, sino el servicio.
  2. Toda empresa necesita de capital. Este debe aportarse por los dueños y ese aporte confirma la calidad de asociado.
  3. El monto del aporte guarda relación directa con la calidad y la cantidad de servicio.
  4. A las aportaciones se les llama “capital” pero aquí lo más importante es la persona y no el dinero.
  5. Hay razones válidas para pagar un interés al capital, sin embargo, también las hay para no hacerlo.
  6. Los socios y/o afiliados son responsables de la administración del negocio. Se hace por la asamblea general, el consejo o mesa directiva y el personal empleado.
  7. Las “ganancias” son propiedad de los socios y/o afiliados y también las pérdidas, si las hubiere.
  8. Existe ahora una parte de propiedad común en cualquier cooperativa, la cual es irrepartible.
  1. Autonomía e independencia.

Las cooperativas son sociedades autónomas de ayuda mutua gestionadas por sus propios miembros. Cuando firman acuerdos con otras organizaciones, incluyendo los gobiernos, o consiguen capital de fuentes externas, lo hacen asegurando el autogobierno de los socios y afianzando la autonomía de la cooperativa.

Lo propio del principio de la autonomía es:

  1. Las cooperativas no dependen de nadie, como sociedad no como empresa, sino que son gobernadas por sus propios socios, son autónomas y también independientes.
  2. Esto no quiere decir que sean organizaciones anárquicas (falta de gobierno). Las gobiernan sus socios siguiendo los postulados del cooperativismo, además de las leyes de la materia que de ordinario se inspiran en la doctrina cooperadora.
  3. Las cooperativas no podrán eludir el trato con las autoridades gubernamentales a cuyo cargo está el reconocimiento como sociedad cooperativa, la concesión de algunos apoyos por tratarse de una obra de beneficio social y la supervisión regular para constatar el cumplimiento de las normas aplicables.
  4. Ninguna de estas actividades debe implicar más que lo ya normado; es decir, no es admisible que por efectuar esas acciones las autoridades se posesionen de la cooperativa de hecho o de derecho.
  5. Lo aconsejable será cumplir siempre y con fidelidad las normas vigentes, no sólo para evitar sanciones y sin sabores, sino también para que los socios y la comunidad constaten la seriedad de la cooperativa como empresa de los necesitados. Y en adición se evitará el riesgo de intromisiones por parte de la autoridad.
  6. Y también será muy aconsejable que los directivos y los socios asuman cada uno su respectivo papel, pues al no hacerlo se producirán vacíos que otros querrán llenar a su beneficio. El gobierno implica algo más que levantar la mano para emitir un voto una vez al año. Conlleva responsabilidad, compromiso, fidelidad y, sobre todo, ser verdadero cooperativista.
  1. Educación, capacitación e información.

Las cooperativas brindan educación y capacitación a sus socios, directivos, gerentes y empleados para que contribuyan con eficacia al desarrollo de sus cooperativas. Informan, además, al gran público –especialmente a los jóvenes y líderes de opinión- de la naturaleza y beneficios de la cooperación.

Privativo de este principio, hoy como ayer, son los siguientes elementos, expresa deductivamente contenidos en redacción:

  1. La cooperativa como revisamos es una sociedad y una empresa ahora, por efecto de este principio, es también una entidad de educación cooperativa.
  2. Si hubiésemos de priorizar la importancia de estas tres facetas de la cooperativa diríamos que la agrupación y el negocio coadyuvan con sus prácticas a que la educación realice a cabalidad su objetivo, que es elevar la condición de la vida de las personas para que puedan conseguir con más facilidad su destino trascendente.
  3. Función, por lo tanto, de los directivos es poner a la cooperativa en condiciones de cumplir la eficacia las exigencias de su misión educadora. Quizá no más que las de la asociación o la empresa, pero definitivamente no menos que ellas.
  4. Los sujetos de la educación de la cooperativa, hoy como ayer, son los socios, los directivos, los empleados y público en general, o sea, los propios y los cercanos a la cooperativa sin excluir a nadie, aunque dando prioridad a los jóvenes líderes de opinión.
  5. Que la labor educativa es, de inmediato, “para contribuir una eficacia al desarrollo de la cooperativa”, pero su pretensión alcanzará al hombre completo, como miembro de una familia, elemento de una profesión, perteneciente a un estrato social y ciudadano de un país con historia, cultura e instituciones comunes.
  6. Que el contenido de la educación se precisa ahora más claramente con “la naturaleza y beneficios de la cooperación”. La naturaleza incluye lógicamente la definición, los valores y los principios, o sea, toda la Declaración de la Identidad Cooperativa y los beneficios alcanzan cómo la teoría se ha transformado en práctica ayudadora en más de un siglo y media de experiencia mundial.
  7. Que lo más aconsejable para cualquier cooperativa será que elabora un programa educativo que abarque a los distintos destinatarios y contemple los diferentes contenidos de la educación. Este programa sólo será efectivo si cuenta con un presupuesto exclusivo y suficiente y si se hace permanente con las adecuaciones anuales pertinentes para las circunstancias de la cooperativa.
  8. Que el método educativo es tan amplio que no descarta ninguna actividad que brinde formación e información de los demás, aunque muchas veces se organizarán reuniones, se editarán actos diversos con fines concretos. Pero uno de los mejores medios es considerar educativas cada una de las actividades ordinarias de la cooperativa, como producir, consumir, comprar, vender, deliberar, votar, delegar o gobernar. Así no habrá sólo teoría sino también práctica aleccionadora.
  9. Y, hoy como ayer “tanto vale una cooperativa cuanto vale cada uno de sus socios”, sentencia que ahora se agiganta justamente porque nos ocupamos de los valores. Es decir, no vale tanto por sus pesos, sus edificios, sus técnicas o maneras de operar, sino por lo que vaya haciendo en sus elementos –dueño y clientes- como también en la comunidad donde se desenvuelven.
  1. Cooperación entre cooperativas.

Las cooperativas sirven a sus asociados con mayor eficacia y fortalecen al movimiento cooperativo cuando trabajan conjuntamente mediante estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales.

Lo propio del principio de la integración es:

  1. Conceptuar que una cooperativa aislada no es cooperativa: niega su misma esencia; trabajar con los demás.
  2. – Toda cooperativa, aunque grande, es sólo un eslabón en la larga cadena de la cooperación.
  3. La intercooperación es un mandato, pero también una conveniencia: para servir mejor y obtener más servicios.
  4. La integración no anula la autonomía, la libertad ni el autogobierno; al contrario, se es más cooperativa: sirve mejor a sus miembros y contribuye a engrandecer el Movimiento Cooperativo
  5. Son varios los enemigos de la intercooperación, pero sólo una es su esencia: el egoísmo, el anticooperativismo.
  6. Las entidades de mayor nivel son también cooperativas y se les aplican las mismas normas, los mismos valores y principios.
  7. Toda cooperación sólo se cristaliza con los aportes; así debe hacerse a nivel de la federación, de la confederación y de la unión.
  1. Compromiso con la comunidad.

Las cooperativas trabajan por el desarrollo sostenible de sus comunidades mediante políticas favorables aprobados por sus socios.

Lo propio del principio de la comunidad es:

  1. La cooperativa se debe a sus propios socios, pero por eso mismo se debe también a su comunidad que es la de ellos.
  2. No se trata de dar limosnas, sino de apoyar en lo que más se necesita: la educación, la salud, el deporte, la seguridad, la ecología o, de otro lado, los niños, las mujeres, los desocupados, etc.
  3. Lo mejor es promover la formación de otras cooperativas: son autónomas, buscan la educación y el desarrollo integral de las personas.
  4. Se aspira a no tener que vivir dos vidas dispares, una mutual en la cooperativa y otra de lucha en la sociedad. Ahora, por este principio, hay que cooperativizar la comunidad y la economía.
  5. Pero cuidado: no atacar a otras cooperativas y no ser desleal con otras instituciones, sino colaborador sincero de todas ellas.
  6. Los socios deben aprobar la posible ayuda en la finalidad a ser atacada y los recursos que se emplearán.

Tales son los principios cooperativos de la ACI, tal como los aprobó en su Congreso del Centenario, en 1995. Desde luego es sólo una síntesis por lo que recomendamos consultar el libro “Identidad cooperativa” donde aparece la Declaración completa y dos explicaciones pertinentes para la actuación cotidiana de nuestras organizaciones cooperativas.

De acuerdo con la información estadística que proporciona la Alianza Cooperativa Internacional en su página nos presenta que: Más del 12 % de la población mundial es cooperativista de los 3 millones de cooperativas que existen en el mundo, por lo anterior, las cooperativas están contribuyendo al mejoramiento y al desarrollo del nivel de vida de sus socios y/o afiliados, así como en la generación de empleos y el crecimiento de la economía de los países.

 

Bibliografía.

  • Eguía F. y MacPherson, Ian. (2002). Identidad Cooperativa. México.
  • (1995). Declaración de la Identidad Cooperativa, Alianza Cooperativa Internacional. Manchester.
  • (2023). Datos y Cifras. Alianza Cooperativa Internacional. Recuperado en septiembre en el sitio Datos y cifras | ICd
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Valores Cooperativos, esencia de la Cooperativa

Valores Cooperativos, esencia de la Cooperativa

Introducción

De acuerdo con la Declaración de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) en septiembre de 1995, al celebrar su congreso del centenario en Manchester, Inglaterra, en éste se aprueba la “Declaración de Identidad Cooperativa” en la cual se definen qué es una cooperativa, cuáles son sus valores y cuáles sus principios de la cooperación universal.

Tomando como referencia esta Declaración de la ACI, en el anterior artículo que les compartí titulado Los Fundamentos de la Cooperación en donde expuse las ideas originales, algunos precursores (teóricos y realizadores) del cooperativismo y la definición de Cooperativa.

En esta secuencia de conceptos de acuerdo con la Declaración de la ACI quiero compartir con ustedes una semblanza del segundo apartado, Los Valores Cooperativos pilares esenciales en la cooperativa para que se practiquen y vivan por parte de los directivos, empleados, afiliados y/o socios, así como fomentar una cultura de ayuda mutua y solidaridad en la comunidad donde pertenece la cooperativa.

La cooperativa debe de contar con un plan de educación cooperativa sistemática para promover y fortalecer la identidad de los que integran y pertenecen a la cooperativa, por lo tanto, les invito que analicen el contenido de cada valor y hagan una reflexión si realmente se practica y vive cada uno de los valores que se listan en este artículo, el objetivo es que los Valores Cooperativos no sean sólo de membrete, los valores que la ACI definió son para hacerlos vivos y hacer realidad la cooperación para lograr los objetivos comunes de los que pertenecen a la cooperativa.

Los Valores.

Del libro “Identidad cooperativa” escrito por el Prof. Florencio Eguía Villaseñor (2002), que se publicó hace más de una década, por lo tanto, revisemos los siguientes párrafos para estudiar los valores del cooperativismo universal.

“Las cooperativas se basan en los valores de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad. Sus miembros, emulando la tradición de los fundadores, creen y practican los valores éticos de honestidad, transparencia, responsabilidad social y compromiso con los demás”.

Es la primera vez que la Alianza Cooperativa Internacional se ocupa de los valores precisamente al reformular los principios fundamentales. Y lo hace inmediatamente después de definir a las cooperativas y antes de ocuparse de la nueva enunciación de los principios cooperativos.

En estos pocos renglones se afirma, primero, que las cooperativas se hincan en valores y que ellos, paradójicamente, no son valores materiales, económicos o financieros como pudiera pensarse por tratarse de un negocio y de una empresa, sino de valores éticos como los acabados de citar; segundo, se hace referencia también a los fundadores, los primeros y los posteriores, todos los cuales son reconocidos por “sus contribuciones eminentemente prácticas y, tan importante como su pragmatismo, fue su ética y su moralidad”; tercero, en este texto apretado aparece el decálogo valorativo de la cooperación porque, como se observa, son diez los valores citados por la Alianza y en ellos se pretende compendiar todo el valor del sistema cooperativista, considerado en sus aspectos asociativos y también en los empresariales, y, cuarto, que, como se observa, la ACI repite dos valores, el de la responsabilidad al quedar como compromiso personal y social y el de honestidad y transparencia pues, como sabemos, lo honesto es transparente y lo transparente necesariamente es honesto.

Valores del Cooperativismo.

Ya entrando en materia, nos preguntamos qué es el valor.

Entendemos que el valor es lo que vale y que todas las cosas tienen un valor y pueden ser valoradas en un determinado momento. Esto desde el ángulo del calor material porque desde el ético, que participa de nuestra esencia y cimenta su operatividad, el valor lo tomamos como la idea-fuerza que rige el comportamiento, inspira la vida y gobierna las palabras y las acciones.

El filósofo hispano, Carlos Díaz, nos aproxima al valor asegurando: “Cuanto más cerca está algo de mi corazón, tanto más valioso lo es para mí. Donde yo pongo mi corazón está mi valor. Si yo pongo mi corazón, mi vida y toda mi alma en el dinero, mi valor principal será el dinero”.

Un destacado cooperativista se expresó así en un congreso de ideología cooperativista: “Toda actitud humana tiene una inspiración filosófica. El hombre se comporta ante el mundo en una u otra forma según la concepción que tenga él y de sus relaciones con él; vale decir, según la significación y finalidad que dé a su vida individual y a su proyección social. A estos criterios que inciden a un determinado comportamiento, es a lo que generalmente llamamos valores”.

Otro filósofo, P. H. Kolvenbach proclama convencido: “Valor significa literalmente algo que tiene un precio, que es querido, de mucha estima o que vale la pena. Algo por lo que uno está dispuesto a sufrir, a sacrificarse; algo que es una razón para vivir y, si fuese preciso, morir. Los valores aportan a la vida la dimensión de significar algo para alguien; son los rieles que mantienen el tren en su camino y le facilitan el deslizarse suavemente con rapidez y determinación; los valores proporcionan, motiva, dan identidad a la persona, le ponen facciones, nombre y carácter. Sin valores uno fluctuaría como los troncos en la vorágine de un río turbulento; los valores son algo que ocupa el centro de la propia vida marcando su existencia y su profundidad.

Nuestras cooperativas, cada una de ellas, son asociaciones y sociedades de valores y no sólo de ahorro y préstamo como lo sostenemos con frecuencia y lo exhibimos en nuestros membretes, sino, además de ellos, de valores humanos que nos distinguen y diferencian en la comunidad nacional y de los que a continuación nos ocuparemos con la mayor brevedad posible.

Para acercarnos a los valores mostraremos algunas de sus características y recordaremos algunas definiciones, todas meritorias, aunque no sean reconocidas por todo el mundo precisamente por la dificultad del tema.

Dice el filósofo R. Frondizi: “Resulta sencillo plantear el problema de la naturaleza del valor. La complicación comienza cuando se proponen soluciones, puesto que todas suscitan objeciones que parecen insalvables. ¿Deseamos las cosas porque tiene valor o tienen valor porque las deseamos? Este es el problema principal. Dicho en otras palabras, ¿Conferimos nosotros valor a las cosas porque nos gustan, las deseamos, o tenemos algún interés en ellas o, por el contrario, todas nuestras reacciones se originan en cualidades que se hayan en el objeto y que nosotros percibimos con nuestros sentidos?”

Surgen en este planteamiento las dos grandes corrientes en que para su estudio se ha dividido la Axiología (de axios valor y logros, tratado) también conocida como la Teoría de los Valores o, en un principio, Estimativa.

El subjetivista se pregunta: ¿Puede algo tener valor si nadie lo ha percibido ni puede percibirlo? Resulta impensable algo que tuviera valor sin referencia a ningún sujeto.

La corriente objetivista reconoce que la valoración es subjetiva, eso no implica que el valor lo sea, pues no debe confundirse el valor con la valoración. Esto es así porque los valores dependientes de los objetos y no de los sujetos que sólo se limitan a captar el valor.

Los objetivistas añaden que los argumentos en contra de su tesis no se refieren a los valores sino a los bienes, como cuando se alude a la belleza de un cuadro o a la justicia de un acto, los cuales son bienes, pero no a la belleza o a la justicia que son valores independientes de cualquier bien. A diferencia de los valores, los bienes son imperfectos al no lograr muchas veces encarnar plenamente los valores.

La verdad es que ninguna de las dos corrientes satisface plenamente la comprensión de la naturaleza del valor. Las dos son unilaterales y hasta contradictorias.

El subjetivismo carece de razón porque reduce el valor a una vivencia personal olvidando que si bien el valor existe para el sujeto, éste no es memorable individual sino social, además que los valores requieren de un sustrato material y sensible, inseparable de los valores.

Por su parte el objetivismo tampoco tiene razón porque separa al hombre de los valores; olvida que el hombre, como ser histórico y social, es el creador de los valores y de los bienes en que se plasman. Los valores son creaciones humanas y sólo existen y se realizan en el hombre y por el hombre. Los valores son objetivos, pero su objetividad es humana y social.

Características del valor.

Al reflexionar en las características del valor seguimos en buena parte las lecciones de los maestros Raíl Gutiérrez Sáenz y Gustavo Escobar Valenzuela cuyos textos recomendamos ampliamente. Dice el primero que al estudiar el valor y sus propiedades se encuentran las siguientes características:

  1. Consiste en que los valores se pueden siempre mencionar por pares. Aun valor positivo corresponde a uno negativo y viceversa: la belleza y la fealdad, la bondad y la maldad, la riqueza y la miseria, la verdad y la falsedad, la virtud y el vicio, etc.
  1. Consiste en que los valores sólo se dan con toda perfección en su propia esencia. Cuando se encarnan en los seres materiales sólo existen de un modo perfecto. Por ejemplo, la justicia de hecho deja mucho que desear en comparación con la esencia pura de Justicia.
  1. Consiste en que los valores inclinan hacia sí mismo la atención, las facultades y la voluntad del hombre que los capta. Un objeto o una persona valiosa inmediatamente nos inclinan hacia ellos. El hombre tiene una tendencia natural hacia lo valioso.
  1. Consiste en que los valores se dan en las cosas o personas (objetos) independientemente de que sean conocidos o no por alguien en particular. Por ejemplo, el valor “utilidad” reside en una máquina de escribir, aunque caiga en manos de unos salvajes analfabetos que desconozcan su uso y, por eso, su utilidad. El valor moral de una persona reside en ella aun cuando otros la juzguen en el sentido opuesto e inclusive, aun cuando el mismo sujeto no sepa valorar su propia actitud honesta.

Esencia del valor.

“La realización de los valores brinda una oportunidad extraordinaria para cimentar el entendimiento entre los hombres más allá de sus diferencias constitucionales y trascendiendo el medio en que se hayan formado, así como el carácter que los determine. La aceptación de los valores es la parte medular en la comprensión social; son el núcleo más importante, más esencial y genuino del hombre, ofrecen la revelación subjetiva de su naturaleza y la manifestación objetiva de su conducta, teniendo como denominador común a la conciencia”.

“El valor es ante todo un elemento de expresión espiritual y la proyección del hombre en sus obras. Vale todo lo que contribuye al desarrollo del hombre, ya sea en el aspecto material o espiritual. Sustancialmente el valor repercute en el progreso, en la continua evolución”.

“Los valores se realizan en actos concretos, en obras que traducen las vivencias del espíritu. Cada una de ellas registra una modalidad específica que consiste en un diverso tipo de valores”.

“Los valores son conceptos amplios sobre aspectos importantes de la vida, los seres humanos y sus relaciones. Estos conceptos amplios funcionan como guías de la conducta personal. Son guías normativas, aprendidas y se expresan en actitudes, predisposiciones y patrones de conductas”.

“Los valores son aquellas características que hacen importante y estimable de suyo una realidad humana. Conforman la cultura de un pueblo dándole su sentido humano. La democracia no es sólo un asunto técnico- político, sino ante todo cultural que requiere de valores, actitudes y compromisos para ser digna de ser vivida; no es un fin en sí misma, sino medio facilitador en la consecución del bien de la comunidad: “Una democracia sin principios se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto como lo demuestra la historia”

Valores Cooperativos.

Reiteramos que la aportación más importante de la Alianza en su formulación de 1995 es precisamente la parte de la Declaración que alude a los valores cooperativos. Porque, como lo indica el concepto, al referirnos a los valores nos ocupamos de lo más valioso del sistema. No de lo accidental sino de lo esencial; no de lo secundario sino de lo primario.

Presento a continuación una breve semblanza de los valores cooperativos.

Ayuda mutua.

Ayudar es auxiliar, socorrer, prestar cooperación a quien lo necesita y, en nuestro caso, que es mutual, es recíproca, o sea, esperando el aporte de los demás porque ya se ha brindado el propio.

La ayuda mutua supone pensar primero en los demás antes que en uno mismo. Por eso se opone a toda forma de egoísmo, el antivalor en que se funda el sistema económico imperante.

Es un hecho que necesitamos siempre de la ayuda de los demás; por eso lo mejor es organizarla y sistematizarla, evitando el despilfarro de recursos y acrecentando los valores que nos son comunes, como la hermandad, la solidaridad y la dignidad humana que nos eleva y significa.

El concepto de la ayuda mutua inspira al resto de los valores y también a los principios de la cooperación. Y esto es así porque hacemos todo por ayudar, por servir, conformando no una economía de lucro sino de servicio.

Responsabilidad.

La responsabilidad como valor moral es la capacidad de respuesta positiva ante un deber asumido.

Según la ACI la responsabilidad deber ser personal pero también social; o sea, se demanda y espera de cada uno de los afiliados, también de la cooperativa como asociación de responsables para trascender e influir en la comunidad y así buscar su transformación y su superación.

En una sociedad de ayuda mutua la responsabilidad se conceptúa como el compromiso ineludible hacia todos los demás y como la reciprocidad esperada del ayudado para corresponder por el servicio recibido.

La responsabilidad es una de las cualidades más buscadas por los empleados y de las más exigibles en los centros educativos. Se pretende que todo mundo cumpla con su deber y al ser llamado a cuentas pueda con entereza responder. Sí, yo fui y aquí estoy para asumir las consecuencias.

Democracia.

Lincoln definió la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, indicando que tiene él la dignidad y la capacidad suficientes para el autogobierno.

También significa que en la cooperativa votan las personas y no los capitales, reconociendo a cada socio una sola voz y un solo voto en completo régimen de igualdad y de responsabilidad.

La democracia sólo es posible por la educación para escoger a los mejores mandatarios; para supervisar regularmente su actuación y para llamarlos a que rindan cuentas completas, oportunas y satisfactorias.

Igualdad.

La naturaleza se resiste a la igualdad; por eso las distinciones entre las mismas plantas, los mismos animales y entre cada una de las personas.

La igualdad como valor cooperativo establece que nadie puede ser tratado de modo preferente en la cooperativa a pesar de que algunos sean más antiguos como socios; de que desempeñen algún cargo como consejeros o funcionarios; de que cuenten con más bienes económicos personales o, quizá, de que hicieron más aportaciones a la cooperativa.

La igualdad es en derechos y obligaciones y se ejemplifica con la conocida sentencia de “un socio, un voto”.

Equidad.

Entendemos por equidad la “justicia ejercida no según la letra de la ley, sino según un sentimiento de rectitud natural.

Las cooperativas persiguen la aplicación de la justicia, aunque mitigada por la caridad como la recomienda el papado. La Alianza Cooperativa Internacional, sin embargo, prefiere la equidad seguramente por ser más moderada.

En realidad, no hay mucho problema para admitir la sustitución a condición de estar conscientes de que luchamos incruentamente por dar a cada uno lo que le pertenece y lo hacemos por justicia con métodos equitativos.

Solidaridad.

Por solidaridad entendemos la adhesión a la causa de los demás haciéndonos uno con ellos hasta correr una y la misma suerte.

Esto significa que todo cuanto uno haga repercute en los demás, como también a la inversa: lo que los demás hacen o dejen de hacer me afectará ahora o después.

El cooperativismo proclama la solidaridad como un valor ético y puede admitir la definición dada por Juan Pablo II: “Es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”.

Valores éticos.

Los seis valores anteriores denominados aquí valores cooperativos, bien pueden ser reconocidos como valores básicos de la cooperación para contener la esencia de su doctrina. Pero pueden también llamarse valores humanistas para referirse a la persona humana o, como lo hace la Alianza, valores operacionales, seguramente por iluminar consistentemente las actividades ordinarias de la cooperativa en beneficio de los socios.

Sin embargo, los seis valores ya tocados y los otros cuatro que abordaremos en seguida son valores éticos, independientemente, del apelativo que les demos en nuestro léxico coloquial. Y son valores éticos, primero, porque así lo considera la Alianza; segundo, porque en sí mismos son valiosos (son valores) y como no son directamente históricos, técnicos, estéticos, u otros varios que podrían ser, son los relacionados con el comportamiento humano y, tercero, porque ya desde antes, cuando hablábamos de los principios, dábamos de inmediato un paso adelante y llegábamos a su médula: los valores éticos de la cooperación, entre los que surgían los aquí mencionados aunque con otra redacción.

Honestidad.

La honestidad, como valor cooperativo, está vinculada con la honradez e induce a respetar los bienes ajenos. Se la conoce también como probidad y se opone a cualquier forma de engaño, mentira, fraude o falsedad, aunque tampoco admite las medias verdades, las corruptelas, la estafa o cualquier otra forma de apoderarse de lo ajeno.

El valor honestidad es de aplicación constante en la cooperativa y si fuera de ella es inadmisible la deshonestidad   aquí, en el negocio autoposeído, su comisión amerita una corrección severa.

Si un acto o una conducta son honestos puede afirmarse que es transparente, que es clara y diáfana, como que se actúa y comporta con probidad y honestidad, como lo hace el dueño con su propiedad pues no podrá engañarse o perjudicarse a sí mismo.

Transparencia.

Este valor está emparentado con la honestidad y alcanza, por tanto, a todos los cooperadores, sean consejeros, empleados o socios. Aquí, sin embargo, las orientaciones hacia los consejeros por ser los socios de mayor dignidad y calidad, los seleccionados para servir a sus compañeros y quienes de ordinario reflejan la imagen institucional ante propios y extraños.

El consejero vive en casa de cristal, por lo que su comportamiento, de palabra y de obra, se semejará a las paredes. No hará, por tanto, “cosas buenas que parecen malas”, justamente porque, lejos de ser transparente, aparecerá como engaño, falso, mentiroso, o, por lo menos, turbio.

La actitud transparente de un líder requiere de la vigencia de los valores: la veracidad, la sinceridad, la justicia, la claridad, cuya aplicación siempre creciente producirá un ambiente de seguridad, confianza, credibilidad y la deseada garantía de éxito para los socios y su comunidad.

Responsabilidad social.

La ACI parece repetirse con el valor responsabilidad, aunque ahora lo enfoque hacia la sociedad. En realidad, toda responsabilidad (capacidad de respuesta satisfactoria) tiene una exigencia personal para un sujeto con repercusión en los demás.

Este valor guarda mucha relación con el séptimo principio cooperativo “Compromiso con la Comunidad”.

Lo importante aquí es resaltar que un valor ético del cooperativismo es la responsabilidad social y que toda cooperativa tiene una obligación con la sociedad, cuyos problemas, aunque sean macroproblemas, deben ser vistos como propios precisamente por el imperio de este valor ético.

Compromiso con los demás

Este último valor señalado por la Alianza ha sido traducido como el cuidado a los demás o preocupación por los demás. Lo evidente es que está muy relacionado al anterior, tal como la propia Alianza lo recalca al destacar que ambos “emanan del tipo de relaciones que las cooperativas sostienen con sus comunidades”.

Toda cooperación por ser ayuda implica un compromiso con el necesitado porque ella, como lo dice el diccionario, es una relación que evidencia “obligación contraída, palabra dada y fe empeñada”.

El compromiso de la cooperativa es con todos los necesitados. En concreto hay que comprometerse a favor de los niños; el compromiso debe alcanzar a la mujer; la cooperativa debe comprometerse con la juventud; el compromiso de los cooperadores ha de incluir también a la gente de campo; el compromiso debe de extenderse también a los indígenas y debemos comprometernos con los obreros y hacer realidad la razón de ser de la cooperativa impulsar el desarrollo económico, social y el cultural por medio de la cooperación.

Bibliografía.

  • Eguía F. y MacPherson, Ian. (2002). Identidad Cooperativa. México.
  • (1995). Declaración de la Identidad Cooperativa, Alianza Cooperativa Internacional. Manchester.
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Los Fundamentos de la Cooperación

La cooperación surgió como una respuesta a necesidades reales y en tal sentido puede asegurarse que su historia es la misma del hombre. “El cooperativismo, afirma Carlos Gide, no brotó del cerebro de ningún genio esclarecido, sino de la entraña misma del pueblo” que lo ha adoptado como una respuesta válida para darse los bienes y los servicios de que carece.

Con el tiempo, sin embargo, el cooperativismo ha venido depurándose en sus aspectos esenciales de la teoría y de técnica hasta conformar ahora la doctrina cooperativa y su práctica de acción en concordancia con el presente.

En este apartado trataremos cuatro aspectos históricos del cooperativismo: las ideas originales, lo teóricos, los primeros realizadores exitosos y la definición de cooperativa.

Ideas originales.

En la historia de la cooperación aparecen como primeras manifestaciones mutuales las siguientes, tal como las recuerda Carlos Uribe Garzón:

  1. Las organizaciones para la explotación de la tierra en común con los babilonios.
  2. La colonia comunal mantenida por los esenios en Ein Guedi a orillas del Mar Muerto.
  3. Las sociedades funerarias y de seguros entre los griegos y romanos.
  4. Los “ágapes” de los primeros cristianos como forma primitiva de cooperativas de consumidores.
  5. La vida gregaría entre los germanos.
  6. Las organizaciones agrarias y de trabajo entre los pueblos eslavos: el “Mir” y el “Artel” entre los rusos y la “Zadruga” de los servicios.
  7. La organización del trabajo y de la producción en el “Manoir” medieval.
  8. Las agrupaciones de campesinos para la transformación de la leche: “queserías” de los armenios y de los campesinos europeos de los Alpes, del Jura y de Saboya.
  9. Las organizaciones para el cultivo de la tierra y el trabajo en las civilizaciones precolombinas, principalmente entre los Incas (Ayllú) y los Aztecas (Calpulli). También la “Minga” y el “Convite”.
  10. Las “Reducciones” de los jesuitas en Paraguay.
  11. Las “Cajas de Comunidad” en la época de la colonia española en América, y
  12. Las colonias de carácter religioso de los inmigrantes en América del Norte.

Hubo sin duda otras manifestaciones que no la registra la historia; sin embargo, con éstas basta para demostrar el sentido gregario del hombre cuando aprecia el valor de los demás y que en conjunto puede mucho más que permaneciendo aislado.

Si comparamos ahora esas primeras experiencias con las actuales organizaciones cooperativas fácilmente se podría afirmar que distaban mucho de catalogarlas como tales, el fondo es el mismo y por eso las recuerda la historia de la cooperación.

Los teóricos de la cooperación.

En el caso de la cooperación se distinguen dos tipos de teóricos: los remotos y los recientes. Entre los primeros se ubica en la antigüedad a Platón (427-347 a. de C.) que en – La República—y otras obras defendió una concepción idealista del mundo y luchó contra las teorías materialistas de su época y en el Renacimiento se recuerdan a Tomás Moro (1478-1538) autor de –Utopía— donde critica la situación de su tiempo; Tomás Campella (1568-1639) quien en –La ciudad del sol— destaca los males que flagelan a la sociedades humanas y la contraposición entre ricos y pobres; Francisco Bacon (1561-1626) que en –La nueva Atlántida–  representa el florecimiento económico de una sociedad ideal y años después Etienne Cabet (1788-1856) quien en su –Viaje a Icaria–  intentó demostrar la superioridad de la sociedad socialista sobre la capitalista.

Casi todos estos personajes expusieron su pensamiento mediante novelas y ubicándose en un lugar ajeno y utópico, donde se daría un régimen de vida ideal en lo económico y lo social. Así censuraban sus respectivas sociedades y presentaban, aunque románticamente, la conformación de una convivencia justa y feliz para todos.

Los teóricos recientes, mejor conocidos como precursores, están mucho más emparentados con el cooperativismo tal como hoy se conoce. Éstos teorizaron, desde luego, y también trataron de practicar sus ideas, aunque sin fortuna. No obstante, conforman la infraestructura de la cooperación sistematizada. Hacemos un recuento de algunas personalidades más destacadas.

Roberto Owen (1771-1858). Rico industrial y filántropo inglés, desgató su salud y su fortuna en búsqueda de una vida mejor para los desheredados. Sus ideas básicas son: comunidad de posesión y de trabajo, combinación del trabajo intelectual y físico, desarrollo multilateral de la personalidad e igualdad de derechos.

Carlos Fourier (1772-1837). Llevó en Francia una vida solitaria y oscura, se dio a conocer por su crítica al régimen imperante. Sus obras principales fueron “Teoría de los cuatro movimientos y de los destinos generales”, “Teoría de la unidad universal” y “El nuevo mundo industrial y social”.

Guillermo King (1786-1865). Médico de Brighton, Inglaterra, el doctor King expresó una buena parte de su pensamiento por medio de “El Cooperador”, periódico que redactó personalmente. En 1827 fundó una cooperativa de consumo y seguidamente propició la creación de otras más hasta sumar unas 300.

Felipe Buchez (1796-1865). Periodista, historiador y político se afirmó como una personalidad de gran fuerza. Nació en Bélgica, tanto allí como en Francia desplegó una notable actividad en favor de la doctrina cooperativa aplicada a la industria pequeña o artesanal. Se considera el fundador de las cooperativas de trabajo y su experiencia, aunque transitoria, subsanó algunas dificultades de ese tipo de entidades, como la calidad fusionada de socio y trabajador, el carácter democrático, la distribución de excedentes y el destino desinteresado del remanente en caso de disolución de la sociedad.

Los realizadores.

Pioneros de Rochdale. La tienda cooperativa abierta en 1844 en el Callejón del Sapo por lo Justos pioneros de Rochdale, como ellos mismos se denominaron, es el primer caso de éxito cooperativista de la historia. El 25 de noviembre la cooperativa alquiló por un año un local modesto en Toad Lane (callejuela de los sapos) y el 24 de octubre fueron certificados los estatutos de la Sociedad. Adquirieron algunos cuantos artículos como harina, mantequilla, azúcar y avena y el 21 de diciembre de 1844 el local abrió sus puertas ante la incomprensión de los vecinos.

Estos principios fueron adoptados también por las cooperativas de producción y sirve de base ahora a todo el cooperativismo mundial. Sin embargo, el cooperativismo de crédito se originó en Alemania, principalmente por el abogado Herman Schultze-Delizsch (1808-1883) quien difundió sus ideas principalmente en el medio urbano y por el alcalde Federico Guillermo Raiffeisen (1818-1888) que las propagó con espíritu cristiano preferentemente en el medio rural. Estos dos movimientos subsisten en la actualidad y se han extendido prácticamente por todo el mundo.

Así surgió el cooperativismo como doctrina socioeconómica, comenzando con las ideas fundamentales, las cuales fueron después teorizadas por unos críticos de sus respectivas realidades, para después traducirlas en principios y normas que permitieran operar unas sociedades donde se aplican los postulados doctrinarios.

Definición de Cooperativa.

Se define como cooperativa a una organización formada por personas con intereses comunes, que aspiran la obtención de productos o servicios en condiciones de justicia como fruto de su colectividad gobernada por ellos mismos.

La Alianza Cooperativa Internacional confiere el siguiente significado universal a la palabra “cooperativa”, independientemente del tipo de servicios y operaciones que ésta realice:

“Una cooperativa es una asociación autónoma formada por personas unidas voluntariamente para satisfacer sus necesidades económicas, sociales y culturales comunes, por medio de una empresa de propiedad compartida gobernada democráticamente”.

Esta definición es intencionalmente, una declaración mínima; por tanto, no es una descripción de la cooperativa “perfecta”. Por consiguiente, intencionalmente es amplia en su campo de acción, al reconocer que los socios de los diferentes tipos de cooperativas estarán involucrados de distintas formas y que los socios deben tener cierta libertad al organizar sus asuntos. Se espera que esta definición sea útil.

La definición recala las siguientes características de la cooperativa:

  1. La cooperativa es “autónoma”. Esto significa que es tan independiente del gobierno y las empresas privadas como sea posible.
  2. Es una “asociación de personas”. Esto significa que las cooperativas tienen la libertad de definir “personas” en cualquier forma legal que escojan. Muchas de las cooperativas primarias alrededor del mundo admiten sólo seres humanos individuales. Muchas otras cooperativas primarias admiten “personas jurídicas”, que en muchas jurisdicciones incluyen compañías a las que se les conceden los mismos derechos que a cualquier otro socio. Las cooperativas de otro nivel que el primario, en su mayoría, son propiedad de otras cooperativas. En todos los casos, la naturaleza de su práctica democrática es un asunto que debe decidir sus asociados.
  3. Las personas están unidas “voluntariamente”. Asociarse a una cooperativa no debe ser obligatorio. Dentro de los propósitos y recursos de las cooperativas, los socios deben ser libres para unirse o irse.
  4. Los socios de una cooperativa “satisfacen sus necesidades económicas, sociales y culturales”. Esta parte de la definición recalca que las cooperativas las organizan sus socios, para su beneficio individual y mutuo. Normalmente, las cooperativas deben funcionar dentro del mercado y entonces deben ser administradas eficiente y prudentemente. En su mayoría, existen principalmente para satisfacer sus fines económicos, pero también tienen objetivos sociales y culturales. “Social” quiere decir, la satisfacción de sus objetivos sociales, tal como la provisión de servicios de salud o de guardería. Tales actividades deben ser conducidas de una manera económica para que provean el tipo de servicio que beneficia a los socios. Las cooperativas pueden abarcar metas culturales de acuerdo con los intereses y deseo de los socios; por ejemplo, asistir en la promoción de una cultura nacional, promoviendo la paz, patrocinando deportes actividades culturales, y mejorando las relaciones de la comunidad. En verdad, en el futuro ayudando a proveer una mejor manera de vivir cultural, intelectual y espiritual-, puede convertirse en una de las maneras más importantes por lo cual las cooperativas pueden beneficiar a los socios y contribuir a sus comunidades.
  5. La cooperativa es “una empresa de propiedad compartida gobernada democráticamente”. Esta frase se recalca dentro de las cooperativas, se distribuye el control entre los socios sobre una base democrática. Estas dos características de propiedad y gobierno democrático son especialmente importantes al diferenciar las cooperativas de otro tipo de organizaciones, como las empresas controladas por el capital o por el gobierno. Cada cooperativa es también una “empresa” en el sentido que es una entidad organizada, que funciona normalmente en el mercado; debe, por lo tanto, esforzarse para servir a los socios eficiente y eficazmente.

Si se observa no sólo la cooperativa se enfoca en el aspecto económico, la participación de ésta es aún más importante, porque contribuye a un desarrollo de los socios y de la comunidad, fomentando y aplicando prácticas que impulsan el mejoramiento económico, social y cultural a nivel local, nacional y regional.

Bibliografía de consulta: Eguía, F. (2002). ABC de la Cooperación, segunda edición. México

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