PINOS

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Promotora e Incubadora de Organizaciones Solidarias

Cooperativas: La otra realidad

Dov Orian

Cooperativas - la otra realidad

Cooperativas: La otra realidad

REALIDAD COMPLEJA

Todos sabemos que estamos viviendo en una época de cambios vertiginosos y continuos.

Pero lo que parece evidente para muchos de los cooperativistas con los cuales nos reunimos en encuentros nacionales e internacionales, ¿es realmente así para todos los cooperativistas?

Me temo que no.

Para muchos cooperativistas en muchos países del mundo, incluyendo México, la realidad cotidiana es muy distinta de los temas que se abordan en las conversaciones o discusiones que se mantienen con los demás compañeros en estas reuniones, los que presentan los conferencistas que nos vienen a ilustrar sobre los distintos temas de su especialidad, o cuando leemos los libros de una muy rica bibliografía que se refieren a las últimas novedades de las tecnologías de la información y la comunicación y su impacto en la administración moderna, el acercamiento de las distancias entre la cúpula y la base en las corporaciones modernas, y por supuesto la cálida recomendación a las organizaciones de todo tipo –que para las cooperativas debería ser obvio al ser parte de su esencia- de abandonar el concepto de liderazgo vertical tradicional y la adopción del concepto de liderazgo participativo.

Todos estos conceptos, importantísimos en sí mismos, están dejando su huella en la forma de entender y analizar cualquier tipo de organización, pero desgraciadamente son prácticamente irrelevantes para un gran número de cooperativistas.

Los compañeros y compañeras en muchas cooperativas viven una realidad muy distinta.

Viven una realidad en la cual la supervivencia económica real, diaria, literal, es su prioridad principal. No están vinculados con otras estructuras cooperativas nacionales más grandes que los puedan asesorar, orientar, apoyar para mejorar su estructura, organización y funcionamiento. Están aislados del quehacer cooperativo más amplio. Sus vínculos se dan con personas, grupos y estructuras que se aprovechan de esa situación para mantenerlos en esa relación de control y supeditación. Al estar también geográficamente más o menos aislados, su situación se va repitiendo de generación en generación, y en definitiva las cosas son como son, porque así siempre fueron. Por supuesto las estructuras políticas locales o regionales aprovechan en su beneficio ese estado de cosas para promover el continuismo, la dependencia, el paternalismo. En esta situación están muchos grupos en muchas comunidades. Muchos de estos grupos son cooperativas, pero de tales tienen solamente el nombre.

Los temas tratados en reuniones nacionales e internacionales son sumamente importantes, pero éstos atañen solo a una parte, por cierto, muy significativa, del sector cooperativo. A la otra parte, a la que hacemos referencia en estas líneas, esos temas son casi irrelevantes. De la misma forma en que la desigualdad entre los sectores más ricos y los más pobres en todo el mundo se está agrandando más y más desde finales de los años ’70 y principios de los ‘80 hasta hoy día, de la misma forma aumenta la desigualdad entre las cooperativas que muy acertadamente se insertan en los procesos económicos y tecnológicos que caracterizan a lo que se conoce actualmente como la era del conocimiento, y las cooperativas de las que nunca hablamos, y que probablemente tampoco conocemos (ellas tampoco a nosotros). Éstas permanecen inalteradas, en el limbo, al margen de los procesos que afectan a una parte de la sociedad, pero no a ellas, y probablemente ni siquiera saben que estos procesos se están dando.

¿Cuál debe ser entonces nuestra posición? Cómo cooperativistas no solo conscientes de lo que pasa en nuestro derredor, sino que activamente participamos en muchos de estos procesos, ¿cuál debe ser nuestra actitud?, ¿nuestras decisiones deben verse influidas por esta situación?, ¿esta situación nos preocupa?, ¿en alguna asamblea general de una cooperativa, o en alguna sesión de su concejo de administración, se hace referencia a este tema?

Estas preguntas y muchas otras que se podrían plantear, ¿han sido consideradas en algún foro cooperativo, reunión, congreso, etc.? 

El sexto principio cooperativo se refiere claramente a la cooperación entre cooperativas. ¿Lo estamos llevando a la práctica?  

COMPARACIONES Y ANÁLISIS

Si bien en cada país hay realidades diferentes que responden a características nacionales específicas, vemos también ciertos procesos parecidos en grupos de países a diferencia de lo que pasa en otros grupos de países.

En términos generales en los países de Europa occidental (países nórdicos, Alemania, Francia, Inglaterra, España, Italia, entre otros), algunos de Asia (Japón, Corea del Sur), Oceanía (Australia, Nueva Zelanda) y América del Norte (Estados Unidos, Canadá), tenemos empresas de la economía social y un movimiento cooperativo fuerte, organizado, consolidado, con información fidedigna y accesible. En muchos de los países en vías de desarrollo y en las economías emergentes –no en todos- esta información es más dudosa, más escasa, menos confiable y en muchos casos el movimiento cooperativo además está fragmentado.

Antes de empezar a referirnos a ambos casos, quisiera hacer un planteamiento general: en términos generales vemos que en los países más desarrollados, hay un mayor nivel de educación; un mayor consenso respecto del modelo de nación, a pesar de todas las diferencias que pueden darse entre los distintos partidos políticos que compiten por el gobierno; mejores vías de comunicación; niveles de bancarización más amplios; muy amplios sectores de la población, si no todos, están conectados a la red eléctrica, y ésta es continua sin apagones continuos; bajos niveles de analfabetismo en la población en general y en la población cooperativa en particular; las diferencias sociales y económicas entre los sectores, si bien han aumentado en los últimos años, no llegan a los extremos de los países en vías de desarrollo. Es en esos países precisamente donde vemos un desarrollo más consolidado de la economía social y del cooperativismo. Es en esos países donde las empresas de la economía social –incluyendo las cooperativas por supuesto- están más pujantes, y hay un mayor reconocimiento público, mediático y político a su contribución al quehacer total de la sociedad y a su bienestar general. Ese reconocimiento lo vemos entre otros elementos a través de las leyes existentes, promulgadas por los parlamentos, que son la base de políticas públicas que promueven y fomentan el fortalecimiento de esas estructuras. Sirva como ejemplo las declaraciones hechas por el Presidente del Gobierno Español, Pedro Sánchez, el 1.7.23, al hacerse cargo de la Presidencia del Concejo de la Unión Europea por los próximos seis meses, que la economía social será una de sus principales prioridades.

Por otro lado, en los países en vías de desarrollo, y en las llamadas economías emergentes, si bien no presentan un cuadro homogéneo, las empresas de la economía social, incluyendo las cooperativas, presentan una situación menos alentadora. Entre otras características, y en términos generales, en estos países vemos niveles de educación y de salud inferiores (incluyendo por supuesto grandes sectores de la población rural y cooperativa rural); la  concepción de un modelo de estado es más fragmentada; el tejido social está más fragmentado; las vías de comunicación son más escasas y de calidad mediocre, llegan a menos localidades y su estado de mantenimiento es en general de regular a malo, lo que implica que muchas comunidades están pobremente vinculadas con su entorno, lo que a su vez dificulta la relación, el comercio, la intercomunicación; comunidades no están vinculadas a la red eléctrica; el transporte público deja que desear; el nivel de analfabetismo es más elevado (particularmente en el sector rural); los porcentajes de población sin acceso a los servicios ofrecidos por la banca tradicional son altos. En América Latina el índice de desigualdad entre el sector más pudiente y el más débil es el más alto del mundo (Foro Económico Mundial, CEPAL, OXFAM). Es precisamente en este entorno donde vemos a las empresas de la economía social y a las cooperativas en una situación difícil. Existen leyes, como en el caso de México, donde se menciona específicamente en el artículo 25 Constitucional que la economía nacional está constituida por tres sectores: el público, el social y el privado. Pero el conocimiento y el reconocimiento que del sector social tienen tanto el sector público, el sector privado, así como los medios de comunicación y el medio político son nimios, por no decir nulos.

Al hacer generalizaciones amplias se incurre en inexactitudes. No en todos los países esta situación es la que prevalece. En Costa Rica y en Uruguay, en Argentina y en Brasil, por ejemplo, en comparación con otros países de la región, la realidad cooperativa es diferente. Asimismo, dentro de un país, la situación no siempre es homogénea: hay países donde un sector, en general el de ahorro y préstamo, es fuerte y está organizado adecuadamente -como es el caso de México- pero otros sectores lo están menos.

Son muchos los factores que inciden en esta situación. Sin pretender hacer un análisis exhaustivo propongo dividir el análisis en dos tipos de factores: los factores internos y los factores externos.

Por factores internos me refiero a la responsabilidad del propio movimiento cooperativo y a su “contribución” en la generación de la situación problemática en que se encuentran muchas de las cooperativas en varios países.

Por factores externos me refiero más que nada a la responsabilidad que le cabe al entorno político, los poderes ejecutivo y legislativo principalmente, y a los medios de comunicación, en la generación de la situación en que se encuentran la economía social en general y las cooperativas en particular, o al desconocimiento que en general se tiene de su esencia, su participación y contribución, la escasa trascendencia que se le da, así como la escasa legislación -y de calidad dudosa- y políticas públicas que no están orientadas a su desarrollo, fortalecimiento y promoción.

FACTORES INTERNOS

Al movimiento cooperativo le corresponde una parte considerable de responsabilidad en esta situación. Muchas veces vemos líderes cooperativos demasiado comprometidos con sus intereses personales en detrimento del movimiento que dicen representar. Están establecidos en zonas de comodidad desde hace mucho tiempo; tienen dificultades -no están interesados- en adaptarse a los cambios ideológicos, conceptuales, sociales, políticos y tecnológicos que se están dando en el mundo en los últimos treinta-cuarenta años; mantienen compromisos partidarios que impiden ver -o confunden- entre el beneficio del movimiento cooperativo y el vínculo y la dependencia con un partido político; mantienen cotos definidos de poder; adolecen de falta de una visión y misión de fortalecimiento del movimiento; no piensan con una perspectiva política de desarrollo cooperativo. La lista de debilidades puede ser muy larga.

Pero si agregamos estos factores a los que mencionábamos más arriba –deficiencias en el  desarrollo, transporte, comunicación, educación, salud, bancarización, etc.- tenemos una situación en la cual se puede dar la “tormenta perfecta”: ideal para mantener en la cúpula del movimiento a personajes con grandes habilidades tácticas-operativas que les permite continuar en los cargos que ocupan, pero cuya preocupación principal no es el fortalecimiento del movimiento, sino manejar los hilos que les permite seguir donde están. Siguen manejando presupuestos, mantienen vínculos más o menos estables con algunos centros de poder político y económico, y siguen estando al frente de organizaciones que a veces no se sabe muy bien ni su tamaño, ni que es lo que realmente hacen, ni a quien representan, pero mantienen una fachada de “representatividad”: siguen siendo “presidentes”, participan en reuniones, y, en fin, “acá no pasa nada, todo está bien, todo sigue igual”.

Lo que está ocurriendo en nuestro derredor, la revolución tecnológica, la apertura y el flujo de la información, la utilización de las redes para difundir el quehacer del movimiento, tratar de llegar a más gente, como desarrollar nuevos campos de actividad cooperativa, como capacitar a nuestros socios en las nuevas realidades tecnológicas en las que ahora estamos viviendo, como posicionarnos como movimiento cooperativo en esta nueva realidad, como incrementar la influencia del movimiento en el poder legislativo, con el poder ejecutivo, en los medios de comunicación, en la opinión pública, todo eso es algo que no les preocupa. Les preocupa seguir manteniendo los mismos puestos y las mismas posiciones; crean a veces organizaciones de segundo o tercer nivel -con un viso de legalidad- que contribuyen en realidad a la fragmentación del movimiento, pero en realidad mantienen y tratan de fortalecer sus vínculos políticos personales para su beneficio individual, no para el desarrollo y fortalecimiento del cooperativismo.

Hay líderes más sofisticados: aprovechan la revolución tecnológica, utilizan las redes, quieren posicionar al movimiento de una forma que hace recordar el interés genuino de un cooperativista. Pero no confundirse: algunos de estos líderes lo hacen con la condición de que ellos estén “arriba”, puedan utilizar los presupuestos para distribuirlos de una forma que les permita aumentar su control sobre los grupos que reciben esos apoyos y de esa forma aumentar su influencia y dominio.

En fin, las variantes y las combinaciones pueden ser varias: en definitiva, a pesar de excelentes discursos o conferencias que muchos de estos personajes pueden dar, la realidad es que se necesita poco tiempo de contacto con ellos para ver su verdadera naturaleza: una cosa es declamar los valores y principios cooperativos, y otra muy distinta es comportarse de acuerdo a ellos, vivirlos.

Cuando las declaraciones son distintas de las intenciones, es difícil articular políticas comunes. Es difícil unir al movimiento cooperativo, es difícil generar consensos entre los líderes, y muchas veces cuando ya se consiguen, son efímeros o superficiales: dependiendo de cambios circunstanciales, o intereses momentáneos, lo acordado deja de tener vigencia.

Con esto no quiero decir que todos los líderes cooperativos son personas no creíbles o no confiables. De ninguna forma. Pero alcanza con que un número determinado de ellos tengan algunas o varias de estas características y sean lo suficientemente “representativos” para crear la “masa crítica” que dificulta, obstaculiza, o puede hacer fracasar los intentos de cohesionar al movimiento cooperativo que realizan otros líderes, sinceramente dedicados a fortalecerlo. 

Si a esto le agregamos lo que presentábamos más arriba: rezagos serios en alfabetización y actividad educativa de todo tipo, dificultades de transporte y de comunicación, obstáculos geográficos, usos y costumbres muy arraigados en comunidades con un fuerte localismo, la inexistencia de servicios bancarios que puedan financiar proyectos productivos y educativos, a la par con la existencia de un sistema político y de intermediarios que aprovechan esa situación para generar una situación de dependencia entre unos y otros, asegurando la continuación de estructuras cuyo objetivo es asegurarse que no haya cambios, se mantenga y se conserve el estatus quo, obtenemos un círculo vicioso muy difícil de romper. En esta cadena, los eslabones están todos muy asegurados uno con otro. Es difícil encontrar el eslabón débil, para romperla.

No por eso debemos desistir en nuestro empeño. Es por eso precisamente que las cooperativas y sus líderes que están verdaderamente preocupados por la consolidación y fortalecimiento del movimiento cooperativo a nivel nacional, y la Alianza Cooperativa Internacional -a nivel internacional- deberían dedicarle más atención a esta situación que afecta a un número grande de seres humanos en muchos países. Si bien hay particularidades específicas en cada uno de ellos, se puede establecer algunas líneas comunes a todos, lo que facilitará el desarrollo de una estrategia continental, en el caso de América Latina, que podría transformarse en una estrategia mundial con las adecuaciones necesarias, pero tomando en cuenta que quizá puede haber muchos más elementos unificadores, que diferenciadores. De la misma forma que la Declaración 193 de la OIT, presenta recomendaciones para el fortalecimiento del cooperativismo en todo el mundo, la Alianza Cooperativa Internacional, fiel a sus principios y valores, debería tomar también como suyo este desafío estratégico. Profundizaremos más este punto al final cuando nos refiramos a las recomendaciones.

Por otro lado, están los líderes cooperativos que no pertenecen, ni se identifican, con las   estructuras políticas partidarias tradicionales identificadas con el control político del estado, o sea con el gobierno. Estos líderes están identificados con otros partidos políticos, o ideologías políticas, que no participan en el gobierno y que de hecho se oponen a él. Por supuesto que es el derecho de todo ser humano a decidir con cuál ideología política se identifica, a qué partido político se afilia y a quien le otorga su voto. La dificultad surge cuando estas personas llevan a todo el grupo cooperativo a tener una afiliación o identificación partidaria.

Esto atenta contra la ideología cooperativa, sus principios y valores- que se expresan claramente en contra de la identificación partidaria del grupo, pues ésta desvirtúa la esencia de la actividad cooperativa al transformarla en proselitismo político. Las cooperativas son entes independientes   -4to. Principio Cooperativo- y como tales sin afiliación política o partidaria. Eso no quiere decir que sus integrantes no tengan, individualmente, sus preferencias políticas y partidarias. Un cooperativista por su propia esencia es un ente profundamente político, pero a que partido votar es una decisión personal, no grupal. Como asociaciones tenemos que estar listos a mantener diálogos con todos los actores políticos desde una situación de independencia, y no dependientes de nuestras preferencias ideológicas. Tener como grupo una preferencia partidaria ya previamente asumida y reconocida nos limitará enormemente y acotará nuestra capacidad de interrelación y negociación con los otros sectores políticos.   

También están las cooperativas y sus líderes que se dedican prácticamente en exclusividad al desarrollo y fortalecimiento de su actividad. Están “encerradas” -por decirlo de alguna forma- en su ocupación. Se dedican a su trabajo. Hacen todo lo necesario para fortalecer su posición financiera y mejorar su situación en el mercado. Esto es muy loable, pero hay que tener mucho cuidado: la dificultad que se suscita con esta postura es que al tener mucha atención y energía dedicada al quehacer técnico/profesional, se descuida –o hay menos energía disponible- a ver el resto de lo que debe ser el quehacer cooperativo en su totalidad. Puede quizá descuidarse el fortalecimiento cooperativo, la identidad cooperativa. Es difícil mantener el equilibrio adecuado entre el desarrollo social, el económico y el ambiental en una cooperativa, pero es parte de su esencia. Conviene recordar también el principio del vínculo, la colaboración y asistencia entre cooperativas para que el movimiento no se debilite (6to. Principio). 

FACTORES EXTERNOS

Frente a esta situación de fragmentación del movimiento cooperativo en diferentes países, las instancias políticas en todos sus niveles, se ven enfrentadas a una difícil disyuntiva: ¿a quién escuchar?, ¿a quién hacerle caso?, ¿qué línea de acción tomar para fortalecer a las empresas de la economía social y a las cooperativas?

Conviene no olvidar que, en muchos países, tanto en el sector privado como en el público en general –incluyendo el político-, hay un desconocimiento profundo sobre todo lo que significa la economía social y el cooperativismo.    

Son pocos los políticos a los cuales les interesa, o que tienen conocimientos sobre lo que implica la economía social y el cooperativismo. Muchos de ellos están de antemano comprometidos e identificados con la concepción del modelo económico neoliberal. O no les importa, o no saben, que actualmente muchas autoridades económicas internacionales, como por ejemplo los premios Nobel en Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman, entre otros, además de instituciones como el Fondo Monetario Internacional, la CEPAL e instancias académicas entre otras, han declarado públicamente que el modelo neoliberal está exhausto, que no ha producido los resultados esperados y que es el responsable de los descalabros financieros que estamos viviendo en los últimos años. También es verdad que por ahora no existe un modelo aceptado como alternativa, que sirva como una recomendación que instituciones internacionales presenten como solución. Pero muchos políticos ni siquiera se plantean esta nueva realidad, no la reconocen, no se refieren a ella, y por lo tanto no buscan alternativas conceptuales sobre las cuales se pueden desarrollar modelos específicos que respondan a necesidades sentidas y realidades nacionales concretas.

Cuando la cultura política y económica predominante es la de preservar el poder y control de ciertos grupos a expensas de otros, el juego que se juega es el llamado de “suma cero”: lo que un grupo gana es lo que el otro grupo pierde. Por un lado, un grupo relativamente pequeño, pero muy bien organizado, los que manejan los hilos del poder económico, político y medios de comunicación -o están cerca de ellos-, y por el otro, el sector social, un grupo grande, numeroso, y en muchos casos mal organizado y fragmentado, lo que facilita que en este juego de suma cero sea el perdedor. Todos los que participan en el grupo de los ganadores reciben algo por supuesto. La división de las ganancias no es igualitaria, pero es lo suficientemente significativa para satisfacer a sus diversos integrantes. Estos esquemas no son estables: cada tanto se producen movimientos y acomodos internos, de tal forma que algunos integrantes van modificando su situación, algunos mejoran su participación y otros la disminuyen, pero mientras las cosas funcionan en forma más o menos aceptable, los acomodos y adecuaciones son movimientos internos que no afectan a la estructura del juego en su totalidad.

Algunos líderes cooperativos son parte de esa estructura. Aprovechan, disfrutan y reciben parte de los beneficios a cambio de que colaboren con ella y contribuyan a su mantenimiento. Su identificación no es hacia sus representados, los socios cooperativos y sus cooperativas, sino hacia los círculos de poder de los cuales ellos son socios menores, pero socios al fin.

Frente a esta situación, los gobiernos están en una situación delicada. Pueden por un lado aprovecharse de los grupos cooperativos con los cuales tienen vínculos tradicionales para seguir apoyándolos. Por otro lado, no pueden dejar de escuchar a los otros representantes cooperativos que también tienen sus demandas para presentar.

En el primer caso, estas cooperativas se transforman en grupos de apoyo político al partido en el poder. Se da una situación paradójica en la cual en vez de que el gobierno apoye y fomente al movimiento cooperativo, son estas cooperativas y sus líderes, qué sirviendo como grupo de mantenimiento a las estructuras tradicionales, apoyan al gobierno, sin conseguir apoyos para el movimiento en su totalidad. Los beneficiados son en definitiva los líderes cooperativos, y parcialmente las cooperativas por ellos lideradas, como ya explicamos más arriba, que obtienen algunos beneficios condicionados. Pero esto no significa fortalecimiento ni desarrollo, ni del movimiento ni de las propias cooperativas que esperan y dependen de las cuotas y beneficios negociados. Su significado para esas cooperativas, es aumento de la dependencia del gobierno, pérdida de independencia, tergiversación de los principios y valores cooperativos, debilitamiento continuo del movimiento y pérdida de credibilidad entre otros. Es por eso que en algunos países vemos que hay muchas cooperativas, algunas de ellas incluso fuertes, pero el movimiento cooperativo es débil.

En el segundo caso, el de los líderes cooperativos que no mantienen un vínculo de dependencia con el gobierno o con partidos políticos que integran el sistema político, hacen sus planteamientos y son escuchados, pero eso es todo. Eso no compromete a los políticos a tomar decisiones que fortalezcan al movimiento. Las decisiones que los parlamentarios o los gobernantes tomen están basadas en sus cálculos y la conveniencia política circunstancial. Como ya explicamos más arriba, el conocimiento del tema no los caracteriza. Sus compromisos están definidos de antemano con otros grupos, otros sectores y con sus propias cúpulas políticas. Por supuesto, eso no impide que escuchen las explicaciones, propuestas y demandas, pero están cumpliendo con una formalidad, nada más.

La propia división y fractura del movimiento cooperativo facilita a los legisladores y al ejecutivo ese posicionamiento: aprovechan esta situación pues al escuchar de los diversos grupos representativos cooperativos planteamientos diferentes, a veces hasta opuestos, deciden lo que a ellos les parece más adecuado. La fractura del movimiento cooperativo consigue lo impensable: siendo un movimiento grande, que incluye a muchas personas, nos vemos como si fuésemos pocos y no relevantes; a pesar de tener una representación fuerte en el sector de la producción y servicios, de cumplir una función importante en el ahorro y préstamo al ser los únicos que ofrecemos servicios financieros variados a núcleos importantes de población, la opinión generalizada sobre  el movimiento es que se trata de un grupo de pobres que tienen la organización en cooperativas como única alternativa para la supervivencia. En el sector de consumo, por ejemplo, cooperativas en muchos países cumplen una importante función humanitaria, económica, social y ecológica al ofrecer productos que de otra forma personas no podrían adquirir, o tendrían que pagar un precio más elevado por él. Tienen además un importante objetivo formativo-educativo al tratar de educar al público a preocuparse por su salud alimentaria, al ingerir productos sanos, orgánicos, no tratados con agentes químicos dañinos, obligando a los productores a detallar características de lo que están ofreciendo. Esto a su vez cumple una importante función de sustentabilidad ambiental. Estas actividades son hoy día particularmente importantes en países desarrollados, que afortunadamente se están extendiendo a otras latitudes también. En este terreno, la realidad es muy diversa entre países.    

RECOMENDACIONES

En ningún campo del quehacer humano, se encontrará una solución a un problema, si éste no fue previamente definido, reconocido como tal. Se dice que más importante que encontrar una buena respuesta, es enunciar la pregunta adecuada… Cuando estudiamos álgebra nos enseñan que el primer paso fundamental para resolver una ecuación, antes que nada, es plantearla correctamente.

Lo mismo aplica por supuesto en nuestro caso.

Tenemos que concientizarnos y reconocer que, en mayor o menor medida, en un gran número de   países del mundo, el problema de un movimiento cooperativo no consolidado, la existencia de líderes no representativos que aprovechan para fines personales -o de otra índole- a los organismos cooperativos, existe, y es un flagelo. Esta situación afecta no solamente a los socios cooperativos que sufren directamente en carne propia las consecuencias, sino también a las demás cooperativas, qué si bien viven en su quehacer cotidiano una realidad distinta, se ven hoy día -y se verán en el futuro- afectadas por la dinámica política, económica, mediática y comunicacional que se genera, como traté de explicar en las líneas anteriores.

De la misma forma que dividimos previamente nuestro análisis en factores internos y factores externos para realizar nuestras observaciones, aplicaremos ahora la misma metodología y dividiremos también nuestras recomendaciones en internas (que tienen que surgir dentro del movimiento cooperativo en cada país) y externas (acciones que deben darse fuera del ámbito de las cooperativas), legislación y políticas públicas, (éstas, por ejemplo, pueden ser el resultado de iniciativas cooperativas). En este aspecto, a los movimientos cooperativos nacionales, les cabe un rol preponderante. Existe otra posibilidad, que empieza tener más presencia últimamente: las declaraciones hechas por políticos en ese sentido. Como ejemplo, las declaraciones del Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, que mencionábamos antes, o las palabras pronunciadas por el Presidente de Colombia, Gustavo Petro, en la Clausura de la Asamblea Nacional de Economía Solidaria, Popular y Comunitaria, el 19.7.23, en Neiva, Huila.

FACTORES INTERNOS

Las organizaciones cooperativas, así sean éstas de base, o representen a organizaciones de segundo, tercer o cuarto nivel -de acuerdo a las leyes y a las normas de cada país- deben reconocer el momento histórico en el que estamos viviendo actualmente. Es un momento de transición importante, tanto a nivel conceptual como práctico: el movimiento cooperativo tiene la posibilidad de influir en el desarrollo económico y social sostenible de mucha gente en muchos países, presentando la opción de que otro mundo es posible. No estamos presentando un nuevo partido político. Estamos hablando de la opción de organizar la producción, el mercadeo, el financiamiento de proyectos, la organización comunitaria -que implica salud, educación, infraestructura, entre otros- bajo un marco diferente. No implica la sustitución de un modelo por otro. No estamos hablando de revolución. Estamos hablando de favorecer la aparición de más opciones. Éstas no solo deben provenir de las grandes instituciones ya existentes como las grandes corporaciones que conocemos. Pueden surgir iniciativas desde “abajo”, por grupos de personas que quieren tomar su destino en sus manos. A estos grupos hay que apoyarlos con capacitación, financiamiento, la posibilidad que entre cooperativas se puedan financiar proyectos productivos y de otra índole, redes de mercadeo y mercadeo entre cooperativas. Tenemos que promover los cambios en las leyes que nos faciliten el desarrollo de iniciativas propias, la innovación, el apoyo mutuo y la búsqueda de soluciones a las situaciones específicas de nuestro sector: debemos ser capaces de contribuir a impulsar y financiar nuestro propio desarrollo (en México la ley actual lo impide). Somos por un lado empresarios privados, pero no el típico empresario privado que la ley conoce y reglamenta. Somos en realidad empresarios sociales, y para ellos no existe una ley que los defina. De ahí la importancia de promover un código cooperativo, como hay un código comercial, penal, etc.  

No es casualidad que no hay actividad humana que no esté representada por una cooperativa en algún país del mundo. Muchas veces estas cooperativas son instituciones muy grandes con una actividad financiera y de impacto social muy amplio, que surgieron por iniciativa propia.

Todo esto, y mucho más, es posible conseguir en cualquier país con una condición: que el movimiento cooperativo empiece a tomar conciencia que es un movimiento, no distintas cooperativas, cada una preocupándose -con una visión estrecha- de su quehacer exclusivamente. Si bien el fortalecimiento de una cooperativa es condición necesaria, y el fortalecimiento del sector a la que la cooperativa pertenece es muy importante, no es suficiente: las cooperativas .y las estructuras de segundo y tercer grado que se creen- deben ampliar su visión, colaborar y preocuparse por el fortalecimiento de todo el movimiento cooperativo nacional y el internacional.

En esa etapa, a los líderes cooperativos sectoriales nacionales les cabe una tarea transcendental. Son ellos los que deberán orientar la actividad en aras de la unidad. Hay que tomar en cuenta que se estarán enfrentando con muchos elementos dentro del movimiento cooperativo -como ya explicamos antes- que no están interesados en fortalecer ese proceso. En cada lugar, las estrategias deberán ser adecuadas y diferentes entre ellas, pero el objetivo es el mismo: consolidar y fortalecer el movimiento. Esto no se hará de un día para el otro. Llevará tiempo, pero lo antes que empecemos, antes llegaremos a la meta.

Esta labor es responsabilidad exclusiva de los cooperativistas. Nadie lo hará en nuestro lugar. Nosotros conocemos las entrañas del movimiento. Nosotros conocemos sus debilidades y sus fortalezas. Nosotros también conocemos las amenazas y las oportunidades. Planteándolas con franqueza, con apertura, pero con mente abierta, dispuesta a revisar diferentes opciones, encontraremos las alternativas y caminos que nos permitan llegar a la unidad.

Pero tenemos que recordar que nuestra responsabilidad y nuestro trabajo debemos desarrollarlo en dos sentidos:

  1. Trabajar con las cúpulas de las distintas organizaciones cooperativas para consolidar un frente que presentemos a los otros sectores como el político, el empresarial, el de los medios, y a través de éste empezar a posicionarnos en la opinión pública, como una opción empresarial social y económica real atractiva, con el componente de la sustentabilidad, que actualmente cada día más aumenta su aceptación, y simultáneamente,
  2. Dedicar mucha atención a las cooperativas alejadas, olvidadas, las que no son tomadas en cuenta, porque no las conocemos, porque no tenemos contacto con ellas, pero que existen, están ahí. Con estos grupos se pueden desarrollar muchos proyectos productivos, educativos, de comercialización, de transporte, de almacenamiento, formación de cadenas de integración horizontal, no solo vertical, promoción y desarrollo de mercadeo entre las cooperativas.

En fin, las opciones son múltiples, pero hay que reconocer el desafío y enfrentarse a él.         

FACTORES EXTERNOS

Teniendo la carta de la unidad en nuestra mano, así ya se haya conseguido, o esté ya en una fase más o menos avanzada, nos podremos presentar frente a los círculos a los cuales queremos llegar con otro discurso, ya consolidado, con otra presentación.

Este discurso, basado en la independencia del movimiento cooperativo, y contando con información fidedigna que permita medir la fuerza económica y la contribución social y ambiental que representa, despertará interés y respeto.

Desde esta posición será posible elaborar leyes –en base a propuestas que elaboremos- que estén diseñadas para el posicionamiento, desarrollo, fortalecimiento y promoción del movimiento cooperativo, no solo para determinar su estructura, o facilitar su control. Aumentará la posibilidad de desarrollar el derecho cooperativo, para no seguir incluidos en el derecho comercial, como ocurre en México. Podremos preparar una propuesta de ley de economía social y solidaria que esté diseñada también para su desarrollo y fortalecimiento. Si bien ya hay varios países en el continente americano que cuentan con estas leyes -y que pueden ser mejoradas-, hay otros que no las tienen.

De la misma forma como en muchos países distintos grupos del sector privado tienen sus cámaras que representan intereses gremiales muy específicos, y que consiguen un impacto e influencia política y mediática considerable, también el movimiento cooperativo puede -y debe- organizarse para estar en una situación semejante. Sería una excelente oportunidad para ejercer un cabildeo homogéneo e integral a las necesidades de todo el movimiento, respetando por supuesto, y enfatizando, necesidades específicas de tal o cual sector cooperativo. Esta es la función que en México debería cumplir el Concejo Superior del Cooperativismo.

Esto facilitaría al movimiento no solo promover al cooperativismo en su totalidad -con las particularidades de cada uno de los sectores que lo integran- sino también llamar la atención para considerar las situaciones muy especiales en que se encuentran las cooperativas más alejadas, más aisladas, más desconectadas. Cuando los medios políticos y los medios de comunicación masiva comiencen a considerar la importancia, la trascendencia y las posibilidades del movimiento cooperativo, esto tendrá también sus consecuencias a nivel estatal, regional y local. Como ya dijimos más arriba, esto no se dará de un día para otro. Es un proceso al que hay que abocarse desde ahora con una visión estratégica de largo alcance y crear las estructuras y la planificación que nos permita alcanzarla.

La Alianza Cooperativa Internacional deberá jugar un papel muy importante en este proceso.

Si bien es muy difícil para un organismo internacional inmiscuirse o tomar partido en situaciones relevantes al quehacer interno de países, se pueden aprovechar los encuentros regionales y continentales para analizar, estudiar, definir estrategias, hacer posicionamientos, y elaborar resolutivos que fomenten, resalten la importancia y encaminen los esfuerzos de organizaciones cooperativas en la dirección de la consolidación de un movimiento cooperativo nacional. En el continente americano existe el PARLATINO, la reunión de parlamentarios americanos interesados en el tema del cooperativismo. En las Conferencias Regionales, así como en las Cumbres, que organiza Cooperativas de las Américas, se llevan a cabo encuentros con los legisladores. El tema del modelo cooperativo, la importancia de las empresas de la economía social y el apoyo requerido por parte de los parlamentos se presenta y se explica. Será muy importante darle un seguimiento muy puntual con todos los legisladores identificados como convencidos del tema para continuar presentándoles material informativo relevante, no solo durante los encuentros. Simultáneamente los movimientos nacionales continuarán desarrollando y fortaleciendo estos vínculos. Es importante aumentar el compromiso de los legisladores con el tema, para que los resolutivos no se queden en meras declaraciones.

Lo que quiero recalcar es que este trabajo político se debe llevar a cabo no solo por tal o cual organización cooperativa afiliada a la ACI, sino a nombre de todo el movimiento cooperativo nacional en los países.

CONCLUSIONES FINALES

Si bien hay que considerar para el fortalecimiento del movimiento cooperativo muchos factores sobre los cuales no tenemos control, hay varios factores sobre los cuales tenemos control y somos los únicos responsables por ellos. Sobre esos factores es que propongo comenzar a desarrollar nuestro trabajo con una planificación muy definida pero muy flexible, y por sobre todo con mucho convencimiento, dedicación y entusiasmo. En la planificación habrá errores o cosas que no fueron tomadas en cuenta. Serán corregidas y adecuadas. Pero para llevar a cabo todo eso tenemos que disponer de una energía y dedicación al tema que solo el convencimiento y el entusiasmo pueden conseguir.

Manos a la obra que el tiempo apremia. Cuando antes comencemos, antes se verán los resultados.

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Identidad cooperativa e Impacto comunitario

DEFINICIÓN

Una cooperativa se define como una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes, por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada.

Esas personas lo hacen en conjunto pues piensan que juntos -en grupo- obtendrán mejores resultados que si lo hicieran en forma individual.  

Esos resultados tienen un impacto no solo en la cooperativa, sino -también en el mediano y largo plazo- en su entorno más inmediato, la(s) comunidad(es) aledañas. Su influencia se hace sentir hacia adentro y hacia afuera.

DESARROLLO COOPERATIVO EN EL MEDIO URBANO

En el medio urbano, la presencia de una cooperativa de ahorro y préstamo, o de consumo, es una de las ofertas, de las muchas que existen, que se ofrecen como parte de los múltiples servicios que existen. Las características cooperativas específicas, su esencia conceptual, pasa prácticamente desapercibida para la mayoría de las personas, o es relevante para un cúmulo pequeño de sus socios(as): es una entidad financiera más, o que sirve para surtir las necesidades de consumo familiares, entre todas las otras opciones que existen, estando todas ellas al alcance de la mano. Quizá tienen algún beneficio económico para sus usuarios, o el de ofrecer, por ejemplo, productos orgánicos, que quizá son el motivo para asociarse. Esta es la realidad, siempre y cuando la cooperativa se limite a ofrecer exclusivamente el servicio específico que la caracteriza. No debería ser así: además de ofrecer los servicios que les dieron origen, deberían llevar a cabo (es probable que muchas lo hagan) una campaña intensa de divulgación entre los y las asociados/as -así como a nivel comunitario- para promover las demás actividades vinculadas a su esencia cooperativa. En el caso de las cooperativas de ahorro y préstamos algunos ejemplos podrían ser: educación para promover la importancia del ahorro, capacitación para manejar finanzas sanas en la familia, divulgación de la idea cooperativa a nivel escolar, el ahorro como instrumento para mejorar el nivel y la calidad de vida invirtiendo en la vivienda, la salud, la educación de adultos, etc. En el caso de las cooperativas de consumo, se puede promover programas para la alimentación adecuada, su impacto en la salud, establecer y promover vínculos con productores cercanos, presentación y promoción de recetas utilizando productos de temporada para mejorar el presupuesto familiar, etc. Estos son solo algunos ejemplos a través de los cuales el impacto de la cooperativa en la familia y en el medio urbano puede marcar la diferencia con otras empresas que ofrezcan los mismos servicios, pero desprovistos de la visión más amplia que debería caracterizar a una cooperativa. Estas actividades reforzarán su Identidad Cooperativa, por un lado, a la vez que cumplirán con su cometido de mantener un equilibrio adecuado entre lo social, económico y ambiental, por otro, promoviendo además actividades de género y relevantes para la juventud, como actualmente recomienda la Alianza Cooperativa Internacional, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Ambos tipos de cooperativas, tanto de consumo como de ahorro y préstamo, deberían tener objetivos similares en lo relevante a su esencia cooperativa (además de los objetivos de sus actividades específicas). Políticas y estrategias más específicas deberían ser resultado de un análisis muy detallado en cada comunidad: las poblaciones que las integran, cuáles son sus necesidades, nivel económico y social, que servicios y productos específicos necesitan, ubicación geográfica, cercanía con productores, etc.

Respecto a las cooperativas de producción y servicios en el medio urbano, fuera de las que muchas veces políticos están interesados en su fundación y promoción -y no siempre en su fortalecimiento y desarrollo-, deberían partir de una base distinta a la del apoyo externo. Su fortaleza y probabilidades de éxito radica antes que nada en el conocimiento y confianza que existe entre sus integrantes: esto no implica rechazar o no considerar la necesidad de apoyos externos, sino que la base para su constitución debe ser antes que nada su cohesión y compromiso interno con la idea cooperativa. Estas personas se conocen, quizá algunos tienen algún vínculo familiar entre ellos, existen relaciones de amistad, relaciones profesionales, etc. Estos son algunos de los factores que impulsan a algunas personas a formar entre ellos una cooperativa que producirá tal o cual producto o servicio. En México la ley establece que como mínimo se necesitan cinco personas para su conformación. Factores importantes para su supervivencia serán: 1) pensar que juntos puedan solucionar mejor las situaciones que enfrentan que si lo hicieran por separado (definición), y 2) la confianza que existe entre los(as) fundadores(as). Este es un elemento clave en la formación de una cooperativa de producción y servicios. Este elemento, en las cooperativas de ahorro y préstamo o de consumo, existe también, pero de una forma más sutil, más indirecta. En estos casos, el elemento de confianza en la institución, en sus dirigentes, es fundamental, pero no así en los demás socios: en muchos casos, sino en la mayoría -debido al gran número de socios- ni siquiera se conocen unos con otros. En una cooperativa de producción y servicios, las personas están 8 horas -en términos generales- todos los días juntas, cumpliendo su misión. La confianza y las relaciones entre ellos(as) es un elemento fundamental. Con el tiempo los números varían: se integran nuevos socios, quizá se contrate también personal asalariado, etc., y cuando ya se den esos casos, se tomarán las medidas necesarias -con una planificación adecuada- para enfrentarse con el incremento del personal.   

Las actividades que las cooperativas desarrollan, y los vínculos humanos y grupales que se van desarrollando, el contacto diario y las funciones que se cumplen, generan como efecto secundario -no obligatoriamente como un objetivo definido de antemano- relaciones entre personas, presentación y discusión de ideas, análisis de situaciones que la cooperativa es el catalizador, no la causa para que se den, sino que simplemente -por su mera existencia- las facilita. La dirigencia cooperativa -sin importar a que actividad ésta se dedique- deberá ser consciente de esta situación para aprovecharla, en distintos aspectos: 1) aprovechando las ideas de todos para mejorar y hacer más efectivos sus productos, servicios y procesos; 2) mantener vivo el espíritu y la democracia cooperativa: 3) difundir la idea cooperativa y formar otras cooperativas en un sentido horizontal -otras cooperativas de base- o en un sentido vertical -escalar el quehacer cooperativo- para agregar otros servicios o productos enriqueciendo su escala de valor, y 4) presentar y fomentar -en el momento adecuado- los ámbitos en los cuales la cooperativa puede participar y contribuir con el entorno, que no son obligatoriamente parte de su quehacer técnico profesional específico, pero que son parte de su concepción social, relevante a mejorar el nivel y calidad de vida (educación, salud, vivienda, jóvenes, sostenibilidad, etc.), de los socios en primer lugar, del personal asalariado y posteriormente del entorno inmediato en la cual está inserta. A mediano o largo plazo, también del entorno más amplio: la cooperativa debería ser capaz -con el tiempo- de transformarse en foco de desarrollo local.

Conviene recordar que la difusión de un mensaje de organización cooperativa, como opción empresarial, ya sea de producción y servicios, ahorro y préstamo o consumo, puede ser asimilada más fácilmente, más naturalmente, en un entorno humano ya acostumbrado a la presencia de una cooperativa en el medio, independientemente de su quehacer específico. En México, la presencia de cooperativas de ahorro y préstamo es fuerte -cuenta incluso con la cooperativa más grande del continente, Caja Popular Mexicana-; sería importante que ésta, y las demás que integran el sector, desarrollen estrategias adecuadas para la difusión de la idea cooperativa donde tienen presencia.         

DESARROLLO COOPERATIVO EN EL MEDIO RURAL

Desarrollar cooperativas en el medio urbano y en el medio rural, tiene algunas características parecidas, si bien tiene también algunas diferencias que conviene conocer y tomar en consideración. Si nos referimos a una cooperativa de ahorro y préstamo, o de consumo, hay muchas comunidades en el medio rural donde esas cooperativas probablemente son la única instancia financiera o de consumo existente. Bancos u otros organismos financieros no se encuentran porque no les conviene (su infraestructura es demasiado pesada para que la inversión se justifique). Redes de consumo conocidas en el medio urbano, tampoco tienen presencia en comunidades rurales, porque el tamaño de la población no lo justifica. Si bien en cada país los distintos sectores del quehacer cooperativo se van desarrollando de acuerdo a características históricas, políticas y culturales específicas, podemos decir en términos generales que el sector de ahorro y préstamo es fuerte en el continente americano. Menos fuerte el de producción y servicios, y menos aún el de consumo. Esto no quiere decir que no haya países, como Argentina, por ejemplo, donde el sector de consumo está desarrollado, o el de salud en Brasil.  

En el entorno rural, a diferencia del urbano, es probable que personas que integran una cooperativa de ahorro y préstamo -o de consumo- se conozcan entre ellos (la población es pequeña). En esas circunstancias, la cooperativa podría facilitar con más naturalidad la posibilidad -y la conveniencia- de crear otras cooperativas, por un lado, así como la posibilidad y la conveniencia de facilitar actividades y promover iniciativas orientadas al desarrollo social comunitario. En muchas de estas comunidades, la presencia e impacto de la cooperativa es grande y puede tener un peso similar al poder político municipal, o el de la iglesia. En conjunto se pueden plantear, organizar y llevar a cabo políticas, que, si fuese posible planificar y coordinar con otras instancias comunitarias importantes, podrían llegar a tener un peso relevante en el quehacer comunitario y que influya en su bienestar. Es ahí donde su impacto es –o puede ser- muy grande. En ese medio, la cooperativa es de hecho, la única organización con una concepción clara de lo que es desarrollo integral y bienestar humano. Puede ser un factor de cambio y transformarse en un foco de desarrollo económico, social y ambiental, local y quizás regional.

Si queremos incrementar el impacto económico y social comunitario local de una cooperativa de ahorro y préstamo, debemos enfatizar antes que nada a la cooperativa, fortalecer su funcionamiento como institución financiera cooperativa, que implica:

  1. todos los requisitos técnico profesionales de una instancia financiera, y
  2. el fortalecimiento de su Identidad Cooperativa, es decir, aclarar con los socios(as), ¿cuál es la diferencia entre una cooperativa y un banco?; ¿qué acciones concretas caracterizan a las cooperativas de ahorro y préstamo?, ¿los(as) socios(as) cooperativos han pasado inducción cooperativa antes de ser socios/as?, ¿son conscientes de que implica ser socio(a)?, ¿la cooperativa cumple otras funciones además de la de administrar el dinero de sus socios?, ¿cuáles?, etc.

Estas son algunos de los puntos que conviene aclarar y definir con los socios/as. Escuchar sus opiniones y tomarlas(os) en cuenta para definir recomendaciones que deberían ser objeto de análisis y decisiones estratégicas en las asambleas de la cooperativa.

Lo mismo puede decirse de una cooperativa de consumo, con las adecuaciones necesarias, cuando pasamos de ahorro y préstamo a consumo (aclarar con los socios por ejemplo las diferencias entre un Walmart y una cooperativa de consumo). 

Esas preguntas son importantes en cualquier medio -urbano o rural- y los socios(as), en ambos casos, deberían tener muy claras las respuestas, y cuál es su posición frente a ellas. De cualquier forma, ellas revisten un carácter más agudo en el medio rural, porque ahí -como ya dijimos previamente- la cooperativa quizá es la única instancia financiera, o de consumo, presente. Su impacto puede ser mucho más decisivo, al no haber otra instancia que presente un mensaje real de cambio, una opción alternativa a la realidad presente. El mensaje cooperativo puede ser más efectivo al llevarse a cabo por integrantes de la propia comunidad. Estas personas saben cuáles son los temas importantes para ellos, que les afecta; sus propuestas responden a necesidades sentidas (no obligatoriamente todas son realizables, algunas responderán quizá a necesidades o situaciones personales o políticas que poco tienen que ver con necesidades o problemas comunitarios reales); el lenguaje que utilizan es real, el de su vida diaria; los ejemplos que pueden presentar son verdaderos; se referirán a casos específicos para fortalecer sus argumentos, de una forma tal que solo alguien de adentro puede saber, lo que los transforma en más vívidos y efectivos. Las personas que trabajen con estos grupos deberán ser muy sensible al lenguaje, a como hablar con ellos, lo que puede ser una excelente oportunidad para elaborar un plan de acción de desarrollo social comunitario (*).

Es muy difícil establecer generalidades para las cooperativas de producción y servicios en comunidades rurales y que sean relevantes para varios países: hay cooperativas grandes y exitosas, junto con cooperativas pequeñas, enfrentando, quizá frecuentemente, situaciones al borde de la supervivencia. En todos los países encontraremos ejemplos relevantes. De cualquier forma, las cooperativas cuya situación lo permita, deberían llevar a cabo actividades orientadas al desarrollo social de la comunidad a la cual pertenecen, y más adelante, en la medida de sus posibilidades, en las comunidades de su entorno (**).

CONCLUSIÓN

Lo que es importante resaltar es que todas las cooperativas, grandes o chicas, en el medio rural o en el urbano, deben tener claro su esencia, es decir, su Identidad Cooperativa, de acuerdo a lo que establecen los Principios y Valores Cooperativos. Todas las cooperativas surgen en un entorno particular, con personas determinadas; cada cual, con su historia personal, familiar y comunitaria. Cada cooperativa en cierto sentido es un mundo aparte, singular, único. La unidad de todo ese mundo tan variado está en su concepción similar: los Principios y los Valores. Esto facilita la clasificación de cooperativas, la creación de categorías, la elaboración de recomendaciones y el diseño de modelos con sugerencias, qué si bien son generales, para implementarlas es necesario no solo su adopción, sino fundamentalmente su adaptación, es decir cómo aplicar en ese caso específico, en esa situación particular, una recomendación general. Lo mismo aplica a los países: cada uno tiene una legislación diferente, la historia de cada uno de ellos es particular, así como sus tradiciones, instituciones políticas y cultura. En estas líneas nos referimos a elementos generales relevantes a cualquier cooperativa, urbana o rural, independientemente del país donde desarrolle su actividad, sea ésta cual sea.

La dirigencia cooperativa (el Concejo de Administración o el de Vigilancia, sus presidentes, los encargados de las Comisiones, o cualquiera de los líderes cooperativos con peso político suficiente) debería ser el factor que impulse la importancia de aplicar los Valores y Principios Cooperativos en la vida diaria de la cooperativa, a través de su aplicación en las políticas, estrategias y decisiones que ésta adopte. 

La esencia de la concepción cooperativa es mantener un equilibrio entre la actividad económica, la social y la ambiental. Ese equilibrio está orientado a mejorar la calidad y el nivel de vida de sus integrantes y de la comunidad. Se podrá conseguir si mejoramos nuestra capacidad económica y su viabilidad futura, pero orientando ésta a mejorar nuestra educación, salud, vivienda, medio ambiente, vivencia democrática, etc. (que en su conjunto implican desarrollo). Este proceso tiene que ser planificado, organizado, dirigido y gestionado simultáneamente desde “arriba hacia abajo y desde abajo hacia arriba” (por eso mencionábamos más arriba la necesidad de un(a) líder cooperativo, alguien con peso político, con autoridad, -puede ser una o más personas-, para iniciar e impulsar el proceso, con la dirigencia y la participación activa de las bases). 

Para llevarlo a cabo, es necesario conocer las necesidades sentidas de los cooperativistas -además de servicios financieros y/o de consumo-, ¿qué otras necesidades existen? Este proceso será muy diferente si se trata de una cooperativa de producción y servicios (número pequeño de personas que seguramente durante el proceso de conformación de la cooperativa ya analizaron ese tema), a diferencia de una cooperativa de ahorro y préstamo o de consumo, donde por su propia naturaleza ese conocimiento mutuo es menor. En una etapa posterior, se llevará a cabo algo parecido con la comunidad: en ambos casos hay diferencia entre las necesidades sentidas y las reales. En ambos casos hay que recordar que una cooperativa no es el gobierno, no debemos despertar falsas expectativas; que expectativas son las que la cooperativa puede enfrentar, o, por otro lado, puede quizá ser el factor que inicie, despierte, que sugiera al gobierno -local, estatal, federal- la conveniencia -o necesidad- de tomar cartas en el asunto. A veces en ausencia de iniciativa gubernamental, la cooperativa es el único factor interesado, y en consecuencia lidera –dentro de sus posibilidades- la implementación de estos proyectos.

Esto implica entender en profundidad el sentido y la intención de los Valores y Principios Cooperativos. No alcanza saberlos recitar de memoria, dar una conferencia sobre ellos o tenerlos en un cuadro colgado en una pared en nuestra oficina, sino cuál es su sentido, cuál es su impacto en nuestra actividad, forma de pensar, en nuestra conducta: cómo llevarlos a la práctica en nuestra vida cotidiana como cooperativistas, a pesar de las limitaciones y con las dificultades que podemos encontrar al tratar de implementarlos.

La cooperativa, de acuerdo a sus posibilidades, puede realizar una identificación de necesidades reales y sentidas con sus socios(as) y posteriormente en la comunidad, y llegar a la conclusión que en uno de los dos casos -o en ambos, no obligatoriamente al mismo tiempo- puede liderar un proyecto de promoción de la juventud, o de fortalecimiento de la infraestructura, o de equidad de género, o cuidado ambiental, de salud, educación, etc., y promover un plan de intervención. Ese plan debe ser expuesto, explicado y promovido de tal forma, que los(as) socios(as) -posteriormente la comunidad- sean los responsables de ponerlo en práctica, si bien la cooperativa tendrá la función de organizar y promover la iniciativa, asesorar, acompañar y orientar su ejecución, con responsabilidades compartidas.

Esta actividad requerirá de una campaña política-formativa-educativa muy bien diseñada, con una estrategia adecuada de implementación y una campaña de difusión muy bien pensada. El objetivo es que tanto los socios(as) como la comunidad se empiecen a familiarizar con la idea que la cooperativa no es solamente una empresa que produce un artículo, provee un servicio, administra dineros o provee necesidades de consumo, con toda la importancia que todas estas actividades tienen. La cooperativa es algo más. Esa es nuestra Identidad Cooperativa, tal como nos orientan     los Principios y Valores Cooperativos. Cada cooperativa deberá orientar su quehacer de acuerdo a sus posibilidades y prioridades, considerando las características especiales de sus socios(as) y de las comunidades. En este último punto, el 7° Principio Cooperativo es particularmente relevante.

El análisis de estos planteamientos requiere considerar muchos aspectos del quehacer interno de la cooperativa, y entre otros, el aspecto formativo-educativo y de capacitación (5° Principio). Estos procesos en las cooperativas son varios y se dan en distintos niveles.

Para todas las cooperativas -sin considerar el giro al que se dediquen- hay un patrón que mide, 1) su éxito financiero, y 2) en comparación con los resultados del año anterior, cuáles son los resultados de este año. Si la administración y las finanzas están correctamente organizadas el resultado es claro. Puede haber discusiones respecto a las causas que los motivaron, pero no respecto al resultado. Las cosas son menos claras, respecto a su conducta como cooperativa. Si bien existe un instrumento, el Balance Social Cooperativo -diseñado expresamente para revisar ese aspecto- no todas las cooperativas lo aplican. Por lo tanto, la conducta cooperativa, sigue estando en un ámbito no del todo definido, lo que se presta a diferentes interpretaciones. En esos casos, cada cooperativa presentará lo que considere necesario de acuerdo a su visión, su situación, sus posibilidades y sus prioridades. Esta podría ser una de las causas que conducen al debilitamiento del movimiento cooperativo, es decir, cooperativas empiezan a perder paulatinamente la noción de equilibrio que tiene que ser la base de su quehacer integral, y comienzan a dar más peso a uno de los elementos que constituyen la tríada, ya sea el social, el económico o el ambiental (y a veces también el personal). Si a eso se le agrega la dificultad que se origina por malas prácticas de distintos tipos, el peligro que acecha es grande, y de ahí la importancia de la educación cooperativa continua, tanto en el aspecto técnico-profesional como en el conceptual.

La Cooperativa Pinos puede ser uno de los elementos que contribuya a fortalecer los vínculos y la comunicación entre las bases y la dirigencia cooperativa, así como entre éstas y su entorno comunitario, en aras de mantener viva y pujante la tradición que caracteriza a nuestro movimiento.     

(*) Podemos proponer un programa de intervención cooperativa de desarrollo comunitario sostenible.

(**) También en este punto podemos contribuir a la elaboración y puesta en práctica de políticas y estrategias de desarrollo social comunitario cooperativo integral, de acuerdo a las características locales en cada comunidad.

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Las Cooperativas ¿Un nuevo Modelo Económico?

INTRODUCCIÓN.

Si bien la cooperación y la solidaridad entre los seres humanos es una característica que permitió nuestra supervivencia -como especie- hasta hoy día, también es cierto que la competencia, la lucha, el ansia de predominio, el ejercicio del poder y tratar de controlar a otros, también nos caracteriza. Somos seres complejos: simultáneamente estamos poseídos por Eros y por Thanatos, las fuerzas del amor y la vida, por un lado, y por el otro, de la muerte y la destrucción (Sigmund Freud).

El medio ambiente dentro del cual nos desarrollamos -el entorno social, económico, político, histórico, cultural y educacional- facilita, incluso promueve, aspectos específicos y concretos de nuestra esencia más oculta, (¿personalidad?), que se traducen en conductas y decisiones orientadas más hacia la cooperación o el enfrentamiento. En estos procesos intervienen asimismo inclinaciones personales, genéticas dicen hoy algunos; formativas -que dependen del marco familiar, cultural y social- dicen otros.

Somos capaces de ofrecer nuestras vidas por diferentes personas en ciertas circunstancias, y en otras, somos también capaces de quitárselas.

Esta dualidad del ser humano nos indica su complejidad, maleabilidad y elasticidad, pero también su capacidad de adaptación o asimilación de nuevas y distintas normas de conducta. Ya sea por motivos ideológicos, conveniencia, comodidad, educación, influencia de la publicidad y la propaganda, etc., pasamos de una forma de comportarnos a otra con relativa rapidez, y estamos convencidos de nuestras nuevas creencias, con la misma intensidad que ayer estábamos de otras. Los cambios pueden incluir a veces variaciones inusitadas: pasar de un extremo a otro respecto de posiciones que hasta cierto momento eran normales y cotidianas. Ejemplos no faltan: lo que sucedió en la Segunda Guerra Mundial o en la guerra que llevó a la disolución de la antigua Yugoslavia y las matanzas denominadas “limpieza étnica”: antiguos vecinos que vivían en paz y convivencia normal, se masacraron unos a otros, poblados fueron arrasados y sus habitantes asesinados por sus vecinos (Ruanda, Sudán, la antigua Yugoslavia y Cambodia son solo algunos ejemplos). Algo parecido está ocurriendo hoy día en distintas latitudes: la tragedia de los refugiados que escapan de las guerras, o de dificultades económicas, en distintos lugares del mundo. No tienen a donde llegar por que nadie los quiere recibir y muchos mueren en el intento de llegar a un país “seguro”. Muchos de los que hoy se oponen a recibir y salvar a otros seres humanos, estuvieron hace poco tiempo -en términos históricos- buscando refugio para salvarse de las persecuciones de las que fueron objeto. En otros casos, fueron sus progenitores -ciudadanos de potencias coloniales- los que causaron que grandes números de población -los colonizados- tuviesen que huir o sufriesen persecuciones e injusticias atroces.

En una síntesis tan apretada de procesos sumamente complicados, las generalizaciones no toman en consideración que también hay mucha gente que no renuncia a sus creencias, están totalmente identificados con ellas, ponen en peligro sus propias vidas y muchas veces se inmolan en nombre de las ideas a las cuales no están dispuestos a renunciar.

Menciono estos temas porque a nivel económico pasa algo parecido. Vivimos nuestra realidad económica cotidiana y pensamos que ese es el modelo “natural”. Las alternativas al mismo, son vistas como un fenómeno secundario, algo marginal, que no es tomado en cuenta porque es prácticamente irrelevante. No recordamos que en épocas pretéritas vivíamos con modelos económicos diferentes, que en ese momento eran el modelo “natural”, aceptado por todos. En el futuro es muy probable que nuestro entorno económico sea muy distinto del actual, y ese será, nuevamente en ese momento, el modelo “natural”.

La característica de los modelos, de todos ellos, independientemente que se trate de un modelo económico, físico, astronómico, social, financiero, químico, etc., es su temporalidad. Ningún modelo es eterno. Todos los modelos vienen a presentar, explicar, solucionar o describir una realidad tal como la vemos en un momento determinado, con los elementos con los que contamos en ese momento. Ese modelo es aceptado mientras su utilización no genera problemas, contradicciones o dificultades de una importancia tal que hagan necesaria su sustitución por otro modelo. Eso no quiere decir que el nuevo modelo es obligatoriamente mejor que el anterior, sino que éste explica, soluciona o describe mejor, algunos de los problemas que se presentan precisamente por la utilización del modelo antiguo y las contradicciones que éste empieza a generar, o considera elementos nuevos, desconocidos anteriormente. Todo modelo tiene implícita en su propia esencia, su final. Su aplicación genera situaciones no previstas en el momento de su gestación, que en definitiva crean la necesidad de un cambio, su sustitución por otro modelo. Es el principio de la entropía que rige nuestro devenir: desde el momento de nuestro nacimiento estamos destinados a desaparecer. La responsabilidad del ser humano es no aferrarse a la utilización de instrumentos pertenecientes a un modelo que empieza –en cierto momento- a ser visto como no adecuado, inefectivo e incluso contraproducente a la situación, problemas o dificultades que se generan años después que comenzó su aplicación, y que en su momento fue efectivo, por lo menos para algunos sectores (los que ostentan el poder de decisión). Nunca sabemos de antemano durante cuánto tiempo ese modelo servirá, o será utilizado. Pero debemos ser conscientes que en algún momento deberemos cambiarlo y sustituirlo por otro, y así sucesivamente…

SÍNTESIS HISTÓRICA ECONÓMICA

Planteo estas cuestiones porque en el desarrollo económico de la humanidad, y con mayor seguridad desde la Edad Media hasta nuestros días, que es cuando hay mayor documentación disponible, vemos también algo similar: el ser humano toma como verdad absoluta, como un hecho consumado, algo que es resultado de una realidad económica, un desarrollo tecnológico, decisiones políticas, concepción ideológica, fe religiosa, convenciones sociales, a las cuales fuimos preparados, educados, formados, adoctrinados, y pensamos entonces que “las cosas son así”. Pero las cosas no siempre fueron así como las conocemos en la época en la cual nos toca vivir: son así desde el momento que se decide que “son así”.

Durante la Edad Media -unos diez siglos aproximadamente, entre el siglo V y el siglo XV, que es cuando comienza el Renacimiento- el modelo económico con el cual se regía la vida económica en occidente era totalmente distinto del que conocemos en la actualidad. No me refiero a los aspectos industriales o tecnológicos que comenzaron con la Revolución Industrial y se prolongan, e incluso se intensificaron, hasta hoy día. Me refiero a la concepción económica que regía el quehacer comercial. Las premisas eran totalmente diferentes; los conceptos eran distintos. El modelo económico que regía los contactos entre las personas estaba basado fundamentalmente en el intercambio, el vínculo directo entre seres humanos, el contacto personal entre los que intervienen en la negociación. El trueque -el intercambio de productos- era ampliamente utilizado. Como esta modalidad comercial tenía también muchas limitantes, se utilizaban “monedas” diferentes (semillas, granos, “recibos” y también monedas). Pero lo interesante a recalcar es que toda la actividad comercial se llevaba a cabo sin el concepto que hoy día es prácticamente entendido como obvio, lógico y natural: el de ganancia. No existía el concepto de ganancia para la gran mayoría, pues estamos hablando de una economía de subsistencia. Las transacciones se llevaban a cabo no para ganar, sino para mantener en funcionamiento el orden de las cosas. El herrero para seguir produciendo sus productos tenía que comparar algunos insumos. Los que vendían esos insumos necesitaban los productos que el herrero producía. Intercambiaban unos productos por otros: lo que unos producían por lo que otros les proporcionaban para que éstos pudiesen seguir produciendo. Así con todos los sectores: los agricultores llevaban los alimentos que producían al mercado para intercambiarlos por los productos que necesitaban para seguir produciendo alimentos que los demás necesitaban -por motivos obvios-, lo que les permitía seguir produciendo los productos que los agricultores necesitaban, y así en un círculo virtuoso.

De esta forma funcionaba el mercado, “dirigido” por las fuerzas productivas, que ofrecían sus productos o servicios, los intercambiaban, y en términos generales, nadie individualmente ganaba. Ganaban todos, es decir la comunidad. Eso generaba estabilidad: fortalecía -o debilitaba, según fuese el caso- los vínculos personales, aumentaba la confianza -o la desconfianza- entre los que participaban en los intercambios, pero como la mayoría de las transacciones se llevaban a cabo a nivel comunitario, el que engañaba una vez, es muy probable que le fuera difícil hacerlo por segunda vez.

Uno de los resultados de las cruzadas, fue que cuando volvieron a sus lugares de origen los que salieron a ellas, introdujeron algunas de las innovaciones que vieron en las tierras de las cuales estaban regresando. Una de ellas fue el bazar. La economía del bazar, que es el intercambio, venta y compra -pero a una escala mayor- así como el contacto personal entre las fuerzas vivas en una comunidad, -o entre varias comunidades- en lugares y fechas determinadas, aseguraba la estabilidad no solamente económica, sino también la social, política e institucional, pero con impacto territorial mayor.

De esa forma se iba afianzando y fortaleciendo la independencia y posicionamiento del sector productivo de la sociedad vis-a-vis la aristocracia, que veía su poder y control sobre sus vasallos limitado por la autonomía relativa con la cual la comunidad desarrollaba su vida y las actividades económicas y sociales. La vida económica de la comunidad se estaba llevando a cabo sin la intervención de la aristocracia, de los señores feudales. Éstos tenían capacidad para dirigir ejércitos en la guerra, más no para dirigir el mercado en tiempos de paz, que se desarrollaba prácticamente sin su intervención. Más aún: éste se desarrollaba sin la dirección de nadie, pero con la participación de todos los que tenían algún producto o servicio que ofrecer, y que por supuesto era necesitado. Eran muchas “caras” -no solo una- las que representaban al mercado, y muchas manos las que lo operaban. Las “guildas”, gremios o cofradías de artesanos que organizaban el quehacer, instrucción, remuneración y normas de conducta de las personas que se dedicaban a un giro o profesión determinada, tenían fuerza y capacidad de decisión. Influían en lo referente al oficio que representaban con relativa independencia, pero no fijaban las normas de operación de las otras cofradías. En total, todas ejercían su influencia manteniendo un cierto equilibrio unas con otras. El mercado era plural, no había monopolios en el sentido actual del término, porque su misma estructura lo impedía.

El trueque permitía la realización de operaciones comerciales sencillas. Para operaciones comerciales más complicadas se necesitaban otros instrumentos. Las monedas de materiales preciosos, oro y plata, por ejemplo, residuos todavía del imperio romano, fueron utilizadas para pagar a los caballeros cruzados, o eran emitidas por centros comerciales importantes como Florencia. Las monedas, a pesar de la degradación a la que fueron sometidos a lo largo del tiempo, -y que generaba inflación, al disminuir continuamente su valor pues disminuían la cantidad del metal que contenían- tenían un valor intrínseco y se guardaban, más que nada por los que ya eran ricos (los señores feudales y los grandes comerciantes, que eran la minoría).

Comerciantes conocidos en la comunidad -y en los cuales se confiaba- emitían a veces “recibos” que podían intercambiarse por los servicios/productos que personas necesitaban, si se complicaba su obtención por medio del trueque. Lo importante a enfatizar es que estos recibos no tenían como objetivo enriquecer a los comerciantes locales, sino posibilitar y agilizar la realización de transacciones comerciales que por medio del trueque sería imposible, engorroso o complicado realizar. El mercado seguía funcionando, pero no para que algunos de sus participantes se hagan más ricos a costa de los demás, sino para que toda la comunidad continúe funcionando con su vida normal.

Existían otras convenciones respecto a cuál era el monto real de los recibos, dependiendo del producto/servicio que se tratase: el valor de los recibos que se entregaban por granos era menor que la cantidad entregada, pues se tomaba en cuenta que se requiere almacenarlos y que durante ese tiempo la calidad se deteriora debido a plagas, humedad, gusanos, etc., y el grano pierde valor. De esta forma se promovía y aumentaba la actividad comercial y todos estaban mejor. El mercado -y los que en él intervenían- se regía por una concepción diferente a la que conocemos actualmente: el objetivo no era la ganancia y el crecimiento, sino mantener, promover y continuar la vida comunitaria.

El incremento de la actividad comercial iba desarrollando soluciones locales, circunstanciales, para facilitar las transacciones, que incluían por ejemplo la mención del valor de un recibo por un producto determinado, como equivalente a una fracción de una moneda de oro.

Esta situación por supuesto no era del agrado de la clase dirigente. Ésta tenía control sobre la vida política de la comunidad -en situaciones de emergencia como una guerra- pero no tenía control sobre su vida económica. Ésta se desarrollaba sin su intervención, en forma independiente. Tampoco les gustaba que se mencionara el valor de una transacción en recibos comunitarios locales, como una fracción determinada de una moneda de oro, que ellos acumulaban y manipulaban. Sobre todas estas transacciones ellos no tenían ningún control.

Si bien durante un tiempo esta actividad se desarrolló en forma independiente, no controlada y promovida “desde abajo”, la aristocracia se sintió amenazada por la robustez de las transacciones y de la vida económica comunitaria independiente.

La solución que encontraron les permitió mantener, e incluso fortalecer, sus privilegios de clase. Se empezó por otorgar el permiso de realizar ciertas actividades a ciertas personas de su elección solamente, a cambio de recibir una parte de las ganancias. El segundo paso fue extraer valor de todas esas pequeñas transacciones que se realizaba en la comunidad sin su control y que empezaban a generar la creación de una incipiente clase media. Eso se podía llevar a cabo frenando y controlando esa actividad.

Todos los monarcas de fines de la Edad Media y principios del Renacimiento, fueron con el tiempo prohibiendo la utilización de todas las monedas, recibos y cualquier otra forma de pago, que no fueran las monedas emitidas por el señor o monarca: se aseguraban el control absoluto de la economía de la región sobre la cual reinaban. De esta forma también se “imponía un impuesto” a la gente simplemente por la devaluación que continuamente llevaban a cabo al disminuir la cantidad de oro o plata en las monedas, quedándose con la diferencia devaluada de ese metal. La realeza encontró la forma de enriquecerse otorgándose la exclusividad de imprimir monedas.

Si un comerciante necesitaba dinero para alguna inversión, tenía que obtenerlo del tesoro del rey. Al devolvérselo lo hacía pagando un interés. Era una apuesta al crecimiento futuro. A diferencia del “dinero” en el mercado comunitario como era conocido previamente, cuyo objeto era mantener la vida y actividad en la comunidad, ahora si la gente quería utilizar dinero, tenía que pagar por ese privilegio. El dinero tenía como función hacer más rica a la gente que ya era rica: el dinero empezó a crear más dinero (¿suena conocido?). Los aristócratas en derredor del rey eran los únicos que poseían la riqueza suficiente para participar y promover esta situación de la cual ellos eran los principales favorecidos. La economía real, la del trabajo, la que producía productos y servicios, tendría ahora que recurrir a la economía de las finanzas, pidiendo préstamos, para mantener sus actividades. No solo eso: los que trabajaban tendrían que concluir su actividad con más dinero del que habían solicitado en préstamo, pues debían pagar los intereses acordados. Pero toda la comunidad estaba en una situación parecida. Todos estaban ahora tratando de sobrevivir ganando más para poder devolver los préstamos y los intereses, porque la opción de no hacerlo era la cárcel (manejada por las autoridades políticas). Mientras la actividad económica comunitaria previa se desarrollaba de acuerdo a la demanda que hubiese de productos y servicios en el mercado, ahora la cantidad de moneda existente dependía del crédito que obtenían sus participantes. Si antes había una economía basada en la cooperación y el intercambio, ahora la economía era de competencia; todos competían contra todos, para devolver los préstamos y sobrevivir. El precio de un producto incluía el interés que el productor debía pagar en el futuro por el préstamo que había solicitado en el pasado para producirlo. Pero como estamos hablando de actividades económicas en un entorno de subsistencia, no en un entorno empresarial de desarrollo en el sentido actual del término, hubo un empobrecimiento general de la población y un deterioro de la salud y vida societaria. Los que se enriquecían eran los “grandes jugadores”, aristócratas, grandes monopolios, y los gobernantes, que tenían a su disposición también los medios legales y los militares para imponer sus ideas. El desarrollo del colonialismo y las grandes compañías comerciales de las potencias occidentales dedicadas a la explotación y esclavización de los terrenos conquistados son el mejor ejemplo.

La United East Indian Company holandesa o la británica East India Company, son excelentes ejemplos. La primera, cuando fue creada por el gobierno holandés en 1602, recibió el monopolio durante 21 años de todo el comercio holandés de las especies. Fue la más grande corporación comercial de la historia con el mayor valor bursátil: a dólares de 2012 su valor sería de US$ 7.4 trillones. Tenía la capacidad de declarar guerra, encarcelar, torturar, mutilar y ejecutar convictos, negociar tratados, imprimir su propia moneda, establecer colonias, etc. La segunda, la East India Company, creada en 1600 por la reina Elizabeth I, llegó a controlar la mitad del comercio mundial, particularmente algodón, seda, índigo añil, sal, salitre, te y opio. No solo eso: la compañía gobernó la India en los primeros años del imperio británico.

Los grandes corporativos mundiales que conocemos actualmente, Walmart, Google, Amazon, Exxon, etc., si bien no tienen las prerrogativas y poderes con los que contaban sus antecesores, operan con ese modelo, con esa concepción: extraer dinero de la actividad económica de todos.  Thomas Piketty lo demostró en su best-seller “Capital in the Twenty First Century”: la tasa de retorno al capital es mayor que la tasa de crecimiento de la economía. El dinero hace más rápidamente dinero que el valor que las compañías crean. Es por eso que grandes emporios industriales como General Electric por ejemplo, vendieron varias áreas de producción industrial y ampliaron sus servicios financieros, pues es más rentable la actividad financiera que la productiva.

MODELOS

Un modelo es una representación gráfica sintetizada, simplificada, de un fenómeno complejo, de una realidad complicada, que se está analizando. Incluye algunos de los elementos -se supone que los más relevantes- que intervienen en ese fenómeno y la forma en que interactúan para producir el fenómeno en cuestión. Economía es una ciencia social, y maneja simultáneamente muchos modelos, no solamente uno. En las ciencias “duras”, como matemáticas, física, química, etc., hay algunos modelos “fundamentales” que tienden a explicar una gran cantidad de fenómenos que ocurren en sus ámbitos, con la característica que permiten la predicción con gran exactitud. También en esos modelos hay cambios y adecuaciones, pero sus postulados son en términos generales aceptados por toda -o la gran mayoría- de la comunidad científica, hasta que se produce alguna revolución científica, como por ejemplo la teoría de la relatividad y la teoría cuántica en el siglo pasado, que obligó a una revisión y adecuación de los modelos aceptados hasta ese momento.

Los modelos económicos son mucho más reducidos en su concepción; su validez es más restringida: tienden a explicar un fenómeno particular, o a sugerir un camino de acción siempre y cuando se den ciertas circunstancias (su capacidad de predicción es mucho más limitada). Esas circunstancias (condicionantes) son muchas. Tantas que las recomendaciones que los economistas hacen, en general empiezan con: si se dan tales circunstancias, o, en el caso que….. (Se cuenta que el presidente americano Truman perdía la paciencia cuando sus asesores económicos le planteaban alternativas que siempre empezaban con esas limitantes).

Esta situación adquirió una dimensión distinta cuando en los últimos decenios del siglo pasado varios economistas “se olvidaron” de la relatividad de sus modelos y “empezaron a tomarlos en serio”, es decir, en vez de pensar que hay muchos modelos, de acuerdo a las circunstancias y con muchas limitaciones, pensaron que encontraron el modelo. Economistas como Friedman, Fama, entre otros, empezaron a pensar que tenían soluciones para el manejo de la economía en general,  de los países desarrollados y en desarrollo. Instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional también pensaban de esa forma. Se empezaron a elaborar “recetas económicas” y comenzaron con su aplicación. En América Latina encontraron un terreno propicio para aplicar sus ideas, más aún, cuando su implementación se realizaba por gobiernos dictatoriales, autoritarios, convencidos de los beneficios que traería la aplicación del modelo neoliberal.

Esta tendencia se vio fortalecida en 1989, cuando se llevó a cabo en Washington una conferencia cuyo resultado fue la aprobación de un documento preparado por un economista, John Williamson, que recomendaba una serie de amplias reformas para transformar a países en vías de desarrollo en ejemplos de aplicación de políticas económicas de libre mercado (léase aplicación a ultranza del modelo neoliberal), como solución para generar desarrollo económico. En esos años la Unión Soviética colapsó, lo que generó un momento político internacional propicio. La concepción básica era la suposición que la intervención gubernamental detenía el crecimiento económico y había generado además la crisis de deuda externa de los años ’80. La intención de esos programas estaba encaminada a liberar las economías nacionales de las restricciones impuestas por las regulaciones existentes en países. El remedio propuesto se puede sintetizar en tres palabras: estabilizar, privatizar y liberalizar. John Williamson se quejaría posteriormente, que sus recomendaciones describían en síntesis modestas reformas, y que no representaban el “fundamentalismo de mercado”, término genérico aplicado posteriormente para definir la concepción que las fuerzas libres de los mercados son la solución -y el antídoto- para los problemas que generan la intervención de las políticas públicas, sociales y económicas gubernamentales.

CONCEPCIÓN Y MODELO COOPERATIVO

Si me detuve con algún detalle para presentar lo que pasó en dos momentos históricos muy distintos, la Edad Media y los últimos cuarenta años –aproximadamente- del siglo XX, fue para mostrar la relatividad de los modelos. En definitiva, los seres humanos deciden cuándo, cómo y porque aplicar determinada concepción económica y su correspondiente modelo.

Después de la crisis financiera del 2008, que comenzó en Estados Unidos y se extendió rápidamente a todo el mundo, son pocos actualmente los economistas que piensan que el mercado tiene la capacidad de autocorregir las distorsiones que se generan por su propia actividad. Es necesaria la intervención gubernamental, y precisamente la mejor demostración de esta necesidad, fue –y sigue siendo- la intervención de los bancos centrales de Estados Unidos, la Unión Europea y de muchos países más en los mercados, por mencionar algunos casos solamente, para estabilizar la situación y evitar un descalabro económico mayúsculo mundial. Lo mismo se puede decir sobre la intervención masiva de los estados para medirse con la crisis mundial originada por la pandemia del Corona virus y que obligó en muchos países a revisar y adecuar los esquemas de salud pública aplicados. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, también abandonaron la concepción de trabajar con recetas prefabricadas para todos los países, sin tomar en consideración sus características específicas. Lo mismo puede decirse sobre la OMS (organización Mundial de la Salud). Los modelos de intervención con los que se trabajan actualmente y las recomendaciones elaboradas están diseñados para tal o cual país, región, etc. No son universales.

¿Qué papel juegan las cooperativas en todo este entorno?

Las cooperativas siempre fueron desde que se consolidó la primera formalmente reconocida como tal, la de los Pioneros de Rochdale en 1844, algo distinto del entorno. Pero a diferencia de un partido político que propone una solución masiva para solucionar la situación nacional, o local, y que afecta por supuesto a un gran número de personas, una cooperativa surge como una solución para resolver la situación de un pequeño grupo de personas (los que deciden integrar la cooperativa). En forma muy esquemática podemos decir que el líder político propone soluciones que un gran número de personas acepta. Las cooperativas surgen exactamente al revés: es una solución que surge de un pequeño número de personas para solucionar sus dificultades. Nuevamente, en forma muy esquemática podemos decir en el primer caso, que la solución surge de arriba y de afuera; en el segundo caso de abajo y de adentro.

Otro elemento a considerar es que las cooperativas siempre fueron, y siguen siendo, un modelo económico y social particular alternativo que coexiste con el modelo general -diferente- que se aplica en el resto de la sociedad. No cuenta con una plataforma política con la cual sale a convencer al resto de la población -una de las características de un partido político-, pero si cuenta con los Principios y Valores Cooperativos que constituyen la Identidad Cooperativa, con los cuales pretende mantenerse en el rumbo adecuado, es decir que su actividad se siga desarrollando de acuerdo a esos Principios y Valores, fortaleciéndolos. De paso sea dicho esos mismos Principios y Valores fueron elaborados por los Pioneros de Rochdale, y en 1995 fueron adecuados con algunas modificaciones, y son los nos caracterizan actualmente.

Conviene recordar que lo que comenzó con el grupo de 28 Pioneros de Rochdale en 1844 es actualmente un movimiento de mil doscientas cincuenta millones de personas con tres millones de cooperativas en todo el mundo. Prácticamente no hay actividad humana que en algún país del mundo una cooperativa no se dedique a ella. Una de las características más interesantes es que precisamente por ser un movimiento que surge de abajo y de adentro, y que es un producto de su entorno cultural, histórico, político y social, se va adaptando, por la propia iniciativa de sus integrantes, a los cambios sociales, económicos y políticos, y a desarrollos tecnológicos que cada vez con más frecuencia nos están impactando y moldeando. De ahí que sea necesario aumentar continuamente nuestra capacidad de análisis para entender los cambios que se están dando en nuestro derredor, fortaleciendo a la vez nuestra capacidad de innovación para crear nuevas formas de organización y estructuras cooperativas efectivas, utilizando los instrumentos tecnológicos que actualmente están a nuestra disposición sin olvidar nuestra esencia, nuestra Identidad Cooperativa.

Por eso es tan importante mantener activa en todas las cooperativas las actividades de capacitación cooperativa continua, no solo en el ámbito de la capacitación técnica profesional en el terreno específico de la actividad de la cooperativa, sino en el de formación y capacitación cooperativa. Los socios y socias, independientemente de sus funciones, cargos y años como miembros, deben recordar continuamente que antes que nada son socios y socias cooperativos y deben pensar y comportarse como tales. Sus decisiones deben estar guiadas precisamente por esos Valores y Principios que más de una vez nos olvidamos de ellos, o los dejamos de lado.

Esto se hace más difícil aún, cuando consideramos que somos en definitiva un modelo distinto, alterno, de organización social y económico, que coexiste, como minoría, dentro de un modelo mayoritario, que agrupa a la gran mayoría de la sociedad, que actualmente es el modelo neoliberal. Este modelo, como todos los demás que le han precedido, no es solamente económico y social. Es también cultural, político, educativo y formativo, lo cual tiene una enorme influencia en nuestra forma de pensar y en nuestro comportamiento. Es muy difícil estar formados y educados en un modelo neoliberal y comportarnos como cooperativistas. Como ya decíamos al principio de este artículo, vemos como natural y obvia la forma de pensar y de comportarnos de acuerdo al modelo en el cual estamos inmersos. Cambiar esos esquemas no es fácil. Demanda de un gran esfuerzo que no siempre estamos dispuestos de llevar a cabo. No siempre estamos de acuerdo en invertir la energía necesaria, para obtener algo distinto a los cánones aceptados de éxito económico y social. Las presiones se ejercen de un modo muy sutil, pero muy efectivo, que conducen en muchos casos a que cooperativas empiecen a funcionar con apariencia de cooperativas, con el nombre de cooperativas, pero que en realidad la forma en que se toman las decisiones, su vida interna, se aleja cada vez más de la esencia cooperativa y se asemeja más a otras formas de organización empresarial. Podrán contar con estructuras y organigramas de una cooperativa, pero es solamente la superficie: en su esencia dejaron de serlo, ya no lo son, pues se comportan de otra forma.

Es un reto difícil, pero debemos ser conscientes de nuestra realidad: cuáles son los desafíos a los cuales nos enfrentamos y con que instrumentos contamos para medirnos con ellos. Debemos ser conscientes de nuestras debilidades y fortalezas, de nuestras amenazas y de nuestras oportunidades. Pero este proceso debe ser un proceso que se lleve a cabo en conjunto, con todos las y los involucrados. Es  verdad que las contribuciones no serán uniformes: algunos contribuirán más en algunos aspectos y otros contribuirán más en otros; en ciertos momentos algunos serán muy activos y otros menos; la innovación se notará más en algunas personas que en otras, pero algunos serán también más realistas que otros, más pragmáticos que otros; algunos serán más capaces de traducir en pasos concretos y llevar a la práctica, buenos deseos, ambiciones, sueños que otros tengan, pero que si los dejamos a ese nivel, quedarán en el terreno de las buenas intenciones solamente, que nunca se transformarán en realidades tangibles, capaces de operar e influir en el nivel y calidad de vida  de los integrantes cooperativos.

CONCLUSIÓN 

Para responder a la pregunta que le da título a este artículo: LAS COOPERATIVAS: ¿UN NUEVO MODELO ECONÓMICO?, diría que no es nuevo, porque a lo largo de toda la historia humana, siempre ha habido formas de quehacer económico basado en la solidaridad, el apoyo mutuo, la asistencia, el trabajo grupal, con estructuras y esquemas organizativos (muchas veces informales) basados en la toma de decisiones grupal, donde los intereses colectivos y comunitarios pueden tener mucho peso y a veces incluso son los que priman. La cooperación ha existido siempre.

Pero desde la Revolución Industrial -finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX- el modelo cooperativo siempre fue una alternativa -minoritaria- al modelo industrial capitalista que se estaba fortaleciendo a pasos agigantados. Desde un primer momento este modelo alternativo comenzó a ser adoptado y adaptado en muchos países por distintos grupos en distintos momentos. Por otro lado, con el desarrollo de los medios de comunicación masivos después de la Primer Guerra Mundial -principalmente radio y prensa escrita-, su fortalecimiento e impacto después de la Segunda Guerra Mundial, la mejora en los niveles de educación, que permitió que cada vez una mayor proporción de la población pudiese leer la prensa escrita, hasta que el desarrollo tecnológico con la televisión y posteriormente el internet y las redes sociales, permitió que el mundo esté interconectado en forma prácticamente instantánea, permitió y facilitó la masificación de concepciones políticas e ideológicas opuestas a la concepción cooperativa, basadas en el fomento del individualismo, el consumo, la satisfacción inmediata de necesidades, el retiro de los gobiernos de funciones y responsabilidades públicas para dejarlas en manos de las fuerzas de mercado exclusivamente (Margaret Thatcher, ex Primer Ministra Británica, decía que no hay sociedad, que solo hay individuos).

Actualmente el modelo neoliberal, si bien se aplica en la mayoría absoluta de los países -solo en dos países (Cuba y Corea del Norte) no se aplica- está cada vez más discutido y puesto en tela de juicio. Lo que no existe es consenso respecto a que modelo pudiera servir de alternativa. El modelo cooperativo -que fue y sigue siendo el modelo utilizado por una minoría- está basado en un proceso de gestación distinto a los modelos económicos y sociales que hemos conocido en los últimos dos siglos y medio aproximadamente (desde la Revolución Industrial). Éstos fueron gestados por élites político-económicas, apoyados por élites académicas (desde arriba y de afuera como decíamos más arriba). El modelo de gestación cooperativo es distinto: son los mismos grupos que desean conformarse como cooperativa los que diseñan su modelo organizativo y su estructura (desde abajo y de adentro, basados en los Principios y Valores Cooperativos). Los puntos de partida son diferentes: el primero aprovecha los sentimientos e impulsos de competencia, de éxito personal, ambición de poder, obtención de grandes recompensas -no solo financieras-, de reconocimiento para sobresalir, aprovechando la inteligencia, la curiosidad y la capacidad de innovación que tenemos todos los seres humanos, pero algunos pocos en particular en forma notoria. Esos pocos casos sirven como ejemplo para generar el prototipo del éxito personal para toda la sociedad, generando una cultura de la inmediatez, del esfuerzo y su recompensa individual rápida, del consumo exagerado como demostración del éxito individual por sobre todo lo demás. El segundo propone una solución grupal a las situaciones que enfrentan personas comunes, bajo la premisa que juntos lo harán mejor que si lo hicieran individualmente. El objetivo es que el grupo viva mejor, tenga un nivel y calidad de vida mejor. El primero busca el enriquecimiento de los grupos dominantes; el segundo busca mejorar las condiciones laborales, la salud, la educación, la cultura, las condiciones de vida (vivienda, infraestructura, etc.) de los cooperativistas. El primero busca el desarrollo tecnológico continuo y lo mide a través del PIB; el segundo busca escalar la fortaleza inicial de la cooperativa mejorando y fortaleciendo su capacidad empresarial mejorando procesos, incluyendo nuevas tecnologías, impulsando la colaboración horizontal y vertical para fortalecer el movimiento y agrandar el entorno sobre el cual puede hacer sentir su impacto social, económico y ambiental. También buscará alianzas estratégicas con otras organizaciones, sin olvidar su Identidad Cooperativa. El primero utiliza, favorece y fomenta la enorme creatividad del ser humano para generar, lo que vemos actualmente como un avance científico sin parangón en la historia humana, pero que a su vez  genera enormes riquezas para grupos cada vez más reducidos de personas; el segundo trata de utilizar estos increíbles adelantos tecnológicos para fortalecer y mejorar su esquema fundamental, crear nuevas formas de asociación, nuevos organigramas estructurales, movilizando a más sectores utilizando las nuevas tecnologías (cooperativas de plataforma por ejemplo) para mejorar el nivel y calidad de vida de los cooperativistas y su entorno, en la medida de lo posible.

Todo esto da prueba de la enorme capacidad de resiliencia del movimiento cooperativo. Para subsistir y prosperar en un entorno que muchas veces es adverso en lo político, económico, social y cultural, debemos recurrir continuamente, y aprovechar al máximo, la capacidad de innovación e inventiva de los cooperativistas. En un entorno cambiante, con una velocidad que se incrementa continuamente, y sumamente competitivo, el movimiento cooperativo está muchas veces enfrentando condiciones adversas. Las leyes a menudo fueron redactadas bajo la influencia de concepciones que responden a los intereses políticos y económicos de grupos dominantes. El desafío es grande: seguir siendo el modelo empresarial alternativo de quehacer económico, social y ambiental que le permita no solamente sobrevivir, sino continuar fortaleciéndose. Esto se podrá conseguir si somos conscientes que el foco de nuestro modelo económico y social se basa en recordar que nuestro activo más importante es el ser humano, y no el dinero.


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